Puede que la mayoría de críticos y cinéfilos crean que 2025 ha sido el año de «Sirat». Pobres. La verdad es que si de música moderna y filosofía oriental hablamos, la verdadera triunfadora es la fantástica película de animación de Netflix «Las guerreras K-Pop». Desde que el pasado 20 de junio estuviera disponible en la plataforma más poderosa del planeta, «Kpop Demon Hunters» (título original) se ha convertido en lo más visto de su historia, con más de 500 millones de descargas. Antes, durante su estreno limitado en salas americanas, barrió todos los récords superando a «Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion» (2022), que ostentaba la primera posición de Netflix en cines, y acabó haciendo una taquilla superior al éxito del año: «Weapons».
Es la película de animación más vista de la plataforma, por encima de sus alabados filmes de Spiderman, sobrepasando fenómenos como la primera temporada de «El juego del calamar». Se ha convertido en el primer estreno cinematográfico de Netflix que entra en el top ten estadounidense y su éxito internacional no ha ido a la zaga. En España se ha situado como su título más visto por delante del «Frankenstein» de Guillermo Del Toro o las últimas entregas de «Peaky Blinders» y «Puñales por la espalda». Lo mismo puede decirse de su espectacular banda sonora, cuyas canciones principales se han colocado a la cabeza en todas las listas de éxitos mundiales, recibiendo nominaciones para varios premios. Y lo peor de todo: se lo merece.
Generación K-Pop
«Las guerreras K-Pop» no es, contra todo pronóstico, una película coreana. El fenómeno que ha consagrado definitivamente la música pop coreana del siglo XXI es una coproducción entre Estados Unidos y Canadá, dirigida por los cineastas, ilustradores y animadores Chris Appelhans y la canadiense de origen coreano Maggie Kang, ambos con experiencia en el cine animado. El primero, tras colaborar en «Monster House» (2006), «Coraline» (2009) o «El fantástico Mr. Fox» (2009), debutó como realizador con «El dragón de los deseos» (2021), coproducción con China basada en elementos de su folclore y tradición. La segunda, se ha estrenado como directora con «Las guerreras K-Pop» después de participar en «El gato con botas» (2011) o «Kung Fu Panda 3» (2016) entre otras. Juntos, han fusionado a la perfección el espíritu, la música y buena parte de la letra de la cultura pop y popular coreana y asiática, con la animación 3D más sofisticada, utilizando una serie de temas universales para llegar al corazón de millones de niños, niñas y adolescentes de todo el mundo, sobradamente preparados por años de manga, anime y, por supuesto, K-Pop.
Que «Las guerreras K-Pop» no sea una película coreana pero al tiempo resulte absolutamente coreana ya no es un sinsentido. El K-Pop es patrimonio universal de la humanidad… Al menos de la que vale la pena: los menores de veinte. Desde hace 13 años, el Centro Cultural Coreano en Madrid celebra su concurso de K-Pop, cuyos ganadores representan a España en el K-Pop World Festival de Corea. El fenómeno se extiende imparable: en Perú, el joven Lenin Tamayo revoluciona la escena con el Q-Pop o Quechua-Pop, giro nativo del K-Pop que combina sus ritmos y el rap con letras en quechua y castellano, inglés y coreano e instrumentos y melodías andinas. A Lenin no le han seguido las masas, pero sí artistas como Renata Flores, Alessandra Yupanqui o el grupo de chicas BlingOne, con más repercusión en Asia que en el mundo hispano. Pero no hay que confundir este Q-Pop con el «otro» Q-Pop: el Qazaq Pop, versión del K-Pop que viene del Kazajistán, encabezada por el grupo Ninety One (ya separado), con enorme éxito en su país gracias a sus letras en kazajo. La Ola Coreana ya no viene de Corea sino que corre hacia ella, porque cuando oyes K-Pop ya no hay stop.
El K-Pop lleva varias décadas consagrado como uno de los estilos musicales e incluso audiovisuales más potentes del mundo. Tras destronar al J-Pop, subsumiendo sus elementos principales y llevándolos al paroxismo, las bandas de K-Pop, a través de un ritmo y un sonido que sincretiza la disco-music electrónica moderna, el pop de las boys bands de los 90, el rap más cool, el synth-pop ochentero, las melodías de las divas del pop y la música de las series de animación japonesas, se han viralizado gracias también a una estética violentamente glam y extravagante, inspirada en los mundos y personajes del manga. Un estilo que ha abducido a millones de adolescentes fascinados por la cultura otaku, obsesionados por el cosplay, con sus héroes y heroínas favoritos de anime convertidos en estrellas de carne y hueso. O algo parecido.
