Durante décadas, perder un diente implicó una lista de opciones poco atractivas: puentes, dentaduras, implantes costosos… y ninguna de ellas devolvía un diente natural. Pero a finales de 2025, esa realidad empieza a resquebrajarse. En Japón se ha dado un paso que hasta hace poco pertenecía al terreno de la ciencia ficción: han comenzado los primeros ensayos clínicos en humanos de un medicamento diseñado para regenerar dientes perdidos. Un avance que abre una puerta de esperanza para millones de personas en todo el mundo.
Las pruebas se están llevando a cabo en varios centros médicos del país, donde un equipo de investigadores ha seleccionado a treinta adultos de entre 30 y 64 años que han perdido al menos un molar. Durante casi un año, estos voluntarios recibirán un fármaco experimental por vía intravenosa. El objetivo es claro y ambicioso: comprobar si el tratamiento es capaz de activar en el organismo humano los mecanismos necesarios para hacer crecer nuevos dientes, tal y como ya ocurrió en fases previas de investigación con animales.
El corazón de este descubrimiento está en una proteína conocida como USAG-1, cuya función natural es inhibir el desarrollo dental. Al bloquear su actividad, los investigadores observaron que en determinadas especies se desencadenaba el crecimiento de nuevas piezas dentales completas, con raíz y estructura similares a las naturales. Este hallazgo sugiere que el cuerpo humano podría conservar una capacidad latente para generar una tercera dentición, una posibilidad que durante años se creyó inexistente.
Este primer ensayo en humanos tiene un enfoque prudente. Más allá de comprobar si realmente crecen nuevos dientes, los científicos analizan con detalle la seguridad del tratamiento, vigilando posibles efectos secundarios y evaluando cómo responde el organismo a la inhibición de esta proteína. Se trata de un paso imprescindible antes de plantear un uso clínico más amplio.
Si los resultados confirman lo esperado, el impacto sería enorme. No solo supondría una alternativa real a los implantes o prótesis, sino un cambio de paradigma en la odontología: pasar de sustituir dientes artificialmente a regenerarlos de forma biológica. Una diferencia clave que podría reducir costes, intervenciones invasivas y complicaciones a largo plazo.
El proyecto no se limita a los adultos. En una segunda fase, los investigadores prevén iniciar ensayos con niños que padecen anodoncia, una condición congénita que impide el desarrollo normal de los dientes. En estos casos, la ausencia dental afecta desde edades tempranas a funciones esenciales como la masticación, el habla o el crecimiento adecuado de la mandíbula. La posibilidad de estimular el crecimiento natural de dientes supondría un antes y un después para estos pacientes.
Aunque el camino aún es largo, el horizonte ya tiene fecha. Si las distintas fases clínicas se completan con éxito, este tratamiento podría llegar al sistema sanitario en torno al año 2030. Sería la primera vez que la medicina ofrece una solución real para recuperar dientes perdidos mediante regeneración, y no mediante sustitución artificial.
Más allá del avance científico, este ensayo representa algo más profundo: la posibilidad de que la pérdida de dientes deje de ser definitiva. Un futuro en el que el cuerpo humano pueda recuperar por sí mismo lo que el tiempo, la enfermedad o un accidente le arrebató. Y con ello, devolver no solo una sonrisa, sino calidad de vida, autoestima y salud a millones de personas.