En líneas generales, las corrientes de la oposición venezolana dentro de Venezuela han observado con entusiasmo el operativo militar de Estados Unidos contra el país que terminó con la captura del presidente, Nicolás Maduro. Pero ha habido también cautela. Los reparos que Donald Trump puso acerca del papel que jugaría María Corina Machado en un proceso transición a la democracia acrecientan en el campo democrático la sensación de no estar conduciendo del todo el proceso político en desarrollo.
Machado emitió un comunicado al conocerse el arresto de Maduro en el cual procura asumir su responsabilidad de los hechos y ofrece su respaldo al ataque militar de este viernes. El tono de la dirigente, que lleva meses trabajando la voluntad del alto gobierno de Estados Unidos, es de profecía cumplida. En el texto, titulado Llegó la hora de la libertad, la dirigente venezolana, premio Nobel de la Paz, afirma: “Maduro enfrenta hoy a la justicia internacional por los crímenes atroces contra los venezolanos y los ciudadanos de muchas otras naciones. Ante su negativa a aceptar una salida negociada, el gobierno de Estados Unidos ha cumplido su promesa de hacer valer la ley (…) Es hora de los ciudadanos. Los que arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio de 2024. Los que elegimos presidente a Edmundo González Urrutia como legítimo presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Al conocer la noticia del arresto de Maduro, González Urrutia afirmó en su cuenta de X: “Venezolanos, son horas decisivas, sepan que estamos listos para la gran operación de reconstrucción de nuestra nación”.
Venezolanos, son horas decisivas, sepan que estamos listos para la gran operación de la reconstrucción de nuestra nación. https://t.co/6NtXOsZAQf
— Edmundo González (@EdmundoGU) January 3, 2026
Los contados políticos que siguen en el país quedaron envueltos en la atmósfera de interrogantes que alimentó el ambiente en las calles luego del ataque militar. Algunos de ellos, los más cercanos a los intereses del Gobierno, condenaron con todas sus letras el ataque estadounidense. Los que han pasado a la clandestinidad, mantuvieron su silencio. Los del exilio —como Leopoldo López— han expresado su júbilo y han compartido la noticia como un logro.
La conducta impredecible de Trump, y sus aproximaciones unilaterales y poco ortodoxas al contenido de la crisis venezolana, acrecientan una sensación de irritación en diversas direcciones.
Trump —quien, curiosamente, rara vez, o nunca, nombra directamente a Machado en sus reflexiones sobre Venezuela— había afirmado en la rueda de prensa ofrecida poco después de la captura de Maduro que las fuerzas militares de Estados Unidos tendrían que asegurar una transición a la democracia y restaurar la producción petrolera “para beneficio de los venezolanos”. Pero cuando se le preguntó por el papel de María Corina Machado afirmó que “sería difícil para ella ser líder; no tiene el apoyo de todos los sectores”.
Trump había hecho unas declaraciones similares poco antes, en una conversación ofrecida a la cadena conservadora estadounidense Fox News. Consultado sobre si, una vez depuesto el régimen chavista, sería Machado la encargada de timonear la transición a la democracia en su país, la respuesta del mandatario estadounidense fue: “Bueno, vamos a tener que analizarlo ahora mismo”.
El 5 de enero próximo se supone que asume funciones la nueva Asamblea Nacional, el parlamento venezolano, electo sin la participación de los partidos más importantes de la oposición y en medio de una enorme abstención. Una pequeña bancada de partidos opositores, unos 14 diputados en total —el más conocido de todos, Henrique Capriles—, deberá asumir la responsabilidad de verse las caras con el chavismo en un escenario intrincado y restrictivo, condicionado por la agresión militar estadounidense.
En este momento, en lo tocante la crisis con los Estados Unidos, en no hay margen en Venezuela para análisis alternativos u opuestos al del Gobierno, en los cuales se reflexione sobre los criterios de soberanía y respeto a la voluntad popular o se responsabilice abiertamente al chavismo de lo que sucede. Tampoco se pueden hacer convocatorias para capitalizar en provecho propio las circunstancias.
Cualquier reflexión que pretenda matizar las sanciones internacionales al país, o que justifique el actual estado de cosas en Venezuela, puede ser penada inmediatamente con la cárcel.