¡Por fin! Algo parecido debieron pensar los hombres de negro cuando se abrazaron este domingo en el centro de Fontajau para lanzar un grito … liberador, de los que salen del alma, rota miles de veces en finales crueles que no supieron valorar su trabajo y méritos acreditados en la cancha. Ayer, en Girona, el Surne Bilbao cerró una insoportable racha de 372 días sin ganar a domicilio en la Liga Endesa. Y lo hizo en un último cuarto heroico, cuando estaba diez abajo a falta de 6’12 para la conclusión de un duelo infartante (82-72), con los dientes apretados, cantidades industriales de carácter y personalidad, colgado de los brazos de Krampelj, Pantzar y Jaworski para fabricar un parcial de 7-21 que terminó con una demoledora serie de 16 derrotas seguidas fuera de casa. El triunfo supo a gloria a la franquicia de Miribilla, que añadió la sexta victoria en el casillero y dio por finiquitada la maldición. Regresó de entre los muertos para celebrar la vida a lo grande.
Cabía esperar una reacción de rabia y orgullo tras la bofetada recibida del Valencia, cuyos ecos aún retumban entre las paredes de Miribilla. El baloncesto dio una nueva oportunidad a los hombres de negro solo 48 horas después de ser enviado a la habitación del sueño, a la lona, para levantarse y pedir perdón a través del buen baloncesto, intensidad y victoria. Todo ello buscaron y encontraron ante un Girona que venía cargadísimo de moral con su triunfo sobre la bocina en Manresa, pero de nada les sirvió a los catalanes ante un equipo que a falta de recursos y energía, sin el eliminado Hilliard y el ‘tocado’ Lazarevic, tiró de orgullo y personalidad y se hizo acreedor de un triunfo reparador. El mismo que se ha escapado este curso en el Nou Congost y en el Pazo, donde los hombres de negro tuvieron el último lanzamiento para ganar y fallaron, pero por fin cazaron lo que habían perseguido durante tanto tiempo para cerrar una herida que supuraba dolor desde hace 372 días.
Y eso que el Surne Bilbao se inmoló desde la línea de los tiros libres y en el rebote en la primera parte, de compleja digestión. Aquello era como para abrirse las venas y descolgar el teléfono para que nadie moleste mientras uno intenta quitarse la vida. Fallar ocho de los 17 intentos desde la línea de castigo (53%) –en la reanudación se hizo un increíble pleno, 16 de 16– y verse doblado en las capturas era incompatible con el objetivo de acabar por fin con una sonrisa fuera del Bilbao Arena: 21 de los catalanes, seis de ellas ofensivas, por las 11 de los vizcaínos, solo dos en la zona contraria. Aún así, con estos números que harían temblar a H. P. Lovecraft, los de Ponsarnau se agarraron al parqué gracias a un batallador Normantas y unos mejorados Frey y Hilliard.
Lazarevic abrió el partido disfrazado de ‘killer’, con ocho puntos sin fallo, lo que permitió al equipo marcharse cinco arriba (10-15). Entonces se comió un parcial demoledor de 12-1 que dio aire al Girona, colgado de los brazos de Pep Busquets y Mark Hughes, quien por cierto había firmado en verano como hombre de negro pero el ascenso del Betis –invalidado luego en los despachos por los problemas económicos de los andaluces– activó la cláusula automática de su permanencia en Sevilla. Semanas después, le fichó el conjunto catalán. Llegó al descanso con nueve puntos y un dos de tres en triples, muy acertado desde la línea mágica, aunque luego se apagó. Con seis abajo a la conclusión del período inicial (22-16), los de Miribilla reaccionaron con una serie de 3-9 e igualaron el choque
Tiros de 2
Tiros de 3
Tiros libres
Rebotes
29+11Defensivos+Ofensivos23+9
Tapones
Balones
OTROS
De la oscuridad a la luz
La buena noticia era la aparición de Hilliard, quien pese a su horrible partido ante el Valencia lejos de esconderse dio un paso al frente. Se le veía con la muñeca caliente, picado, y empezó a descargar veneno. Todo lo contrario que Petrasek, quien pasó de hacer un partidazo ante los ‘taronja’ a desaparecer en Fontajau. Lo malo es que Hilliard se cargó con cuatro personales y hubo que dosificarle, y fue eliminado por cinco personales a falta de 4’31 para el final. Al descanso se llegó seis abajo pese a perder la lucha por el rebote y desangrarse desde los tiros libres (48-42), pero el drama y la alegría, dos compañeras de viaje inseparables, se darían la mano en un último período no apto para cardiópatas.
Un parcial de 3-11 tras el paso por los vestuarios liderado por Hilliard puso por delante a los vizcaínos (51-53). Poco duró la alegría en la casa del pobre por un tal Livingston, supongo, quien empezó a hacer daño. Aún así, con Krampelj, un magnífico Pantzar en la dirección y un por fin acertado Frey –tres de cuatro en triples–, los hombres de negro aguantaron y entraron en los últimos diez minutos cuatro abajo (66-62). Trabajaba Hlinason, hasta Font aportó desde los 6,75, pero un 10-2 de los locales les puso 10 arriba a falta de 6’12 para el final (82-72). Y ahí, cuando la oscuridad amenazaba con tragar de nuevo a los bilbaínos, se hizo la luz. Jaworski, horrible en los lanzamientos (2 de 12), metió los cinco tiros libres, Pantzar se puso el uniforme de general y Krampelj descargó toda su furia para culminar la remontada. El Girona tuvo el ataque para ganar o empatar con el 89-91 en el marcador, pero Geben falló tras una buena defensa visitante. Jaworski metió los dos desde los 4,60 y certificó el fin de la maldición.