Allá en la meca del cine, en Los Ángeles, en pleno paseo de Hollywood y muy cerca de los famosos Grauman’s Chinese Theatre y del Dolby Theatre, que acoge los Premios Oscar cada año, hay una estrella en el Paseo de la Fama cuyo nombre, probablemente, no les suene. Está dedicada a un tal Mark Stevens, actor que hoy en día y al público no le dice mucho, pero que fue un auténtico galán del cine y de la televisión norteamericana. Stevens fue uno de esos rostros que llenaban la pantalla, de mirada penetrante y una sonrisa en la que mecerse que acabó sus días, curiosamente, en Mallorca, isla de la que el galán que enamoraba a todos se prendó cuando acudió a ella a rodar la que probablemente fue la primera película 3-D grabada en nuestra tierra, Septiembre tormentoso.

No obstante, más de 40 años antes de aterrizar en las mediterráneas aguas isleñas, Stevens nació en Ohio, Estados Unidos, y en la década de los 40 consiguió un contrato con Warner Brothers de 100 dólares semanales que le obligaba a teñirse el pelo y taparse las pecas. Bajo el nombre de Stephen Richards en estos primeros años, repitió mucho en el papel de soldado, pero no logró hacer despegar su carrera hasta que dio un cambio y se pasó a 20th Century Fox que le rebautizó como Mark Stevens por sugerencia de Darryl F. Zanuck, uno de los productores de éxito de la época, y así empezó a encadenar papeles más y más importantes.


Stevens junto a Joanne Dru en el rodaje en Mallorca de ‘Septiembre Tormentoso’.

Fue en esta época en la que trabajó con artistas o Deborah Kerr o William Powell y también fue asiduo en series de televisión, asumiendo el rol principal en Martin Kane, Private Eye, donde hacía de detective privado en la ciudad de Nueva York.

En la década de los años 50, descontento con los papeles que le ofrecían, fue pionero como actor que daba el salto a la dirección, para liderar proyectos propios como Cry Vengeance, Fiebre de matar o Time Table. Justo a finales de los 50 fue cuando Stevens llegó a la Isla. Lo hizo al frente de un equipo de rodaje junto a Joanne Dru, actriz recurrente en filmes de Howard Hawks y John Ford, para llevar a cabo una de las pocas cintas en 3-D de esa década, Septiembre Tormentoso.

En el filme se pueden ver escenas costeras rodadas en lugares como Cala d’Or, entre otros lugares, y la película se estrenaría el año siguiente, en 1960, con una cartelería que no solo anunciaba por todo lo alto la tecnología utilizada, la cual lograba un efecto 3-D, sino también las calas de Mallorca que se podrían ver en la gran pantalla en esta historia en la que una modelo era estafada en una búsqueda de un tesoro en aguas mallorquinas. Con escenas subacuáticas, acción, una trama tradicional de películas del tipo, e incluso un tiburón, el filme es un clásico del cine de aventuras de esta época.


Fotograma de la película rodada en la Isla.

Fue a raíz de este trabajo que Stevens decidió trasladarse en estado de semirretiro a Mallorca. Aquí vivió nada menos que casi 30 años, regresando de vez en cuando a la gran pantalla para trabajos esporádicos como participaciones en las series Se ha escrito un crimen o Magnum P. I..

Al vivir en España, también estuvo involucrado en algunos proyectos nacionales, como La Furia del Hombro Lobo, de 1970, de José María Zabalza y donde compartió pantalla con Paul Naschy, clásico del cine de terror español. Otro importante título en el que Stevens fue protagonista fue España otra vez, de Jaime Camino, en la que Stevens hace del Doctor David Foster, quien llega a Barcelona para un congreso internacional de medicina y aprovecha para recordar su etapa en España durante la Guerra Civil, en la que participó como brigadista. El filme participó en el Festival de Cannes de 1969. En este título, Stevens compartió reparto con Manuela Vargas y Luis Ciges, entre otros.


Un instante de ‘España otra vez’, de Jaime Camino, en la que Stevens (derecha) hizo de protagonista.

El actor vivió sus últimos años de forma más plácida y tranquila, alejado de la actuación casi ya de forma definitiva desde los años 80, y falleció en su casa de Maioris en 1994, a la edad de 77 años. Sus restos fueron repatriados a Estados Unidos, y allí se le recuerda con una tímida Estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, donde ahora reposa.