Cuatro partidos en solo siete días para empezar 2026, ocho encuentros en 16 hojas del calendario entre finales y principios de año, la noche de Reyes en un hotel de Belgrado lejos de las familias. La agenda navideña del Valencia Basket refleja el loco maratón en que se ha convertido el baloncesto europeo para los equipos que disputan la Euroliga. Un enfrentamiento tras otro, un viaje sin que apenas haya tiempo de deshacer la maleta, entrenadores que no pueden entrenar porque no hay tiempo y jugadores bajo la lupa de la gestión de minutos para no reventar.

De manera similar al conjunto que entrena Pedro Martínez, el Real Madrid anda de lleno en una espiral de ocho partidos en 17 días de supuestas vacaciones. Siete citas repartidas en 15 jornadas son las que afronta el Barcelona, y siete en 16 el Baskonia. El Valencia viajó ayer a Belgrado para medirse hoy al Estrella Roja, igual que el Madrid voló hasta Lyon para enfrentarse al Asvel Villeurbanne. En ambos casos, ni cabalgata ni noche de Reyes ni regalos abiertos con los suyos a la mañana siguiente para los deportistas con hijos y que celebren estas fechas. También el Barça saltará a la pista este martes, en su caso en un Palau a puerta cerrada ante el Maccabi Tel Aviv.

El Valencia encadena ocho partidos en 16 días entre el 28 de diciembre y el 12 de enero. Desde las 12 campanadas de Nochevieja, sale a encuentro cada día par: el 2 en Bilbao en la Liga Endesa, el 4 en casa ante el Manresa, hoy en Belgrado contra el Estrella Roja, el jueves 8 vuelta a casa en la Euroliga frente al Mónaco, el sábado 10 abre de nuevo el Roig Arena contra el Unicaja en la ACB y el lunes 12 recupera el partido liguero contra el Zaragoza aplazado en diciembre por la alerta meteorológica. Son seis encuentros en 11 jornadas para un equipo que es líder de la Euroliga y segundo clasificado de la Liga con un partido menos que el Madrid.

Pedro Martínez, en la Euroliga ante el Partizán.
Miguel Ángel Polo (EFE)

La secuencia deja a Pedro Martínez apenas sin huecos para entrenar conceptos, corregir desajustes o introducir alguna idea nueva. “La preparación física y técnica es escasa jugando tantos partidos. Luego está la mental, que es la más importante, y ahí nos tenemos que preparar para saber que estamos en un entorno de máxima exigencia por la cantidad de partidos y por los rivales. Jugamos las dos competiciones más duras que hay en el baloncesto europeo. Compatibilizar las dos es complicado. No nos quejamos del poco tiempo pero es una realidad y sobre todo los entrenadores vamos más agobiados porque nos gustaría tener más tiempo para entrenar. La preparación mental es muy difícil porque acabas un partido por la noche y a la mañana siguiente estás preparando otro igual de duro y eso no es fácil”, explica el entrenador catalán.

La carga obliga a jugar con la calculadora en la mano. El cuerpo técnico ajusta los cambios para que ningún jugador supere si es posible los 23 minutos en pista y el Valencia, también como parte de su filosofía de juego rápido y agitado, es el segundo equipo con las rotaciones más cortas de la Euroliga. Un jugador naranja está en la pista una media de 3,6 minutos seguidos antes de volver al banquillo, un ajetreo que en la competición solo supera el París Basketball (2,6).

La “falta de energía” fue uno de los factores que apuntó Sergio Scariolo para explicar la derrota frente al Barcelona en el clásico del domingo, la primera derrota blanca en casa en la ACB tras 37 victorias del tirón. El equipo venía de otro esfuerzo extra para remontar la cita europea contra el Dubai el viernes por la noche. Entre el final de un choque y el principio del otro apenas pasaron 37 horas. “Antes había la norma de que debían pasar 48 horas entre partido y partido. Ahora los jugadores no pueden tener una recuperación completa”, comentó Scariolo.

Como el tren no se detiene, hoy toca la visita al Asvel, el jueves el choque en el Movistar Arena contra el Maccabi, también sin público, y el domingo el broche a la paliza en Andorra. “Con este ritmo, el margen para que los jugadores asimilen y digieran cualquier indicación es mínimo. No hay tiempo ni repeticiones para que lo entiendan”, asume el preparador italiano. El capitán blanco, Sergio Llull, padre de tres niñas y ya con 1.200 partidos con el Madrid en las piernas, también elevó la voz después del clásico: “No sé si esto le parecerá normal al que hace el calendario, a mí no. Tanto para un equipo como para el otro, no es una excusa que ponga yo a esta derrota, es un llamamiento al sentido común”. El Madrid, por ejemplo, viajó el día de Navidad y entrenó el 1 de enero.

La ampliación este curso de la Euroliga a 20 equipos ha sobrecargado el calendario en una competición extenuante en la que seis clubes han cambiado de entrenador antes del ecuador de la fase regular (Estrella Roja, Barcelona, Partizán, Armani Milán, Efes y Bayern Múnich). Los tres primeros, Valencia, Hapoel y Fenerbahçe (los turcos con un partido menos) suman solo una derrota menos (seis) que el Madrid que estableció el récord en la temporada 2023-24 (con 18 participantes). La tensión es máxima y la guillotina está afilada.

Las angustias del calendario acorralan también a las ventanas de selecciones. En el parón de noviembre coincidieron en días sucesivos encuentros de clasificación para el Mundial de 2027 y choques de la Euroliga. La encrucijada obligó a las federaciones, como la española, a prescindir de muchos de sus mejores jugadore, o bien a palizas como la de Shengelia, que un miércoles jugó 21 minutos con el Barça en el Palau ante el Asvel y el jueves voló a Tbilisi, a 4.500 kilómetros, para disputar otros 30 con Georgia ante Ucrania.

La saturación está en el punto de mira de la futura NBA europea, que de la mano de la FIBA apuesta por una competición de 16 equipos en lugar de los 20 de la Euroliga. Esa guerra abierta entre los dos gigantes marca hoy el presente del baloncesto europeo en un momento decisivo. Mientras, la rueda continúa.