- El Arzobispo presentó, acompañado por miembros de la Comisión del Año Santo y del Cabildo, en la mañana de hoy domingo, el conjunto escultórico: EPIFANÍA. Se ubica cerca del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago, obra del escultor Óscar Aldonza.
- “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2, 10)
Apenas unos días antes de la celebración de la solemnidad de la Epifanía, en la catedral se ha instalado un conjunto escultórico que recupera en la basílica una iconografía que estuvo presente de modo destacado una vez se concluye el gran proyecto mateano: en el trascoro, y en continuidad con el discurso del Pórtico de la Gloria, una representación de la adoración de los Sabios de oriente al Niño Dios centraba el espíritu de los fieles y peregrinos en un misterio que había comenzado en Belén, que culminó en Jerusalén, pero que estaba destinado a ser manifestado (epifanía) a toda la humanidad.
En Santiago de Compostela esa manifestación también resplandecía como estrella, pero se encarna en el testimonio del primer apóstol mártir: Santiago el Zebedeo. Ningún apóstol se anuncia a sí mismo, proclama, manifiesta y señala al Salvador.
Esta pieza realizada en bronce y cerámica, elaborada por el escultor compostelano Óscar Aldonza, se convierte en el hito que anuncia y señala el inicio de la preparación para la mejor celebración y vivencia del Año Jubilar 2027.
Como los peregrinos que desde oriente se pusieron en camino tras escrutar el firmamento y, con mirada iluminada, supieron reconocer en un Niño al Señor y Mesías; también nosotros deseamos prepararnos para, llenos de alegría y gozo, descubrir en la memoria del Apóstol a aquel a quien Santiago anuncia: Jesús, el Verbo que se hizo carne para compartir la realidad humana y que la humanidad pudiera participar de la plenitud divina.
Peregrinos a Santiago: urge prepararnos, purificando nuestras miradas de modo que distingamos la Luz de los fogonazos que deslumbran y desasosiegan; agudizando el oído, pero no para que nos aturda el ruido que nos envuelve; escrutando el universo de nuestro interior y la inmensidad del mundo en que vivimos, a la escucha de la Palabra y dispuestos a ser iluminados por gracia; acogiendo el perdón y perdonando, para experimentar la gran perdonanza.
Que llegados a la tumba del Apóstol, nuestro corazón rebose alegría y júbilo, que de ese modo -sin impostura- seamos epifanía en este tiempo, al inicio del segundo cuarto del tercer milenio, y en este mundo que deseamos habitable, don de Dios para todos.

APROXIMACIÓN AL CONJUNTO ESCULTÓRICO:
El conjunto escultórico, con piezas de tamaño natural, como primer hito que impulsa a preparar el Año Jubilar, contiene la carga de significación de la ENCARNACIÓN-EPIFANÍA.
La imagen central de la Virgen con el Niño sugiere un triple movimiento. Dado que la pieza se va a instalar en el lugar que ahora muestra la huella de un relleno de sillares y mampuesto en la portada de la antigua Sala Capitular, ese fondo quedará cubierto por una superficie porcelámica que representa un rompimiento de gloria, en la que se destacará una estrella que proyecta sus rayos, como una alusión al antiguo coro pétreo. Evocación potenciada por la recreación libre del castellete, procedente del coro mateano, del que asoman los caballos de los Sabios de oriente. Ahí centrada, la Virgen dirige su mirada (como profecía) hacia arriba en dirección al Pórtico (el Niño que sostiene vivirá el drama de la pasión y muerte que culminará con su glorificación); el Niño, en sentido contrario, dirigirá su mirada hacia la Capilla Mayor, invitando a los fieles a vivir el encuentro íntimo con Él en el sacramento de la Eucaristía; el paño que envuelve al Niño, también en memoria de lo que fue la obra de Mateo, luce un color azul lapislázuli: el mejor pigmento para la imagen principal. San José, sorprendido, contempla a los Magos. Y éstos presentan sus dones y adoran.