Bernini fue un escultor enormemente prolífico, en sus 82 años de existencia dio forma a decenas y decenas de esculturas, muchas de ellas grandes obras maestras. Fue el escultor más importante del Barroco y disfrutó de gran fama en vida: estaba tan solicitado que trabajaba exclusivamente por encargo.
En toda su dilatada carrera Bernini sólo hizo una única y solitaria escultura por puro gusto, sin que mediara comisión o petición alguna. Fue en 1637 cuando, con 40 años y en la cúspide de su éxito y de su poder, cinceló en mármol blanco el busto lleno de sensualidad de una mujer con los labios entreabiertos: Costanza Piccolomini, su joven amante de 23 primaveras.
La escultura desafió las convenciones de la época: en el siglo XVII no se estilaban los bustos de mujeres vivas, y los pocos que se realizaban eran siempre de mujeres nobles y siguiendo estrictas normas de modestia y decoro. Costanza, sin embargo, no respondía a esas reglas: pertenecía a una familia modesta, era la mujer de uno de los ayudantes de Bernini, y su retrato en mármol no transmitía precisamente recato, sino voluptuosidad y erotismo. “Es la invitación más sexy de la historia de la escultura europea”, en palabras de Simon Schama, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Columbia.
Un año después de inmortalizar a Costanza en mármol, Bernini envió a uno de sus sirvientes a que le rajara la cara con un cuchillo, dejándola marcada de por vida.
Cubierta de ‘Costanza’, de Rachel Blackmore.
La historia de Costanza ha permanecido sepultada en el olvido durante siglos, ensombrecida bajo la indiscutible genialidad de Bernini. Pero ahora la escritora británica Rachel Blackmore la saca a la luz en Costanza, una novela histórica publicada en España por la editorial Maeva que rescata la vida de la que fuera musa, amante y víctima de Bernini. Una mujer cuyo bello rostro fue desfigurado por orden del escultor, que quiso de ese modo castigarla por atreverse a amar a otro hombre.
La propia Rachel Blackmore se enteró de la existencia de Costanza por pura casualidad, mientras preparaba unas vacaciones en Roma. “Vi un documental sobre esa ciudad en la BBC. Dos historiadores de arte hablaban del genio de Bernini y mencionaron de pasada a una amante que había tenido y a la que le había rajado la cara, pero no dijeron su nombre. Esa mujer sin nombre me atormentó. Y cuando investigué la historia de Costanza, me impactó enterarme de que era mucho más joven y menos poderosa que Bernini. Mi tarea como escritora fue darle voz a Costanza”, nos cuenta.
‘Apolo y Dafne’, escultura realizada por Gianlorenzo Bernini entre los años 1622 y 1625. (Galería Borghese)
Costanza pertenecía a la rama pobre y venida a menos de una noble familia de Siena. Tenía 18 años cuando se casó con Matteo Bonucelli, diez años mayor que ella y quien en 1636 comenzó a trabajar para Bernini en calidad de asistente. Cuando Costanza y Bernini se conocieron, ella era una mujer casada de 22 años y él un soltero de 39. Iniciaron una relación sentimental y fue entonces cuando Bernini esculpió en mármol el busto de Costanza, que hoy se conserva en el museo Bargello de Florencia. “El retrato más bello jamás realizado por Gianlorenzo”, según dictaminó en octubre de 1637 el escritor y diplomático Fulvio Testi, amigo del escultor, en una carta al conde Francesco Fontana.
Pero a finales del verano de 1638 estalló el escándalo. Bernini enfureció de ira cuando descubrió que su hermano Luigi también mantenía un romance con Costanza. Y para castigar a la joven recurrió a una forma de venganza bastante habitual en la época: el sfregio, el marcarle la cara para siempre. Envió a uno de sus criados a ver a Costanza con la excusa de entregarle un regalo y, al encontrarse frente a la joven, el sirviente le rajó el rostro con un cuchillo.
“Bernini se sintió humillado, lo que resultó muy peligroso para Costanza. No se trató de un crimen pasional; el artista planeó su castigo”, sentencia Rachel Blackmore, recordando la frase de Margaret Atwood: “Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten”.