Con Occidente hozando tristemente entre las putrefactas ruinas del rock, llenando teatros y salas de conciertos para contemplar la agonía de los grandes saurios en directo, mientras otros se dedican a imitar con pericia técnica vacía de sentido los sonidos muertos del siglo XX, Asia, con Corea del Sur a la cabeza, reinventa y revienta fronteras físicas y culturales con lo único que dota de significado a la verdadera cultura pop: juventud. Bandas como BTS, Stray Kids, Seventeen, Monsta X, Ateez, Blackpink o Twice (cuyas componentes han participado en la banda sonora de «Las guerreras K-Pop») llenan estadios, arrasan y se colocan en el top de las listas de descargas musicales mundiales.
El sonido mezcla la disco-music, la electrónica y las «boy bands» con el rap: ya llenan estadios
Chicos y chicas jovencísimos, de belleza deslumbrante, vestidos y maquillados como héroes futuristas, guerreros post-apocalípticos, gánsteres de los años treinta, colegialas perversas, ninjas del espacio exterior o magical girls, con coreografías espectaculares y sofisticados videoclips mucho más entretenidos y vanguardistas que la mayor parte del cine de Hollywood, devuelven al pop su sentido. Vuelven a ser dioses y diosas paganos (a veces de corta existencia), decorando las habitaciones de las adolescentes, las carcasas de los móviles y si ya no las inexistentes carpetas de estudiante quizá sí las tapas de sus tablets y portátiles. Por no hablar de infinitos vídeos en Tik-Tok, YouTube, Instagram y redes sociales que ni siquiera sospechas que existan… Salvo que tengas trece años.
Todo esto es lo que han querido y sabido sintetizar cinematográficamente los creadores de «Las guerreras K-Pop». Maggie Kang ha introducido también elementos procedentes del folclore y la filosofía orientales, personajes como el Tigre y la Urraca, convertidos ya en populares iconos de la película (los peluches del Tigre se agotaron a través de Internet antes de salir a la venta) o como los Saja Boys, la diabólica banda masculina de K-Pop, cuyo look y nombre se inspiran en la versión coreana de La Parca y en los espíritus encargados en su mitología de guiar las almas de los fallecidos a su destino final tras la muerte. El resultado es la pluscuamperfecta fantasía musical K-Pop para todas las edades, al menos para todos aquellos que sepan prescindir de los prejuicios que nos mantienen anclados a formas culturales muertas o agonizantes, que pueden seguir disfrutándose y recordándose, pero sin servir de lastre a las nuevas cuando merecen la pena, como es el caso.
Visualmente, «Las guerreras K-Pop» lleva la animación 3D a nuevas cotas estéticas y cinéticas, utilizando recursos clásicos del 2D y del anime, como el estilo chibi para los momentos más cómicos, con su caricaturesca deformación momentánea de los personajes. Musicalmente, con habilidad no exenta de malicia, las canciones del filme denotan una mayor influencia del pop occidental estilo diva o de musical Disney, sin por ello desvirtuar la naturaleza techno, rapera y desquiciada del K-Pop, pero haciéndolo más melódico y digerible para todos los oídos.
Filosofía oriental
Narrativamente, «Las guerreras K-Pop», tomando el relevo de la serie de anime franco-coreana «LoliRock» (2014-2023), es una clásica historia de crecimiento, heroísmo, amistad, lucha interior y aceptación, que se traviste de manera inteligente con ropajes actuales de sororidad, empoderamiento y salida del armario (metafórica), sin renunciar por ello al romance del K-Drama con algún toque kawai, al combate arquetípico entre la Luz y las Tinieblas, la acción estilo wuxia, la fantasía épica urbana e ingeniosos apuntes de sátira que exploran a la vez que explotan la naturaleza fáustica del éxito, la ambigüedad del fenómeno fan, el cinismo de la industria idol y los peligros de la popularidad. Todo con mucho sentido del humor y un trasfondo de filosofía oriental que evade los dualismos y maniqueísmos de este tipo de historias, para hablarnos de la búsqueda del equilibrio, la necesidad de admitir nuestra oscuridad interior y de aceptar nuestra verdadera naturaleza.
En definitiva, estas guerreras mágicas protagonizan una animada fábula fantástica musical, donde las canciones están orgánicamente integradas en la acción y contribuyen a la misma, descendiente bastarda y directa de «The Rocky Horror Picture Show» (1975), «Heavy Metal» (1981), «Rock & Rule»(1983) o «Calles de fuego» (1984), pero para una nueva generación. Quizá no la tuya ni la mía, pero una que tiene todo el derecho del mundo a sus nuevos héroes, heroínas, villanos y canciones, a su propia música y estética, moralejas y romances, marcando el ritmo del siglo XXI: el ritmo de «Las guerreras K-Pop».