La gripe continúa pasando factura en Asturias en términos de mortalidad. La cifra de fallecimientos del pasado mes de diciembre, una vez actualizada, ya es la más alta en este mes desde 2020, primer año de la pandemia de covid-19.

El mes pasado se registraron en el Principado un total de 1.342 decesos, según el dato difundido por el MoMo (Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, dependiente del Instituto de Salud Carlos III y, en última instancia, del Ministerio de Sanidad). Esta herramienta de contabilidad ha aumentado en 63 decesos sus estimaciones iniciales referidas al último mes del año.

Los primeros días del mes de enero también se están caracterizando por una elevada mortalidad. A fecha 5 de enero, el MoMo habla de 255 muertes. De mantenerse esta tendencia (conviene tener en cuenta que el comportamiento de la gripe siempre es impredecible), el balance final de enero podría ser muy alto. En enero de 2024, en Asturias se contabilizaron 1.557 muertes, una cifra elevadísima.

Todas estas cifras son globales, se refieren a muertes por todas las causas. Pero es acervo común la idea de que la mortalidad de los meses de invierno está muy condicionada por las infecciones respiratorias y, singularmente, por el nivel de agresividad de la gripe.

De esta manera, la cifra de fallecidos en Asturias en diciembre de 2025 superó en 226 las del mismo mes de 2024, e incluso se aproximó a las 1.388 de diciembre de 2020, mes de fuerte impacto de la pandemia de covid-19.

Más fallecimientos de los esperados

Según el MoMo, los 1.342 decesos de Asturias del pasado diciembre significan 63 muertes más de las esperables con arreglo a las estadísticas de años previos. Y las 255 muertes de los primeros días de enero son 42 más de las previsibles con las cifras anteriores en la mano.

Entre los posibles motivos de los incrementos de esta temporada, uno destacable es que, en la temporada pasada, la composición de la vacuna de la gripe coincidió en gran medida con los virus que realmente circularon, y el resultado fue la menor mortalidad en otoño-invierno (de noviembre a febrero) en varios años. En cambio, en este invierno, el acierto en la composición de la vacuna ha sido menor, y la consecuencia es un aumento de la mortalidad.

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