Tras recibir un corte en la cara, Costanza fue encerrada en un instituto/monasterio para «mujeres descarriadas» como castigo por adúltera
En la época de Costanza, en el siglo XVII, estaba muy extendida en Italia el sfregio, la monstruosa práctica de rajarle a una mujer la cara como castigo por sus infidelidades. “Marcar el rostro de una mujer era una advertencia pública y una humillación, al dejar claro delante de todos que se trataba de una persona sin honor”, explica Blackmore. De hecho, Costanza no sólo recibió un corte en la cara por orden de Bernini, sino que después de eso fue encerrada en la Domus Pia de Urbe, un instituto/monasterio para “mujeres descarriadas», como castigo por haber sido adúltera. Estuvo allí unos cuatro meses, hasta que el 7 de abril de 1639 fue puesta en libertad y “devuelta a su marido” tras escribir una desgarradora súplica al gobernador rogándole que la pusieran de nuevo bajo la tutela de su esposo.
El criado que le rajó la cara fue, por su parte, condenado al destierro, mientras que a Gianlorenzo Bernini el papa Urbano VIII le impuso el pago de una gigantesca multa de 3.000 escudos, de la que sin embargo fue posteriormente exonerado. “Yo creo que el Papa pensó que ‘los chicos son chicos’, y que la suya había sido una conducta vergonzosa para el artista favorito del Vaticano. Al final a Bernini se le ordenó que se casara, lo que no fue precisamente un castigo”, desvela la autora de Costanza. Bernini efectivamente se desposó en mayo de 1639 con Caterina Tezio, una romana hija de un abogado, con quien tuvo 11 hijos.
“Mi sensación es que Bernini pensó que el ataque contra Costanza podía dañar su reputación y por tanto su negocio, así que se mostró feliz de casarse”, sostiene la escritora.
Autorretrato de Gianlorenzo Bernini de joven, pintado en torno a 1623. (Galería Borghese)
Desfigurarle a alguien la cara, especialmente a una mujer, es una práctica que desgraciadamente cuenta con una larga y dilatada historia que llega hasta nuestros días, en los que se han registrado varios los ataques perpetrados con ácido por hombres contra novias, esposas y amantes. Pero ya en la época clásica, por ejemplo, la amputación de la nariz se usaba como forma de castigo. “En la Grecia clásica la nariz representaba el carácter moral de una persona. La mutilación no era sólo una lesión física, sino un golpe brutal a la identidad”, señala Rachel Blackmore, al tiempo que subraya que con frecuencia se recurría al corte en la cara para castigar a las mujeres que osaban transgredir la moral sexual.
“En el Antiguo Testamento, Dios le dice a la prostituta Oholibá que sus amantes le cortarán la nariz y las orejas”, destaca la autora, revelando cómo una excavación arqueológica en Inglaterra ha sacado a la luz el cráneo de una niña de entre 15 y 18 años, que vivió entre el 776 y el 899 a. C. y a quien le habían cortado la nariz y la boca. “En Inglaterra, el rey Canuto incorporó el corte de nariz a la legislación inglesa en el siglo XI. En la Alemania del siglo XIV, el corte de nariz era una práctica muy común en casos de adulterio femenino, y en Augsburgo se utilizaba como amenaza contra las prostitutas por mostrarse en público en determinados momentos. En la época de Costanza, era un castigo muy extendido en Italia contra las esposas adúlteras”.
“Bernini fue uno de los artistas más grandes de todos los tiempos, pero también fue un hombre violento y coercitivo”, sentencia Blackmore.
En la Alemania del siglo XIV el corte de nariz era una práctica muy común en casos de adulterio femenino, y lo mismo en la Italia de Costanza
Costanza, a pesar de todo, logró rehacer su vida tras el sfregio y convertirse en una reputada marchante de arte.
A partir del próximo 12 de febrero, y hasta el 14 de junio de 2026, el Palacio Barberini de Roma dedicará una gran exposición a Bernini. ¿Recordará esa muestra lo que el artista le hizo a Costanza? Al menos tenemos el libro de Rachel Blackmore para no olvidarlo.