Por David Castellanos y Mar Ampuero |
Ayuda volver a lo básico, ponerlo como punto de partida de lo que sea que nos propongamos. Tendemos muchas veces a complicar las cosas y los procesos. El neuropsicólogo Saúl Martínez-Horta recomienda no olvidarnos de “usar el cerebro para aquello para lo que la evolución lo construyó, que es resolver problemas, relacionarse con personas, aprender nuevas cosas”. Porque se trata de cuidarlo, y así, cuidarnos. Cómo hacerlo es lo que cuenta en un libro titulado “El cielo que olvida sus estrellas”.
En una entrevista a EFE Salud, Martínez-Horta, también director de la unidad de Neuropsicología del Centro de Diagnóstico e Intervención Neurocognitiva de Barcelona, destaca: “Enfermar o no depende de muchísimos factores. La cuestión es cuando ello suceda, si llega a suceder, cómo va a suceder. Y el aspecto que va a tener una misma enfermedad puede ser muy distinto si hemos dedicado una parte de nuestra vida a algo tan obvio como cuidarnos”.
Se refiere a las enfermedades neurodegenerativas, que cuando se diagnostican, suponen un varapalo para pacientes y familias. De aquí brota ‘El cielo que olvida sus estrellas”.
“El motivo por el cual he escrito este libro es esencialmente porque en muchas ocasiones tenemos que dedicar muchísimo tiempo a contar a las familias qué es lo que les está sucediendo, qué es lo que va a pasar, responder a preguntas que a nosotros nos parecen muy obvias pero que para las personas que van a convivir con enfermedades del sistema nervioso durante toda su vida nadie se las ha podido responder”, explica.
En EFE Salud hablamos con Martínez-Horta sobre esta suerte de “ manual” que ayuda a aquellas personas con enfermedades neurodegenerativas y a sus familiares a comprender el “porqué de lo que les ha tocado vivir».
Factores de riesgo de las enfermedades del cerebro
No es sencillo contar cómo funciona el cerebro, aún envuelto en misterio. Pero las zonas de claridad van ganando terreno. “Hace mucho tiempo que sabemos que el producto de la función cerebral, algo tan complejo como la mente humana, como la memoria, la consciencia, las emociones, no están en un lugar ni dependen de un lugar, sino que son consecuencia de una compleja interacción de múltiples actores que de algún modo dialogan entre ellos, algo así como un concierto perfectamente coordinado”.
En el libro, Martínez-Horta recurre a una analogía. Dado que en el cerebro muchos actores interactúan y dialogan entre sí, el retrato de cuanto acontece podría asemejarse al “mapa de una ciudad en la que están sucediendo una infinidad de cosas”.
Conocer el mapa es clave para conocer los riesgos. ¿Y cuáles son los riesgos, por tanto, de las enfermedades neurodegenerativas?
EFE/Sashenka Gutiérrezááá
Si dejamos al margen la parte genética que puede determinar que una persona padezca una enfermedad, Martínez-Horta enumera los siguientes:
- El aislamiento social. Somos seres sociales. En consecuencia, “el impacto de la relación social en la construcción del cerebro, tal y como lo entendemos, es fundamental”, comunica Martínez-Horta.
- La hipertensión arterial. La elevada y continua presión golpea los vasos sanguíneos cerebrales, que van dejando pequeños sangrados y cicatrices y pueden dejar tejido muerto neuronal disfuncional.
- El azúcar. Esta sustancia intoxica. El exceso de glucosa en casos de diabetes va causando un daño progresivo en el cerebro.
- La obesidad y los niveles altos de colesterol LDL y de triglicéridos.
- El tabaquismo y el consumo de alcohol y de drogas. A este respecto, asegura Martínez-Horta: “En nuestra cultura se ha normalizado un patrón de uso y de abuso del alcohol con fines lúdicos, con fines sociales que desde una perspectiva de salud cardiovascular y desde una perspectiva de salud cerebral no tiene ningún sentido”. “No hay dosis de alcohol saludable”, concluye.
Consejos para cuidar el cerebro
Seguimos en el mapa de la ciudad. Vistos los riesgos, vayamos a los consejos.
Como punto de partida, y retomamos así el comienzo de este texto, acudir a lo básico; a lo obvio. «La verdad es que no hay que buscar nada demasiado mágico. Es decir, tenemos la suerte de vivir en un país en el que disponemos de la mayoría de los factores que nos ayudan a protegernos».
Y estos son:
- Actividad física y ejercicio
«Básicamente, no olvidarnos de usar el cerebro para aquello que la evolución lo construyó, que es resolver problemas, que es relacionarse con personas, que es aprender nuevas cosas”, señala Saúl Martínez-Horta.
Enfermedades del cerebro: ¿Existe una más agresiva que otra?
Con respecto a las enfermedades neurodegenerativas, Saúl Martínez-Horta matiza que la más agresiva es aquella que te toca vivir.
“La enfermedad más grave es aquella que te afecta y no hay una competición en torno a cuál es mejor o cuál es peor, sino que para el individuo que la sufre esa es la peor, para él y para su entorno”, opina el especialista.
Hay enfermedades del cerebro que tienen “una crudeza especial” por la velocidad con la que suceden, como las enfermedades priónicas, que son rápidamente progresivas.
Pero también, por el factor hereditario, la enfermedad de Huntington. “El hecho de que los hijos nazcan con el riesgo de haber heredado la mutación que les causará la misma enfermedad con la que habrán visto enfermar y morir a su padre o a su madre” tiene un importante peso psicológico.
La importancia de una divulgación científica veraz en redes
Saúl Martínez-Horta divulga su conocimiento en X (antes Twitter) y se define como un “divulgador muy honesto”. Cree que “transmitir conocimiento en torno a la salud se tiene que hacer con mucha humildad.
Habla de la importancia de divulgar con conocimiento y con evidencia. “Es muy fácil divulgar sin contar la verdad”, alerta el neuropsicólogo.
En ciencia, dice, para que algo se convierta en avance científico, además de someter la investigación a un “método muy riguroso”, la comunidad científica revisará y cuestionará si es válido y veraz.
En redes sociales, en cambio, no hay un control sobre lo que es veraz, y cree que eso es “peligrosísimo”, especialmente cuando se habla de temas de salud.
Advierte sobre el problema de dar más credibilidad a un divulgador según el número de seguidores que tenga en Instagram. Y hace un llamamiento al mundo de la comunicación para plantearse a controlar de manera firme quién debe contar cierta información.