Hasta Eddy Merckx se rinde al poder presente de Pogačar

Le ha costado, no sé el motivo, pero lo ha hecho: Que Eddy Merckx decida señalar a un ciclista como superior a él mismo es un movimiento que merece lectura entre líneas.

En sus declaraciones a Il Giornale, el belga no solo elogia a Tadej Pogačar, sino que establece una jerarquía que deja tocados a varios nombres propios del pelotón actual y pasado.

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Para Merckx, el esloveno ya no es solo el mejor de su generación, sino un corredor que trasciende las comparaciones históricas, situándolo por encima de lo que supusieron figuras de otros tiempos.

El análisis de Merckx es quirúrgico al diferenciar el talento puro de la preparación.

Al hablar de Lance Armstrong, lo define como un corredor de fuerza y voluntad, pero carente del don natural que ve en Pogačar.

Más interesante es su lectura sobre Remco Evenepoel.

Merckx frena el entusiasmo belga al recordar que, aunque Remco es un corredor excepcional, todavía le falta la consistencia y la polivalencia que Pogačar demuestra desde el primer hasta el último día del calendario.

Es un aviso a navegantes: para Merckx, la grandeza no se mide en exhibiciones puntuales, sino en la capacidad de someter cualquier carrera que se dispute.

Al situar a Pogačar como el mejor escalador de la historia, incluso por encima de Marco Pantani, Merckx rompe con el romanticismo habitual del ciclismo.

Es una afirmación que ignora la mística del “Pirata” para centrarse en la eficacia absoluta.

Lo que Merckx valora en el esloveno es esa naturaleza competitiva que no entiende de cálculos ni de picos de forma selectivos; es la voracidad llevada a la práctica sin el componente dramático o autodestructivo de otros genios del pasado.

Desde la perspectiva de alguien que ha visto pasar quince años de ciclismo desde esta web, lo de Merckx suena a relevo oficial.

Al admitir que Pogačar es “más fuerte” que él, el Caníbal cierra el debate sobre quién debe heredar el trono del ciclismo total.

Pogačar ya no compite solo contra sus contemporáneos, compite contra una leyenda que, por fin, ha encontrado a alguien a quien no puede mirar por encima del hombro.

El esloveno es, a ojos del más grande, la culminación de un ciclismo que ya no necesita mirar atrás para encontrar referentes.