Durante diez años, ‘Stranger Thingshabía construido su identidad alrededor de la idea de la familia elegida. Había niños abandonados que sobrevivían porque se encontraban entre ellos. Por eso resulta tan difícil aceptar que el cierre de la serie vuelva a situar a Eleven (Millie Bobby Brown) en el lugar más solitario posible. 

Después de cinco temporadas de abusos, experimentos, pérdidas de todo tipo y una infancia destruida, el final decide que su destino sea inevitablemente el de sacrificarse para que los demás puedan avanzar. Parece una elección coherente y necesaria, pero lo cierto es que deja un regusto amargo. Eleven no necesitaba convertirse en una mártir, necesitaba una familia.

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Obviamente, a partir de aquí habrá spoilers del final de ‘Stranger Things’

Cerrando la puerta con un sacrificio

En una entrevista con The Hollywood Reporter, Ross Duffer reconoce abiertamente que «fue un reto empezar porque llevamos gran parte de la temporada preparando la decisión que Eleven iba a tomar, o que tendría que tomar». Y la serie no plantea otra salida. El sacrificio de Eleven no es una sorpresa, sino una conclusión que estaba prevista desde el principio, una carga que vuelve a caer sobre el mismo personaje.


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Y para justificarlo, el relato apela al dolor de su pasado. Ross explica que ahí es donde aparece el discurso de Hopper sobre «el trauma de su infancia y todo el dolor que ha experimentado, y que se merece algo mejor». Aunque, visto lo visto, ese «algo mejor» nunca se materializa. Se reconoce el daño, pero no se repara.

De hecho, Matt Duffer hace referencia a la tensión entre Hopper y Kali, donde «Hopper ofrece su punto de vista y Kali ofrece el punto de vista opuesto». Sin embargo, incluso en ese debate, Eleven vuelve a asumir la responsabilidad de evitar que otros niños vivan lo mismo que ella. Su vida sigue sirviendo como una moneda de cambio para impedir algo, no para construir un futuro mejor.

Eleven en 'Stranger Things'

Mientras el resto del grupo cierra ciclos, crece y mira al futuro, ella queda atrapada en una ambigüedad que no es poética ni esperanzadora, sino cruelmente familiar. Eleven queda fuera de ese movimiento y su historia termina sin un hogar y sin la familia que siempre buscó. Es un cierre efectivo para la serie, pero no para ella, que queda definitivamente apartada del resto. 

‘Stranger Things’ se despide con emoción y cuidado por sus personajes, pero repite uno de sus gestos más dolorosos. A Eleven, que no deja de ser aquella niña que nunca tuvo elección, la serie le vuelve a pedir lo mismo de siempre: que sea fuerte, que se sacrifique y que lo haga sola. Y después de todo lo que vivió, no creo que sea justo el final que le han escrito.

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