• La nueva entrega de Avatar exigió una preparación física extrema por parte de Sam Worthington, centrada en rendimiento y resistencia.
  • El actor priorizó la funcionalidad corporal por sobre la estética, con rutinas extensas y un enfoque profesional.
  • El entrenamiento fue cambiando a lo largo de la saga, incorporando trabajo bajo el agua y control de la respiración.
  • La alimentación y el estilo de vida equilibrado fueron claves para sostener el esfuerzo durante años de rodaje.

La participación de Sam Worthington en Avatar: Fuego y Ceniza volvió a poner el foco en el exigente proceso físico que atravesó para encarnar a Jake Sully. A sus 49 años, el australiano sorprendió por el nivel de compromiso con una preparación que demandó horas diarias de trabajo y una constancia poco habitual en producciones de largo plazo.

Desde el inicio de la saga dirigida por James Cameron, el papel implicó desafíos que fueron más allá de la actuación. Las escenas de acción, el uso prolongado de captura de movimiento y la intensidad de los rodajes obligaron a Worthington a construir un cuerpo preparado para soportar jornadas extensas y una carga física sostenida.

De acuerdo a sus últimas declaraciones, el actor comentó que encaró el proceso desde una lógica laboral. Su transformación respondió a las necesidades del personaje y del universo de Pandora, con una metodología basada en disciplina, adaptación y continuidad a lo largo de los años.

Sam Worthington

Redes sociales

Así fue el entrenamiento y preparación de San Worthington para Avatar: Fuego y Ceniza

La preparación de Sam Worthington para esta nueva entrega incluyó dedicar entre cinco y seis horas diarias al ejercicio, distribuidas en varias sesiones que alternaban descanso, alimentación y trabajo de fuerza.

En los primeros films de Avatar, el objetivo estuvo puesto en desarrollar masa muscular y resistencia general. Las rutinas eran intensas y repetitivas, pensadas para soportar escenas físicas prolongadas. El propio actor explicó que ese nivel de exigencia le permitió alcanzar un estado físico sólido, preparado para el desgaste del rodaje.

Con el avance de la saga, el enfoque fue cambiando. En Avatar: El Camino del Agua y ahora en Fuego y Ceniza, el entrenamiento incorporó desafíos diferentes, como el trabajo bajo el agua. El elenco debió entrenar control respiratorio, coordinación y movimientos precisos, alejándose de un esquema centrado solo en fuerza.

La alimentación acompañó ese proceso de manera práctica. Worthington no siguió dietas rígidas ni planes extremos, sino que ajustó su ingesta a las demandas del entrenamiento diario. Proteínas para la recuperación muscular y carbohidratos como fuente de energía fueron los pilares para sostener jornadas largas sin comprometer el rendimiento.

Sam Worthington

Redes sociales

Otro aspecto clave fue el cambio en su estilo de vida. El actor reconoció que la sobriedad y una mayor estabilidad personal le permitieron mantener la constancia necesaria para liderar una saga que se extendió por más de 15 años. Ese equilibrio fue determinante para responder a las exigencias físicas sin interrupciones.

En cuanto a las rutinas específicas, el entrenamiento incluyó ejercicios para todo el cuerpo, con trabajos de piernas, brazos, abdomen y hombros. Series de abdominales, sentadillas con barra, press con mancuernas, fondos de tríceps y ejercicios de estabilidad formaron parte de un esquema pensado para fuerza, resistencia y funcionalidad, más que para una apariencia estética puntual.