Siente pudor al explicar en cuántos patronatos participa, cuántas entidades le llaman cuando hay un problema o , el número de causas que atraviesan su vida cotidiana. Presidente de la Cambra de Comerç de Barcelona y de Equity Health Insurance (Kenia), fundador de Plant for the Planet, de Respon.cat, de Ship2B. Autor del libro Plántate, impulsor de proyectos sociales, culturales y humanitarios, entre ellos Medicus Mundi y  Médicos sin Fronteras…, Josep Santacreu huye de la enumeración porque —dice— “parece que lo hagas para figurar”. Y, sin embargo, en su vida hay una constante, estar cuando hace falta. Llamar a quien toca. Conseguir lo que parece imposible, como el barco con el que Open Arms rescata a personas en el Mediterráneo. Hacer de puente.

De la treintena larga de proyectos en los que participa, uno de los que más le llena es Art Singular, un proyecto nacido en familia e impulsado por la Fundació Josep Santacreu, constituida enel  2018, en el primer aniversario de la muerte de Josep Santacreu i Esteve, padre de Josep, muy vinculado al territorio de Guissona y a la idea de bien común. Josep Santacreu y su mujer, Eva Calatayud, han recorrido durante años museos, galerías y ferias de arte contemporáneo, una pasión compartida. El otro eje es la discapacidad. Santacreu fundó Integralia, hace más de 25 años. ArtSingular une esos dos mundos que conocen tan bien. 

Art Singular, un proyecto nacido en familia e impulsado por la Fundació Josep Santacreu

“Seguimos siendo coleccionistas, pero el arte contemporáneo ha tomado una deriva muy conceptual. Requiere un esfuerzo constante”, considera Calatayud. Frente a eso, el arte singular —el que nace de personas con discapacidad, con obsesiones, con miradas distintas— les atrapa “porque es auténtico, pura verdad”. No hablan solo de las obras, sino de las personas. “Siempre hemos estado muy cerca de los artistas, para entender qué les mueve. Pero crear necesita continuidad. Talleres, materiales, espacios. Y recursos. “Y recursos significa vender”, resume pragmático Santacreu.

Su papel, de nuevo, es hacer de puente “sin avasallar”. Respeta profundamente a las entidades sociales, pero las anima a abrir un campo que durante años ha estado prácticamente vacío. “En deporte estamos muy avanzados. En empresa también. Pero en creatividad artística cuesta muchísimo”, reconoce. Cuando empezaron, encontraron entidades con espacio pero sin horario, con voluntad pero sin estructura. Su propuesta fue conectarles con el arte profesional. Y acompañarles en el camino.

'Emociones'. Acrílico y rotulador sobre cartulina de Lucas Jiménez y obra de Marta Pérez‘Emociones’. Acrílico y rotulador sobre cartulina de Lucas Jiménez y obra de Marta PérezArtSingular

Cita el caso de Ampans, en Manresa: “Hoy trabajan allí unos 80 artistas cada día. “No he visto nada igual en Europa”, afirma Santacreu. Y lo dice después de visitar centros en Viena, París, Bélgica o Suiza. Su ambición no es crear un modelo único, sino replicable. “Nos gustaría tener pequeñas Manresas en toda Catalunya”. Que cualquier persona tenga acceso a esta vía de expresión y que quien destaque pueda tener un recorrido real.

La normalización es su obsesión, por eso exponen en museos, galerías y centros de arte, con comidsariado profesional, y rehúyen el término art brut: “Cuando estos artistas exponen, nos gustaría no tener que decir que vienen del sector social”. Calatayud recuerda una muestra donde no se explicó que el artista tenía discapacidad. El resultado fue contundente: premio a la mejor exposición y ventas. “Ahí la mirada es limpia. Están mirando arte”.

Técnica mixta de Marta PérezTécnica mixta de Marta PérezArtSingular

Eva Calatayud, diseñadora gráfica, es quien lleva el día a día; coordina entidades, estructura talleres, edita catálogos, busca comisarios para las exposiciones, cuida la comunicación. “Ella tiene la mirada plástica y la capacidad de ordenar todo esto”, ilustra Santacreu, que bromea: “Yo hago y Eva me deja”.

Calatayud habla también del impacto humano. Padres que lloran al ver por primera vez la obra de sus hijos colgada en una galería. Personas que pasan de esconder dibujos a decir “yo soy artista”. Y enlaza con una reflexión más amplia: el arte siempre ha estado lleno de personajes singulares. También el convencional. “Los artistas más rompedores han tenido miradas diferentes”. Cita a Van Gogh, que dijo: “Prefiero que me llamen loco a que me llamen aburrido”.

Los talleres, insisten no son de manualidades, son espacios de arte

Los talleres, insisten no son de manualidades, son espacios de arte. “Proponemos materiales, formatos, técnicas. Nada más”. El celo puede formar parte de una obra rota de tanto insistir con el lápiz. Un error puede convertirse en lenguaje… A diferencia de otras rutinas muy pautadas, cuando las personas con diversidad funcional se sientan a crear pueden escoger formato, material, parar, hablar, poner música… Esa libertad hace que aguanten más tiempo concentrados y que aparezcan aprendizajes profundos como la autonomía, la autoestima y cómo relacionarse con el otro.

La solidaridad, en su caso, no es solo cosa de pareja. Implica a toda la familia. Sus tres hijas han crecido montando exposiciones, ayudando a enmarcar cuadros, preparando bolsas para niños refugiados que llegan de madrugada a un aeropuerto. “Nunca lo hemos forzado. Simplemente lo han vivido, lo tienen normalizado”, ilustra Calatayud. Cuando pueden, participan. “¿Qué podemos hacer?”, es una pregunta habitual en casa.

Cuando se le pregunta qué le gustaría que no se perdiera, no duda: “Que el Art Singular continúe aunque no estemos”. Que el concepto quede. Que se integre. Que se normalice. “Si eso pasa, yo ya me quedo satisfecho”.

Porque, al final, insiste, el arte singular no pretende nada. “No pretende que te guste. No pretende que sepas de arte”. Está ahí. Y cada cual decide qué hacer con lo que ve. Quizá por eso, sin levantar la voz, dice tanto

Begoña Corzo Suarez