Steven Spielberg no quería rodar La lista de Schindler. Conocía la historia y tenía los derechos de producción, pero no se creía competente para abordarla. Por eso, se la ofreció a varios directores, que la rechazaron. En última instancia, tuvo que claudicar y ponerse tras la cámara. El resultado no le quedó del todo mal: una de las películas más celebradas en décadas, un aluvión de Oscar y referencia cinematográfica infalible sobre el Holocausto. En España, La lista de Schindler puede verse en Filmin.
Estrenada el mismo año que Parque Jurásico, Steven Spielberg no disfrutó especialmente mientras filmada La lista de Schindler. Se sabe que, entre toma y toma, en ocasiones se refugiaba en una de sus series favoritas, la sitcom de moda por entonces, Seinfeld, para poder quitarse el mal sabor de boca de lo que acababa de revivir con su cámara. En este sentido, Robin Williams desempeñó un papel esencial. Te contamos por qué.
¿Cómo contribuyó Robin Williams a ‘La lista de Schindler’?
Su muerte fue una de las más lloradas en Hollywood. No contamos a los miles de millones de espectadores que sentían a Williams como a uno más de su familia, sino a decenas de actores y directores incapaces de decir una mala palabra contra el intérprete. Steven Spielberg, con el que trabajó en Hook e Inteligencia Artificial, recordó en el festival de Tribeca, cuatro años después de su fallecimiento, la importancia de Williams en La lista de Schindler.
No aparece acreditado en los títulos. No fue valorado para ningún papel. Ni siquiera pisó el plató de rodaje. Pero si La lista de Schindler salió adelante (y en la forma en que lo hizo) fue, al menos en una pequeña parte, gracias a él. El ánimo del equipo de Spielberg era parejo al de su director: pese a tratarse de una película, en ocasiones olvidaban que el horror en celuloide que los rodeaba no era real. Además, habían tratado a varios supervivientes, se habían documentado, en casos como el de Ralph Fiennes, hasta la locura, y escuchado historias estremecedoras.
Robin Williams, mientras trabajaba en otros proyectos, oyó que su amigo Steven no vivía un buen momento y lo llamó por teléfono. La llamada desembocó en una larga conversación que pronto se convirtió en un monólogo cómico de Williams.
Y, luego, en costumbre: “Robin sabía por lo que yo estaba pasando”, recordó Spielberg. Así que ambos convinieron en llamarse una vez a la semana, siempre a la misma hora. “Interpretaba un monólogo cómico de 15 minutos por teléfono y me hacía llorar de la risa. Cuando me provocaba la mayor carcajada posible, colgaba. Así era él. No admitía comparación”.