Buenas sensaciones y un punto. Esa es la cosecha del primer partido de Matarazzo en la Real Sociedad. El equipo txuri-urdin mejoró sus prestaciones … ante el Atlético de Madrid, reaccionó de inmediato con el mazazo del gol en contra y, cuando empató por mediación de Guedes, buscó con ahínco el tanto de la victoria. Pero le faltaron pólvora y energía para lograrlo. 31.576 epectadores se ilusionaron con el triunfo en el coliseo donostiarra y combatieron el frío polar reinante, en torno a cero grados.
Ferocidad en la presión, verticalidad tras la recuperación, esfuerzo generoso y mejoría en la asociación. Hay brotes verdes, pero éstos no alimentan. Se puede decir que la escuadra txuri-urdin se deja dos puntos en el arranque de su nuevo entrenador, porque hizo más merecimientos que su renombrado rival, supuesto candidato a ganar el título, para vencer.
El planeta fútbol y, más en concreto, la familia realista estaba muy expectante por conocer cuál iba a ser la primera alineación de Matarazzo. Algunos pensaban en un posible ‘catenaccio’, otros en el debut de Kazunari Kita, había quien manejaba el término ‘revolución’, pero habrá que esperar para que se dé algo de eso, para que se vea la verdadera impronta del técnico de New Jersey. El paisano de Bruce puso a los de siempre, con el dibujo de siempre, aunque con muchos matices distintos.
La Real salió con el brío propio de quien se juega el destino en cada jugada, de quien quiere ganarse el favor de un entrenador nuevo que viene sin mochila y sin vicios en la mirada. Mordiendo en la presión, con vértigo a la hora de recuperar, sin mirar demasiado atrás, lo que le generó algún que otro susto. Turrientes y Caleta-Car reemplazaron a los habituales Zubeldia y Gorrotxategi, inhabilitados por sanción.
La primera acción fue un robo alto de Turrientes, que provocó uno de esos ataques verticales por los que clamaba Matarazzo y un disparo final de Oyarzabal que salió lamiendo el palo. Buena declaración de intenciones, preludio de los mejores minutos del Atlético antes del descanso. Álvarez, juguetón entre líneas, chutó desviado al lateral tras una buena entrega acrobática de Baena.
Se fue rehaciendo una Real muy criteriosa con el balón y con ese compromiso de buscar área y portería. Buscó la red Brais con un toque sutil desde fuera del área, pero se topó con Oblak. El partido ya era un ida y vuelta que requería un toque de distinción para decantarse.
Gol anulado por el VAR
Lo firmó Soler al filo del descanso, con una falta lateral lanzada con mucha potencia y rosca, con una trayectoria endiablada. La empujó a la red Sorloth con la cabeza y estalló de júbilo Anoeta, pero el VAR ejerció de bromuro para el entusiasmo. Brais no tocó el cuero, pero, partiendo en fuera de juego, tapó a Solorth y el videoarbtraje interpretó que tuvo influencia en la jugada. El videoarbitraje lo invalidó por fuera de juego posicional. Bocadillo con chile picante al descanso.
La segunda parte comenzó de la peor manera para una Real que quedó retratada. Cometió su enésimo fallo defensivo en cadena y el Atlético se adelantó en su primera ocasión de verdad. Giuliano se fue con excesiva facilidad de Sergio Gómez, Caleta-Car no salió a cerrarle y Jon Martín y Aramburu se despistan en la marca a Sorloth, que cabecea a placer a la red. Gran acción del argentino, que recorrió toda la banda, ante una Real demasiado permisiva. Las canillas temblaron y Gallagher acarició el segundo ante Remiro, pero chutó fuera. El tembloroso también fue él.
Reacción inmediata
Pero en esta ocasión, los txuri-urdin tuvieron la energía y el amor propio necesarios para remontar enseguida. Cinco minutos tardó en igualar, merced al cuarto gol de Guedes. La transición, la jugada y la asistencia de Kubo fueron prodigiosos. El temple del portugués para pisar antes de ajusticiar, de crack.
Los minutos siguientes fueron de goce futbolístico de los txuri-urdin e ilusión de la grada. Turrientes tuvo la más clara, pero no atinó con su zurdazo desde la frontal. Era un asedio. Curioso que Simeone agotara los cinco cambios antes de que Matarazzo hiciera el primero. Griezmann encogió los corazones de la grada tras una pérdida de Oyarzabal, pero su picada ante Remiro la adivinó fácil el portero de Cascante.
Soler la tuvo al final, en la última jugada, pero su zurdazo mordido se fue fuera. Habrá que conformarse con el punto, pero volaron dos. Una mejor Real, pero los puntos que vuelan no volverán y son excesivos.