La relación entre la luz y la medicina es tan antigua como la propia civilización. Mucho antes de que existieran conceptos como longitud de onda, potencia irradiada o dosimetría óptica, distintas culturas ya habían observado empíricamente que la luz podía curar. Hoy, más de tres milenios después, la fototerapia se encuentra en plena transformación, impulsada por la unión de varios campos tecnológicos relacionados con la fotónica avanzada, ciencia de materiales, electrónica flexible e inteligencia artificial. Un reciente artículo de revisión publicado en Light: Science & Applications analiza este recorrido histórico y, sobre todo, traza las claves tecnológicas que definirán la próxima generación de dispositivos de fototerapia portables e implantables.
El trabajo, liderado por investigadores del Ruijin Hospital de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, el Massachusetts General Hospital y la Escuela de Química e Ingeniería Química de la misma universidad china, ofrece una visión integral del estado del arte de la fotomedicina desde una perspectiva clínica y tecnológica. El artículo analiza la evolución histórica de la fototerapia, revisa sus aplicaciones clínicas actuales y, sobre todo, identifica las tecnologías clave que definirán la próxima generación de dispositivos de fototerapia inteligentes.
Fototerapia y los mecanismos subyacentes. ‘Challenges and opportunities in next-generation LED therapeutic devices’, 2025. Min Lu y otros
Una tecnología con 3.500 años de historia… y un futuro todavía por escribir
La historia de la fototerapia se remonta más de 3.500 años atrás, cuando en el antiguo Egipto se utilizaba la luz solar combinada con extractos vegetales para tratar enfermedades cutáneas como el vitíligo. Aquellas prácticas, basadas en la observación empírica, pueden considerarse los primeros intentos de aprovechar la interacción entre la radiación luminosa y los tejidos biológicos con fines terapéuticos.
El salto decisivo hacia la ciencia moderna se produjo a finales del siglo XIX, cuando se demostró que la exposición controlada a la luz solar tenía efectos terapéuticos sobre patologías como el raquitismo o el carbunco. Poco después, a comienzos del siglo XX, el médico danés Niels Ryberg Finsen introdujo el uso sistemático de fuentes de luz artificial para tratar la tuberculosis cutánea. Este avance supuso un cambio radical en la práctica clínica, marcando ell nacimiento formal de la fototerapia moderna, reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 1903.
A lo largo del siglo XX, el desarrollo de nuevas tecnologías fotónicas aceleró la expansión del campo. La invención del láser de estado sólido por Theodore Maiman en 1960 permitió por primera vez aplicar energía luminosa con una precisión sin precedentes, abriendo la puerta a aplicaciones quirúrgicas como el tratamiento de tumores de retina. Más tarde, en 1983, Rox Anderson formuló el concepto de fototermólisis selectiva, un principio fundamental que explica cómo determinadas longitudes de onda pueden interactuar de manera preferente con cromóforos específicos del tejido biológico.
Este marco teórico sentó las bases de la fotomedicina contemporánea y permitió entender la fototerapia como un problema de ingeniería óptica y transferencia de energía, en el que parámetros como el espectro, la potencia irradiada, el tiempo de exposición y la distribución espacial de la luz determinan la respuesta terapéutica. En la actualidad, estas bases científicas sustentan aplicaciones clínicas tan consolidadas como el tratamiento de la ictericia neonatal, la cicatrización de heridas crónicas o las terapias dermatológicas, consolidando la fototerapia como una herramienta médica de primer nivel.
Dispositivos de fototerapia: aplicaciones actuales y desafíos de ingeniería
En la práctica clínica actual, la fototerapia destaca por una combinación de ventajas técnicas y médicas difícilmente igualable: alta precisión, bajo coste operativo, mínima invasión y una notable reducción de efectos secundarios. Estas características explican su creciente adopción en hospitales y centros especializados. Sin embargo, el artículo de revisión subraya que el verdadero desafío ya no reside tanto en demostrar la eficacia biológica de la luz, sino en el diseño de dispositivos capaces de administrar esa luz de forma óptima en condiciones reales.
