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La idea tras una vacuna es entrenar al sistema inmunitario para encontrar y destruir un patógeno que produce una enfermedad. Para lograr este entrenamiento microscópico, existen varias opciones. Se puede tomar una muestra del patógeno y debilitarla mediante un tratamiento por calor; se puede tomar sólo una parte de dicho patógeno; o, en las vacunas de ARN mensajero, se introduce la información para que el cuerpo produzca durante un breve periodo de tiempo la parte del patógeno que queremos presentar al sistema inmunológico. Estas formas de vacunación, aunque siguen estrategias distintas, suelen coincidir en un mismo punto: requieren de una inyección.

foca

Este hecho supone un problema, no sólo para aquellas personas belonefóbicas o tripanofóbicas (que tienen fobia a las agujas) sino también en aquellos países donde los sistemas de salud no pueden garantizar que las agujas van a estar disponibles para todos sus habitantes.

Por ello, en la actualidad se está trabajando en sistemas de vacunación que no requieren de inyecciones, sino que pueden estimular el sistema inmunitario a través de la piel, sin necesidad de atravesarla. Este sistema, que ha sido probado con éxito en ratones con antígenos del virus de la gripe H1N1, ha sido fruto de una bombilla mental metafórica, que se encendió tras observar la piel de los anfibios, que tiene una permeabilidad mayor que la humana.

Vacunas sin agujas: el futuro de la inmunización

La clave del funcionamiento de este tipo de vacunas se encuentra en los folículos pilosos, las estructuras de donde emerge el vello corporal. Así lo explican investigadores del King’s College de Londres en un artículo publicado en Cell reports. En el artículo explican cómo diseñaron y crearon un dispositivo que permitía succionar la piel y medir los cambios en permeabilidad que ocurrían después.

En sus experimentos observaron estirar la piel durante 20 minutos permitía desestabilizar la estructura de colágeno se desestabilizaba y dejar pasar moléculas de gran tamaño, tanto en ratones como en humanos. Al analizar con detenimiento por qué razón sucedía esto detectaron que la desestabilización del colágeno abre los folículos pilosos y, a través de estos, las moléculas llegan a las capas internas de la piel, donde se encuentran las células dendríticas del sistema inmunitario.

Células de melanoma coloreadas artificialmente

Para probar que, efectivamente, este método de administración de vacunas es válido, los investigadores aplicaron parches con sondas fluorescentes y antígenos de la gripe H1N1 a ratones justo después de realizar la succión y compararon los resultados con otros ratones que habían sido vacunados mediante el método tradicional de la aguja.

24 horas después de la aplicación, el número de células inmunitarias en la piel de los ratones del parche se había multiplicado, y en los nódulos linfáticos más cercanos a la zona de administración estaban repletos de los antígenos. Además, la cantidad de anticuerpos en sangre específicos contra los antígenos de la gripe H1N1 era mayor que el que se lograba mediante el método tradicional. Pero lo que más llamó la atención de los investigadores es que tras sólo 15 minutos, el colágeno se reordena y la piel se vuelve impermeable de nuevo, lo que supone un claro beneficio con respecto a las agujas, ya que no hay que lidiar con las posibles complicaciones derivadas de la herida producida por el pinchazo.

Un método prometedor para los países en vías de desarrollo

Aunque el experimento de la inmunización sólo se ha realizado en ratones, los investigadores no ven porqué no debería funcionar en humanos. Por ello, imaginan un futuro en el que las vacunas llegan a casa en el correo en forma de parche de un solo uso. Este método sería muy útil también para el transporte, ya que evitaría tener que mantener una cadena de frío que, en los países en vías de desarrollo puede ser complicado de mantener.

De este modo, las vacunas contra algunas de las enfermedades más comunes y mortales, como la tuberculosis o el dengue, podrían llegar a los lugares más recónditos del planeta y seguir salvando vidas. Como apuntaba el año pasado un artículo publicado en The Lancet, la vacunación es el método más efectivo para evitar enfermedades y las complicaciones derivadas de las mismas. Según indican las estimaciones, en los últimos 50 años las vacunas han sido responsables de evitar 154 millones de muertes, muchas de ellas durante los primeros años de vida.