Un estudio publicado en The Journals of Gerontology advierte que el aislamiento social en adultos mayores acelera el deterioro cognitivo, incluso cuando no se sienten solos.
Un estudio neurocientífico publicado en The Journals of Gerontology, Serie B: Psychological Sciences and Social Sciences advierte que los adultos mayores con una vida social reducida enfrentan un mayor riesgo de deterioro acelerado en su función cognitiva. El hallazgo subraya que pasar más tiempo en aislamiento incrementa la vulnerabilidad al declive mental, incluso cuando las personas no reportan sentirse solas.
Los autores señalan que promover la interacción social en la vejez debe considerarse una acción esencial para mantener la autonomía y la vida independiente. El mensaje es claro: la conexión social cumple un papel directo en la salud del cerebro.
Aislamiento social y soledad no son lo mismo
La investigación distingue entre dos conceptos que suelen confundirse. Según los autores, “el aislamiento social se mide objetivamente, por ejemplo, como la sociabilidad, la pertenencia a organizaciones comunitarias y la participación religiosa, mientras que la soledad es un indicador subjetivo de la frecuencia con la que las personas se sienten solas”.
Aunque ambos factores suelen relacionarse, el estudio encontró que tienen efectos independientes sobre la función cognitiva. Esto significa que una persona puede no sentirse sola, pero aun así presentar riesgos si su nivel de interacción social es bajo.
Qué dice la ciencia sobre el contacto social
El trabajo fue encabezado por Jo Hale, investigadora de la Universidad de St. Andrews, en el Reino Unido. El análisis incluyó datos de 137,653 pruebas cognitivas aplicadas entre 2004 y 2018 a más de 30,000 adultos mayores de 50 años.
Estas personas formaron parte de uno de los estudios longitudinales más amplios sobre envejecimiento cerebral. La base de datos incorporó biomarcadores, indicadores de salud mental y condiciones sociales y de vida, lo que dio mayor solidez a los resultados.
Quiénes viven más aislados y qué riesgos enfrentan
El análisis reveló que 31% de los adultos mayores de la muestra vivían en aislamiento social. Su edad promedio era de 72 años. En contraste, el grupo con menor aislamiento tenía una edad promedio de 65 años.
Los resultados mostraron un patrón constante: el aislamiento social podría tener un efecto causal directo y negativo sobre la función cognitiva. Este impacto se observó en hombres y mujeres, sin diferencias por raza, etnia o nivel educativo.
La socialización como factor de protección cerebral
De acuerdo con la escala cognitiva TICS-m, que va de 0 a 27 puntos, los adultos mayores pierden en promedio 9 puntos de capacidad cognitiva cada dos años. Sin embargo, quienes mantenían contacto social regular lograron proteger parte de su función cerebral.
El estudio identificó una amortiguación de 0.2 puntos por evaluación cognitiva en el grupo con mayor socialización. Aunque el número parece pequeño, los expertos explican que el efecto es acumulativo y, con el paso del tiempo, puede ayudar a conservar la memoria y la atención.
Un problema de salud pública en crecimiento
La Organización Mundial de la Salud estima que para 2050 habrá 153 millones de personas con demencia en el mundo, casi el triple de los casos actuales. Hoy, más de 55 millones viven con esta enfermedad y cada año se suman alrededor de 10 millones de nuevos diagnósticos.
Existen 14 factores de riesgo que, si se controlan, podrían reducir hasta en 45% la probabilidad de desarrollar demencia. Entre ellos se encuentra el aislamiento social, lo que refuerza la importancia de atender este tema desde una perspectiva preventiva.
Qué acciones pueden ayudar a reducir el riesgo
Para Jo Hale, el contexto social es clave, sobre todo en etapas específicas del año. “Entorno a las fiestas, muchos de nosotros pensamos mucho en lo importante que es estar rodeado de familia y amigos. Desde las fiestas paganas del invierno hasta los cuentos clásicos de Navidad, se nos recuerda que la interacción social es beneficiosa para nuestra salud mental”.
Y añadió: “Esta investigación demuestra que también es importante para nuestra salud cognitiva. Como el Alzheimer es una de las principales causas de muerte de adultos mayores en el Reino Unido y Estados Unidos, construir el andamiaje para permitir la interacción social regular, especialmente para quienes no tienen familia o amigos cerca, debería ser una prioridad de salud pública”.
Mantener vínculos para conservar la autonomía
Evitar el aislamiento social en la adultez es una medida clave para ayudar a prevenir el Alzheimer. La doctora Lucía Crivelli, jefa de neuropsicología en Fleni, explicó a Infobae que “participar en grupos de apoyo y mantener una vida social activa puede mejorar el estado de ánimo y la función cognitiva, proporcionando un sentido de pertenencia y reduciendo la soledad y la depresión”.
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La evidencia apunta a una conclusión práctica: fomentar rutinas de socialización no solo mejora la calidad de vida, también puede retrasar la pérdida de autonomía y apoyar la salud cognitiva en la vejez.