Un equipo como Cofidis decide que el Giro no le sale a cuenta
La posible renuncia del Cofidis a su plaza fija para el Giro de Italia 2026 ha sacudido el tablero.
Lo que sobre el papel se presenta como una decisión técnica y logística, es en realidad un síntoma evidente de cómo funciona este ciclismo de presupuestos ajustados y puntos UCI que valen más que la propia épica.
La maniobra no es baladí: un equipo de la máxima categoría decide que el Giro no le sale a cuenta, abriendo un escenario de incertidumbre y oportunidades a partes iguales.
Cofidis además no es un equipo cualquiera, pues muchas veces pasa por ser patrocinador de la carrera, al margen de poner el equipo.
Esta noticia, que leemos en Marca, ha encendido rápidamente los titulares porque su consecuencia colateral es directa para nuestro ciclismo: esa renuncia liberaría una wild card adicional y los ojos de RCS parecen mirar ahora hacia las estructuras españolas.
No nos engañemos ni caigamos en el optimismo barato.
Que el Giro “abra la puerta” a un equipo español —ya sea el Kern Pharma, Euskaltel o Caja Rural— porque una escuadra francesa prefiere centrar sus fuerzas en salvar la categoría en el Tour y la Vuelta, no es motivo para tirar cohetes.
Es, más bien, la constatación de que nuestras estructuras viven pendientes de los descartes de los grandes.
El enfoque es singular y nos obliga a una reflexión necesaria sobre si un equipo español debe celebrar una invitación que nace exclusivamente de la renuncia ajena.
Para la organización de la carrera, la entrada de un equipo de aquí garantiza combatividad, fugas consentidas y esa cuota de heroísmo necesaria para rellenar las etapas de transición.
Sin embargo, para los nuestros, el Giro es una trampa de cristal.
Es una carrera bellísima, probablemente la más estética del calendario, pero es también una devoradora de recursos económicos y humanos.
Desplazar una estructura completa a Italia durante tres semanas sin la seguridad de un retorno publicitario claro es un riesgo que muchos asumen por pura desesperación.
Además, el nivel actual es asfixiante e ir al Giro a “dejarse ver” ya no basta en un ciclismo donde los equipos de segunda fila sufren lo indecible para simplemente terminar dentro del fuera de control.
Si el Cofidis se quita de en medio, no es por cortesía ni por hermandad.
Es puro pragmatismo.
El equipo de Vasseur sabe que el Giro es una trituradora de corredores y prefieren guardar la ropa para julio y agosto.
Mientras tanto, aquí, parece que nos frotamos las manos esperando que RCS Sport levante el pulgar.
Seamos críticos: el ciclismo español necesita plazas fijas por méritos propios, no depender de si en Francia deciden que los Dolomitas les pillan a desmano.
Si finalmente un equipo español desembarca en el Giro 2026, que sea para competir de tú a tú, no para ser el relleno agradecido de una plaza vacante que nadie más quería ocupar.

