Al objetivo olímpico de Los Ángeles, Quinn Simmons no esconde el sueño de estar en Utah 2034
Hay corredores que parecen no tener suficiente con la dureza del World Tour, con ese calendario que te exprime desde el desierto en enero hasta las hojas muertas de Lombardía en octubre.
Protagonista, por cierto, en Lombardía, Quinn Simmons es uno de ellos.
El de Durango, que ya nos tiene acostumbrados a no dejar a nadie indiferente —sea por su potencia bruta en las fugas o por esas salidas de tono fuera de la carretera—, ha decidido que el arcoíris junior de Yorkshire y sus títulos nacionales no son el techo de su ambición deportiva.
Ahora, apunta a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2034 en Utah.
No es una conjetura; es su plan trazado.
Quinn Simmons quiere ser olímpico en casa, pero no sobre la bicicleta, sino en esquí de montaña.
Para quienes lo ven como una excentricidad de corredor aburrido, conviene recordar que Quinn no es un recién llegado a la nieve: fue bronce mundial junior en esta disciplina antes de que el entonces Trek le pusiera un contrato profesional sobre la mesa.
Su motor, ese que le permitió resistir casi hasta el final el vendaval de Pogačar en el último Giro de Lombardía, se forjó precisamente subiendo pendientes heladas con pieles de foca.
El plan tiene su miga.
Simmons habla de estar en los Juegos de Verano en Los Ángeles 2028 sobre la ruta y, seis años después, cambiar el tubular por el esquí en Utah.
En un ciclismo de especialistas extremos, donde cada vatio se mide con pinzas, que un corredor de su peso y planta se plantee un regreso a la alta competición invernal resulta, cuanto menos, singular.
Es el síntoma de una generación que no entiende de fronteras: si Van der Poel o Pidcock saltan del barro al monte y de ahí al asfalto, Simmons quiere saltar directamente a la estación de esquí.
Sin embargo, cabe preguntarse si esta dispersión de objetivos beneficia a un corredor que todavía tiene cuentas pendientes con las grandes clásicas.
El motor de Simmons es innegable, pero su palmarés, aunque empieza a engordar con triunfos como el del Berguedà en la Volta, sigue pareciendo corto para su potencial.
Veremos si para 2034 este sueño olímpico es una realidad o simplemente otra de las historias que alimentan el mito de un ciclista que, por encima de todo, corre bajo sus propias reglas.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

