El doctor Julio Iglesias Puga, quien popularmente era conocido como Papuchi, falleció a los 90 años de edad el 19 de diciembre de 2005 debido a una parada cardiorrespiratoria. Se cumple, pues, veinte años, un número redondo, desde que nos dejara.
Los últimos años de su vida los decidió compartir con la modelo Ronna Keith, 48 años más joven, y a quien había conocido en Madrid a principios de los años 90. Con ella se casó diez años después y tuvo dos hijos, James y Ruth, hija póstuma, ya que nunca llegó a conocer a su padre.
Ni Jaime, como llaman al mayor, ni Ruth han vivido de cerca la fama de la otra parte de su familia, máxime teniendo en cuenta que son hermanos pequeños de Julio Iglesias. Lo cual contrasta, eso sí, con que ambos jóvenes, de ahora 22 y 19 años, sí que parecen estar siguiendo los mismos pasos del artista y de otros miembros de los Iglesias.
A través de las redes sociales se puede saber que, por un lado, Jaime toca el piano, mientras que la pequeña se ha decantado por el canto, además de que, como multitud de chicas de su edad, a través de TikTok enseña sus modelitos o su rutina capilar.
Además, no ha tenido ningún problema a la hora de hablar de su padre de forma pública, quizá en consonancia con lo que Ronna afirmó en su momento de que ella mantendría vivo el recuerdo de Papuchi en sus hijos, que siempre sabrían cómo era.
«A algunos les cuesta entender las relaciones poco convencionales, pero dos personas pueden amarse«, sostiene en sus redes, sobre los comentarios a la pareja que hacían su madre y el doctor. «Se conocieron en España, mi padre es española. Mi madre tenía estudios universitarios, estaba a punto de convertirse en abogada cuando conoció a mi padre», revela.
Sobre su llegada al mundo, dice: «Mi padre quería dejarle una parte de sí mismo para cuando él ya no estuviera, así que, después de unos diez años juntos, quisieron casarse, y así lo hicieron en 2001, cuando mi madre tenía 38 años. Y me tuvo a mí». En cuanto a su padre, sostiene que era «maduro, divertido, guapo e inteligente».
Eso sí, alza el tono cuando reacciona al hate que recibe. «Dejad de preguntarme su tengo autismo. Probablemente me haga las pruebas. Sé que algunos piensan que soy un poco vaga, sobre todo en la primera foto donde estaba en pijama, pero en serio, a veces me veo bien», asegura.
Además, aunque entiende la curiosidad que pueda generar por quién es, pide que «dejen de odiar» y Tratará de responder «a cualquier pregunta» que le hagan: «Nunca he conocido a gente así. ¿Dónde os habéis criado?».