Mientras el mundo sigue atónito el reacomodo de la vicepresidenta Delcy Rodríguez ofreciéndose a trabajar conjuntamente con Estados Unidos, los ojos de Venezuela siguen de cerca los movimientos en el ejército como el gran actor en la sombra capaz de dar salida a la situación o de enrocarse y plantar cara a la agresión estadounidense.

La madrugada del 3 de enero todo el entramado defensivo venezolano saltó por los aires: el armamento ruso, incluidos los sukoi de los que presumía el madurismo y que torturaban con sus sobrevuelos a los caraqueños, los sofisticados sistemas defensivos chinos o el círculo de seguridad cubana, quedó inutilizado en pocos minutos. De hecho, el golpe a las telecomunicaciones fue tan contundente que tres días después de la detención de Maduro el ejército venezolano sigue inoperativo, han reconocido algunos de los soldados heridos aquella madrugada. Incluso el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel reconoció que 32 soldados cubanos murieron en “acciones combativas”, durante la intervención estadounidense. Díaz-Canel admitía de esta forma un secreto a voces y es que desde hace dos décadas la estrategia defensiva de la presidencia venezolana: la cámara acorazada, las distintas viviendas en las que dormía el matrimonio presidencial o los muchos teléfonos que utilizaban Maduro y su esposa estaban a cargo del llamado primer círculo de defensa y que todo ello se vino abajo en dos horas, el tiempo que duró el operativo sobre Caracas de los soldados del Delta Force y el 160 Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales.

La presidenta Delcy Rodríguez, flanqueada a su izquierda por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y a su derecha por Diosdado Cabello, ministro del Interior, y Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, este lunes en Caracas tras el juramento.MIRAFLORES PALACE HANDOUT (EFE)

“El régimen está intacto, pero incapacitados para la defensa aérea ni posibilidad de comunicaciones para algo tan básico como internet o radiocomunicaciones, eso imposibilita la fluida comunicación entre los mandos”, dice el coronel retirado Gustavo Díaz.

Pero nada del sonrojante papel de las FANB ha hecho perder poder al ejército, al menos por el momento. Cuando la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, pronunció un discurso condenando la captura de Maduro por Estados Unidos, lo hizo acompañada por los dos hombres que pueden determinar el futuro del régimen: el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, al frente de la policía y el ejército de Venezuela, las fuerzas que mantuvieron a Maduro en el poder durante más de una década con una represión mortal contra la disidencia. Sobre el primero se ofrece una recompensa de 25 millones de dólares y sobre el segundo 15, por supuestos vínculos con el cartel de los soles.

El presidente Maduro conversa con el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, durante la ceremonia por el bicentenario de la entrega de la ‘Espada de Perú’ a Simón Bolívar, el pasado 25 de noviembre en Caracas.Jesus Vargas (Getty Images)

Nacido en 1963, Vladimir Padrino López es uno de los militares más longevos en el núcleo duro del chavismo. Desde 2014 ocupa el Ministerio de Defensa, convirtiéndose en el general con más tiempo continuado en ese cargo en la historia reciente de Venezuela. Aunque sus hijos residen en España, Padrino López es uno de los interlocutores habituales con Moscú, aunque la tibia reacción de Putin le resta fuerza como interlocutor. La principal cuestión a partir de ahora es saber si Padrino López actuará como un militar institucional que evita el colapso del Estado o como el último guardián ideológico del chavismo. Si Padrino López prepara una transición o la resistencia.

Con 2.400 generales, más que todo el ejército de Estados Unidos (España tiene poco más de 200) Hugo Chávez y Maduro diseñaron a las fuerzas armadas chavistas para exhibir fortaleza militar aunque su principal misión fue siempre la represión contra la oposición, bien de los jóvenes en las calles, o contra la disidencia dentro de las Fuerzas Armadas, con quienes se ha ensañado. A pesar de los avisos previos, cuando debieron hacer frente al fuego real sobre Caracas, este fracasó de forma clamorosa.

Un soldado, en un vehículo blindado, el pasado 4 de enero en Caracas, horas después del ataque de EE UU. Associated Press/LaPresse (APN)

El poder militar chavista ha forjado su lealtad en los muchos negocios que han florecido a su alrededor y que ahora se ven amenazados. A diferencia de Cuba, donde el castrismo se garantiza la lealtad de los militares gracias a la entrega de negocios como empresas turísticas o la compañía aérea en el caso de Venezuela, “la lealtad del ejército se garantizó con el control de distintos rubros que aportan ingresos a las distintas facciones militares. Así está el general de la carne, el de las fronteras, el del oro, el de los lácteos…, señala el excoronel venezolano. “A esto hay que añadir los vínculos con las guerrillas como las FARC o el ELN”, añade.