La Oreja de Van Gogh ha escogido la Nochevieja para presentar en primicia su primer single tras el regreso de Amaia Montero a la formación, después de 18 años. En la actuación de La Oreja de Van Gogh en La Casa de la Música, el protagonismo de Montero ha sido absoluto: la cantante ha aparecido vestida de luminoso blanco, pareciendo una reina de las nieves o Björk, mientras el resto de los integrantes, estilizados de negro, han quedado casi invisibles tras ella, o sin el casi.
Lógicamente, se ha querido subrayar la importancia de este acontecimiento. Y la canción que marca la vuelta de Montero a La Oreja no es nada desdeñable. ‘Todos estamos bailando la misma canción’ es la Canción del Día en este primer día de 2026.
«Yo creo en Dios» es la frase que inicia el estribillo de ‘Todos estamos bailando la misma canción’ y que, para bien o para mal, refleja el sentir de los tiempos. «A mi manera», añade la letra, subrayando la afirmación de una espiritualidad personal que sirva de refugio contra la incertidumbre y el imperio del «algoritmo». La Oreja metaforiza sobre la vida misma mirando a las estrellas, apelando al cosmos y a la propia mortalidad: «hoy estamos aquí y mañana no», «somos algo sobrenatural», «estar vivos es un misterio de ciencia ficción», canta Amaia, como si no hubieran pasado casi dos siglos de ‘El origen de las especies’.
‘Todos estamos bailando la misma canción’ es igualmente nostálgica, y su título casi, casi se podría interpretar como un comentario de la cancelación del futuro que teorizó Mark Fisher, esa idea de que la música del presente vive atrapada en un pasado que vuelve y una otra vez, sin fin. O puede que, parafraseando a Demi Lovato, nada de esto sea tan profundo.
En cualquier caso, la «misma canción» que propone La Oreja de Van Gogh es un regreso a los ochenta, una década instalada de forma permanente en el vocabulario musical del presente y que nunca termina de irse. ‘Todos estamos bailando la misma canción’ echa mano de otra melodía clásica de La Oreja, particularmente melancólica, y su sonido remite a las producciones de la radiofórmula de la época que fusionaban teclados y guitarras acústicas, mezclando lo orgánico con lo sintético.
En ‘Todos estamos bailando la misma canción’ se hace notar, además, un acorde solemne de piano que la acerca, casi, a los territorios de la torch song y, sobre todo, a los de la música religiosa, redondeando el concepto de la canción. Al final, no sabes si esta canción que todos estamos bailando remite a Tears for Fears, a A-ha o a otra cosa, pero da igual: lo importante es que suene familiar, como si la canción siempre hubiera estado ahí. La Oreja lo vuelve a conseguir.
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