Hay paisajes que miran de vuelta con ojos de arena y volcán, extensiones de tierra antigua y áspera que encarnan historias que esperan para ser contadas. En uno de esos lugares se originó la semilla de El exterior, el primer largometraje de ficción del cineasta tinerfeño Víctor Moreno (Tenerife, 1981) que verá la luz en cines durante la segunda mitad de 2026. Una película que mira al espacio para hablar de la Tierra, de la soledad, la supervivencia o el entorno.
El rodaje del largometraje concluyó el pasado mes de octubre tras seis semanas de trabajo entre las islas de Fuerteventura y Gran Canaria. Desde entonces, la película se encuentra inmersa en un proceso de montaje y postproducción que culminará en los próximos meses.
Conocido por una trayectoria vinculada al cine documental, con títulos como Edificio España o La ciudad oculta, Moreno afronta con este trabajo su primera ficción en formato largo, un salto que, lejos de suponer una ruptura, el cineasta experimentó como una continuidad natural.
«No he sentido grandes diferencias a la hora de ponerme a trabajar una escena. Muchas veces pensaba que estaba rodando la ficción casi como si fuera un documental», explica. Cambia el dispositivo y también el tamaño del equipo, pero no la forma de mirar: «Me sentí bastante cómodo y orgánico», añade.
Escritura para imágenes
Esa manera de observar atraviesa también el origen del guion, un proceso largo, «cocinado a fuego lento», en sus palabras, que se desarrolló a lo largo de cinco años. Más que una escritura continuada, fue una idea que se fue enhebrando entre proyectos, lecturas y viajes a localizaciones reales.
Así, los dos primeros años estuvieron dedicados a pensar y documentar y, a partir de 2022, comenzó el trabajo profundo de desarrollar el texto. «He descubierto que no escribo tanto desde la perspectiva de un texto, sino desde cómo se va a filmar», señala el director.
La trama
El exterior se sitúa en un futuro próximo, en un desierto de la Tierra donde la astronauta Ana Lima (interpretada por la actriz catalana Daniela Brown) realiza un simulacro de aislamiento y supervivencia que recrea una misión a Marte. A lo largo de semanas de entrenamiento, sometida a protocolos estrictos y a un tratamiento médico exigente, la protagonista empieza a cuestionar el sentido de su profesión.
La presión física y psicológica, el aislamiento y la relación con el entorno abren una grieta interior que acabará transformando su vínculo con el cosmos y con su propio planeta, con la aparición de un misterioso personaje del que el director del filme prefiere no revelar detalles.
Aunque la película se mueve en los márgenes de la ciencia ficción, Moreno prefiere hablar de una voluntad realista, cercana, alejada de la épica y la heroicidad habituales en el género. Lo que le interesa no es la conquista del espacio, sino la paradoja que encierra el querer ir más allá del planeta habitado: «Siempre me ha obsesionado esa idea mastodóntica del ser humano de querer alcanzar límites más allá de nuestro planeta», afirma, haciendo alusión a lo «complejo y absurdo del objetivo», especialmente cuando ese impulso convive con el deseo de abandonar la Tierra.
Sus referentes apuntan hacia una ciencia ficción existencialista, más preocupada por el lugar del ser humano que por los logros tecnológicos, que bebe de esas fuentes de la literatura y el cine que miran más allá del hecho heroico y se detienen en las preguntas filosóficas, como hacía, por ejemplo, Isaac Asimov.
Por otro lado, el paisaje también se presenta como otro de los grandes ejes del largometraje, entendido tanto en su dimensión exterior como interior, ya que gran parte de la acción de la película transcurre en un simulador, un espacio cerrado que dialoga con la vastedad del desierto.
El paisaje canario no es un mero telón de fondo: está en la semilla del proyecto. «El origen de la película está en mis visitas a los escenarios en los que después hemos rodado», explica Moreno. Lugares muy terrestres y al mismo tiempo primitivos, cercanos a una idea de origen, que influyeron decisivamente en la construcción del relato.
Equipo técnico canario
Durante el rodaje, el equipo se convirtió también en uno de los grandes pilares del proyecto. Moreno destaca la implicación y entrega de los técnicos, en su mayoría de las Islas, y la sensación compartida de estar haciendo cine desde dentro: «Muchos me transmitían agradecimiento por poder hacer un cine de Canarias, con cineastas canarios», rememora.
Sobre el momento actual del audiovisual y las producciones cinematográficas en las Islas, el director reconoce que se vive una etapa de intensa actividad, un «momento dulce» que no está exento de sombras. En este sentido, El exterior contó con el apoyo del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y el de Fuerteventura en materia de localizaciones.
Un contexto que, aunque complejo y sujeto a debate, ha permitido que esta historia íntima tome forma en un territorio que ha servido como escenario y que interpela al espectador, recordándole que quizá, antes de mirar hacia otros mundos, aún quede mucho por comprender del propio.
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