«Hoy hemos otorgado el título de arquitecto a un loco o a un genio», comentó en 1878 Elies Rogent, en aquel momento director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona. El genio, ahora lo sabemos, no era otro que Antonio Gaudí, del que este 2026 se conmemora el centenario de su muerte con un programa de actividades que no tiene desperdicio. El Año Gaudí llega pisando con fuerza para ser uno de los hitos culturales de este 2026.

Un programa que tendrá como punto álgido la coronación de la Sagrada Familia como el templo más alto del mundo, a la espera de la beatificación de su autor, Antonio Gaudí, seguramente con la presencia del nuevo Papa, León XIV, en la basílica. Todo ante la Unión Internacional de Arquitectos, que este verano reunirá en Barcelona a 10.000 profesionales ante los que se presentarán los últimos estudios sobre el maestro del Modernismo. Gaudí murió el 10 de junio de 1926 (tres días después de ser atropellado por un tranvía) tras haberse consagrado ya como arquitecto con obras como la Pedrera, la Casa Batlló y todas las auspiciadas por su gran mecenas, Eusebio Güell: desde la cripta de su colonia fabril al Park Güell, ideado como una futurista —para la época— urbanización a las afueras de Barcelona. Para entonces, el arquitecto se hallaba inmerso en la que sería su gran obra, la Sagrada Familia. Un templo expiatorio en el que Gaudí dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: la arquitectura y una profunda fe religiosa. Un siglo después, las decenas de instituciones y entidades que gestionan las obras de Antonio (o Antoni) Gaudí en toda España se han unido para conmemorar el centenario de su muerte.

No en vano se trata del arquitecto que tiene más obras reconocidas como Patrimonio Mundial por la Unesco (7). Gaudí representa para la Unesco una «excepcional y destacada contribución creativa al desarrollo de la arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX». Además, «anticipó e influyó en muchas de las formas y técnicas que fueron relevantes para el desarrollo de la construcción moderna del siglo XX». Y lo hizo con «ejemplos destacados de diferentes tipologías constructivas», tanto residenciales como públicas.

La coronación de la Torre de Jesús, la cúspide de la Sagrada Familia, será sin duda el momento álgido de este Año Gaudí, que los responsables de la construcción del templo han querido celebrar por todo lo alto. Con sus 172,5 metros de altura, la estructura se completará con la colocación de una gran cruz tridimensional de cuatro brazos y 12 metros de alto, similar a las que podemos ver en otras obras del catalán como la Casa Batlló, el Park Güell o la Torre Bellesguard.

Pero el legado de Gaudí está representado en todos sus edificios, como el Palacio Güell, la Casa Vicens, el Colegio de las Teresianas o la Nau de Mataró, además de las obras ya citadas. Y las que atestiguan su legado en el norte de España, como el palacio episcopal de Astorga, el Capricho de Comillas o la Casa Botines en León.

Todas serán escenario de exposiciones y actividades divulgativas sobre la figura y la obra de Gaudí, del que este año conoceremos nuevos estudios historiográficos. De hecho, el objetivo del Año Gaudí, comisariado por el arquitecto y director de la Cátedra Gaudí, Galdric Santana, es profundizar en su obra. Con 10 millones de visitantes al año solo en la Sagrada Familia y el Park Güell, el objetivo ya no es dar a conocer a Gaudí ante el mundo, sino explicar qué lo llevó a ser el arquitecto genial que fue.

Será el objetivo del congreso científico internacional que cobijará la Pedrera —del 28 de junio al 2 de julio— en el que se validará la nueva investigación local e internacional sobre su obra. También el de la exposición «Gaudí, el orden invisible» —en el Museo de Historia de Cataluña durante el segundo semestre de este año-, que se centrará en «aportaciones hoy en día absolutamente inéditas», explica el comisario.

Arquitectura, naturaleza y fe Hombre de fe y gran observador de la naturaleza, Antoni Gaudí se ha convertido en una figura universal de la arquitectura moderna. Su aportación rompió con los esquemas establecidos. Con unos sistemas constructivos y estructurales inéditos —como las detalladas maquetas, construidas a la inversa con sistemas de hilos y pesos— definió una metodología propia, única y sin precedentes. El resultado se expresa en una obra igualmente singular, con un estilo cargado de simbología y un cuidado máximo por el detalle que se manifiesta en su amor por los oficios artesanos. Un preciosismo detallista con dos espejos: la naturaleza y la fe. La naturaleza como fuente de inspiración, que no de imitación, para esa construcción de nuevos modelos. La fe como objetivo último: el de llegar a Dios a través de la belleza, lo que le valió ser declarado venerable por el Papa Francisco en 2025, el paso previo a la beatificación.