En los últimos años se ha popularizado mucho su uso y se han convertido en un regalo al que muchos recurren en estas fechas: relojes, pulseras, anillos inteligentes o incluso camisetas con sensores forman parte del día a día de miles de personas que monitorizan su sueño, su frecuencia cardiaca o su nivel de recuperación.

Sin embargo, aunque estos dispositivos de salud y deporte pueden ser «grandes aliados si se usan con criterio, también pueden generar dependencia o malinterpretaciones si no van acompañados de educación y sentido común», explica Francisco José Martín, médico deportivo del centro i-Shape de la Universidad Europea.

Los «wearables» actúan como una «capa sensora» entre el cuerpo y el entorno, ayudando a observar variables fisiológicas clave como la variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV), el sueño, la carga de pasos o incluso arritmias potenciales. También aportan información subjetiva sobre cómo percibimos el esfuerzo físico (RPE) y permiten cruzar datos objetivos con sensaciones internas. «Esta combinación, bien utilizada, permite prevenir lesiones, optimizar el entrenamiento y detectar a tiempo desajustes en la recuperación», apunta el experto.

Pero, «no se trata solo de acumular datos, sino de interpretarlos adecuadamente para sacarles el máximo provecho en términos de salud», continúa Martín. Estos dispositivos, diseñados para ofrecer información en tiempo real sobre diferentes métricas fisiológicas, han demostrado ser herramientas útiles en la prevención de problemas de salud y en la mejora de hábitos diarios. Permiten mejorar el conocimiento personal sobre el cuerpo y fomentar la adopción de rutinas más activas y saludables.

No obstante, como decíamos, también presentan desafíos. «La dependencia excesiva a estos dispositivos o el estrés por alcanzar ciertas métricas pueden ser contraproducentes si no se gestionan con equilibrio», señala el médico deportivo. «El dispositivo debe ser un complemento, no un juez», apostilla.

Otro aspecto destacado es su potencial para personalizar estrategias de rendimiento y salud. Gracias a la integración de inteligencia artificial en los ‘‘wearables’’, se está avanzando hacia modelos más precisos de recomendaciones basadas en datos longitudinales. Esto significa que las sugerencias no solo se ajustan a una media poblacional, sino que pueden adaptarse a los patrones únicos de cada usuario. «Es un paso hacia una medicina más individualizada, donde cada persona entienda sus propias necesidades y límites», afirma Martín.

Un apoyo, no un reemplazo

«Aunque su papel en la prevención y el monitoreo diario de la salud está cada vez más consolidado, no pueden sustituir el juicio clínico ni las pruebas diagnósticas tradicionales», advierte. Además, hace hincapié en que «un electrocardiograma o una prueba de esfuerzo siguen siendo esenciales para decisiones médicas importantes; los ‘‘wearables’’ son un apoyo, pero no pueden reemplazar el análisis exhaustivo de un profesional».

De cara al futuro, Francisco José Martín ve en este tipo de tecnología una oportunidad extraordinaria para democratizar el acceso a la salud y fomentar la educación del usuario sobre su propio cuerpo. Sin embargo, recalca que el verdadero cambio no depende solo de la tecnología, sino de una integración equilibrada entre entrenamiento, descanso, nutrición y, sobre todo, la comprensión de las necesidades individuales.

En cualquier caso, «el bienestar no se trata de seguir números ciegamente, sino de aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice», concluye el experto.