Uno de los problemas más relevantes es la uniformidad de la iluminación. Muchos dispositivos de fototerapia siguen basándose en fuentes rígidas o puntuales que no se adaptan adecuadamente a la compleja geometría del cuerpo humano. Como resultado, la irradiancia sobre el tejido puede ser irregular, generando zonas de sobreexposición y otras insuficientemente tratadas. En un entorno clínico, donde la dosimetría óptica es crítica, estas variaciones pueden comprometer tanto la eficacia como la seguridad del tratamiento.
Estrategias avanzadas para abordar los desafíos en las aplicaciones clínicas de la fototerapia. ‘Challenges and opportunities in next-generation LED therapeutic devices’, 2025. Min Lu y otros
A este reto se suma la escasa personalización de los parámetros terapéuticos. La mayoría de los sistemas comerciales operan con configuraciones fijas de longitud de onda, potencia y tiempo de exposición, sin tener en cuenta la variabilidad interindividual. Factores como el tipo de tejido, la pigmentación, el estado fisiológico del paciente o la evolución temporal de la patología influyen de manera directa en la respuesta a la luz, pero rara vez se integran de forma dinámica en el funcionamiento del dispositivo.
Desde el punto de vista mecánico y de materiales, los dispositivos portables e implantables deben cumplir requisitos particularmente exigentes. Deben ser flexibles, ligeros y biocompatibles, sin sacrificar estabilidad eléctrica ni eficiencia óptica. La compatibilidad entre las propiedades ópticas necesarias para la emisión luminosa y las propiedades mecánicas requeridas para integrarse en el cuerpo humano constituye uno de los grandes retos actuales de la fototerapia, y exige soluciones claramente interdisciplinarias.
Nuevas fuentes de luz, materiales avanzados e inteligencia artificial
Para superar estas limitaciones, el artículo identifica un conjunto de tecnologías emergentes que están redefiniendo el diseño de los dispositivos de fototerapia. Entre ellas, las fuentes de luz basadas en OLED y microLED ocupan un lugar central.
Las tecnologías OLED permiten una emisión superficial homogénea, ideal para aplicaciones en contacto directo con la piel. Su perfil ultrafino y su capacidad de integrarse en sustratos flexibles facilitan el desarrollo de dispositivos conformables, capaces de adaptarse a superficies anatómicas complejas sin comprometer la uniformidad luminosa. Además, su naturaleza modular abre la puerta a sistemas fácilmente escalables y personalizables.
Por su parte, los microLED combinan alta eficiencia, elevada luminancia y un extraordinario potencial de miniaturización. Estas características los convierten en una solución especialmente atractiva para aplicaciones implantables, donde el espacio es limitado y el control térmico resulta crítico. Desde una perspectiva fotónica, los µLED permiten un control muy preciso del espectro y de la distribución espacial de la luz, aspectos clave en tratamientos altamente localizados.
El desarrollo de materiales conductores extensibles, como metales líquidos y polímeros conductores, representa otro avance fundamental. Estos materiales permiten mantener la conductividad eléctrica bajo deformaciones mecánicas significativas, algo imprescindible para dispositivos que deben acompañar el movimiento natural del cuerpo humano. A ello se suman las técnicas de fabricación a baja temperatura, necesarias para integrar materiales activos sensibles al calor sin degradar sus propiedades.
Finalmente, el artículo plantea la integración de inteligencia artificial y sensores flexibles como el siguiente gran salto de la fotomedicina. La posibilidad de monitorizar en tiempo real parámetros fisiológicos y ajustar dinámicamente la emisión luminosa da lugar a sistemas de fototerapia en bucle cerrado, capaces de adaptar el tratamiento al estado del paciente.
Dispositivos de monitorización portátil y algoritmos potenciales. ‘Challenges and opportunities in next-generation LED therapeutic devices’, 2025. Min Lu y otros
En conjunto, la revisión dibuja un futuro en el que la fototerapia deja de ser una tecnología aislada para convertirse en un nodo central de sistemas médicos inteligentes. La combinación de nuevas fuentes de luz, materiales avanzados y sistemas inteligentes apunta hacia una medicina cada vez más precisa, personalizada y mínimamente invasiva.
Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.nature.com/articles/s41377-025-01990-z
Fuente de imagen de portada: Freepik*.
*Imagen procedente de bancos de recursos gráficos que no pertenece a la investigación