La disputa de los Mundiales de 1995 en Diutama costituye uno de los momentos más importantes en la historia del ciclismo español. El departamento de Boyacá, Colombia, ha pasado a la historia como escenario de uno de los campeonatos más duros que se recuerdan, pero también como el lugar en el que dos ciclistas españoles se proclamaron campeones del mundo en carretera por primera vez en la historia.

El ciclismo nacional no estaba precisamente falto de alegrías a mediados de los 90. Indurain, que no tardaría en ser uno de los grandes protagonistas del día, aterrizaba en Colombia después de conquistar su quinto Tour de Francia consecutivo, erigiéndose como ídolo absoluto de una afición que antes había celebrado las victorias de Perico Delgado, Luís Ocaña y Federico Martín Bahamontes. La lista de éxitos era extensa, pero hasta la fecha ningún ciclista nacional había conseguido enfundarse el codiciado maillot arcoíris.

Esta historia iba a cambiar para siempre en Diutama de la mano de Miguel Indurain y de Abraham Olano, dominadores absolutos de aquella edición, en la que empezaron empezaron colgándose el oro y la plata en la prueba contrarreloj para posteriormente invertir posiciones en la prueba en línea. Aquellos días fueron unos de los más felices para el ciclismo nacional, aunque no todo fueron luces para la delegación española en su desplazamiento a Colombia.

Indurain y Olano posan con las medallas de oro y plata en los Mundiales de Ciclismo de 1995 celebrados en Diutama

Indurain y Olano posan con las medallas de oro y plata en los Mundiales de Ciclismo de 1995 celebrados en Diutama / Reuters

Gracias al libro ‘Dori Ruano. La vida como deporte de fondo’ de Jorge Matesanz, editado por Libros de Ruta, en el que se repasa la trayectoria de la ocho veces campeona de españa y campeona del mundo en puntuación, podemos conocer los entresijos de las competiciones más destacadas en las que participó, entre ellas el Campeonato Mundial de Ciclismo de 1995. Uno de los capítulos detalla como las victorias de Indurain y Olano estuvieron cerca de quedar empañadas por el trato desigual que recibieron la delegación masculina y femenina.

Un amago de rebelión adelantado a la época

La exigencia de la altitud, el clima y la diferencia horaria obligaron a las selecciones participantes a planificar el viaje con semanas de antelación con el objetivo de aclimatarse al terreno colombiano. En el caso particular de la expedición española, existieron diferencias sangrantes entre los equipos masculino y femenino, ya que mientras los primeros tenían cubiertas la totalidad de sus dietas, las segundas debían de pagar de su bolsillo todo gasto que no correspondiese a los vuelos o al hotel.

Portada del libro 'Dori Ruano. La vida como deporte de fondo' de Jorge Matesanz

Portada del libro ‘Dori Ruano. La vida como deporte de fondo’ de Jorge Matesanz / Libros de Ruta

En ese mismo capítulo, Matesanz menciona una frase pronunciada por el padre de Dori Ruano que estuvo muy presente en la mente de la ciclista en los días previos al desplazamiento. «Cuando vas a la huelga pierdes en el corto plazo, pero ganas en el largo».

Esta evidente desigualdad llevó a la salmantina a encabezar las protestas de las ciclistas, que llegaron a solicitar una reunión con Ignacio Labarta para reclamar una mejora en sus condiciones bajo la amenaza de no formar parte de la expedición.

La causa del equipo femenino era tan noble como justa, pero quizás fue demasiado adelantada para el contexto de la época. Una vez trasladaron sus condiciones con la vana esperanza no ya de equipararlas a las del equipo masculino, sino de obtener una muestra de buena voluntad, la respuesta oficial que recibieron fue tajante. «El avión sale mañana de Barajas, la que no quiera venir que se quede en casa».

La firme oposición de Labarta y el riesgo de perder la oportunidad de participar en el Mundial terminaron amedrentando al equipo femenino, que acudió en bloque al aeropuerto. En palabras de la propia Ruano, gran parte del equipo había normalizado el hecho de no recibir ayudas, llegando a pensar incluso que no las merecían.

Dori Ruano, en una imagen de archivo

Dori Ruano, en una imagen de archivo / Archivo

La decepcionante respuesta recibida y las evidentes desigualdades en la preparación marcaron el desempeño del equipo femenino en Colombia, que se quedó muy lejos de emular la meritoria quinta posición en la prueba contrarreloj por equipos del Mundial de Japón. Pero su discreta actuación, además de las reivindicaciones anteriores, quedaron completamente eclipsadas por los oros de Indurain y Olano.

Lo acontecido en Diuama quedó en el imaginario colectivo como un éxito rotundo por parte de la delegación española, por lo que el amago de motín apenas tuvo repercusión. No obstante, aquel día Dori plantó una semilla que poco a poco ha ido dando sus frutos, propiciando que el abismo que separaba al ciclismo masculino del femenino cada año sea más reducido.