La operación ilegal de Donald Trump en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro y el control teledirigido del país abre un nuevo frente y pone en un brete a la diplomacia internacional. El Gobierno de España, cuya posición es especialmente relevante por los lazos históricos con la región, se pronunció inicialmente con cautela y Pedro Sánchez evitó condenar expresamente la violación del derecho internacional. Las primeras palabras de Trump, que puso el foco en el petróleo, sí conllevaron una respuesta más dura por parte del presidente, en línea con la planteada por sus aliados de la izquierda.
Así, España vuelve a chocar con Trump tras el sonado encontronazo por la negativa de Sánchez a disparar el gasto militar al 5% del PIB mientras la UE mantiene una posición más tibia y la apuesta del presidente de EEUU por el continuismo en la figura de Delcy Rodríguez complica el discurso a la derecha española, que siempre ha usado Venezuela para atizar al Gobierno.