Puede que no esté especialmente de moda, pero Craig Bewer opta, en su nueva película Song Sung Blue: Canción para dos, por el género musical. No a lo grande, retratando a grandes figuras de la escena, sino metiéndose entre bambalinas para hablarnos de la cara B de las actuaciones: las bandas tributo, formadas a menudo por buenos músicos que, por diversas razones, no consiguieron triunfar ni amasar grandes fortunas, a pesar de su esfuerzo, dedicación y compromiso con su profesión.
Éste es el corazón del proyecto: hablar de personas que tienen que reinventarse a pesar de las dificultades de la vida (adicciones, problemas económicos, accidentes, condiciones de salud, etc.) y que lo hacen a través de su amor incondicional por la música. Pero el romance es otro eje fundamental: el apoyo entre los dos integrantes del dúo es imprescindible para comprender la deriva de la historia y está íntimamente relacionado con lo anterior.
Del guión coescrito por Brewer y Greg Kohs se desprende una luz especial porque la historia nunca deriva en lugares comunes: guerras de egos, infidelidades, recaídas y grandes redenciones, sino que trata más bien de mantenerse en una posición más luminosa con un mensaje esperanzador. No se pueden evitar las desgracias, los reveses y los infortunios, que forman parte del devenir de la vida, pero sí afrontarlos para salir adelante. Con magulladuras, pero también con mayor madurez.
Una afinada sintonía audiovisual
Song Sung Blue: Canción para dos cuenta una historia real, la de Mike y Claire Sardina, una pareja que interpretó versiones de clásicos de Neil Diamond en Wisconsin bajo el nombre de «Lightning and Thunder». Cuando se conocen ambos se dedican por separado a actuar en bolos muy modestos pero juntos consiguen hacer realidad su sueño de crear una banda que consigue cierto éxito.
Su camino no está exento de problemas: él acude puntualmente a sus sesiones de Alcohólicos Anónimos, muy consciente de que la bebida será siempre una fuente de conflicto en su vida y ella tiene un accidente que cambia por completo sus perspectivas de futuro. Sin embargo, a fuerza de paciencia y cariño, ambos consiguen reflotar su proyecto demostrando que nunca es tarde para encontrar el amor y mucho menos para alcanzar las metas si se trabaja con tesón y esperanza.
Las fortalezas de Song Sung Blue: Canción para dos son muchas, de índole argumental, narrativo e interpretativo. Empezando por este último punto, hay que decir que la pareja compuesta por Hugh Jackman y Kate Hudson es insuperable. Ambos vibran en la misma sintonía a nivel musical pero también como actores componiendo una pareja con un carisma muy especial. La película habla de cómo se complementan y se crecen el uno junto al otro y eso es justo lo mismo que les pasa cada vez que comparten plano. Fluye la química.
La apuesta musical es también todo un acierto: da igual el grado de conocimiento que tenga la audiencia de la obra de Neil Diamond. Sus canciones están insertadas en el momento preciso y en la forma adecuada para que resuenen dándole mayor empaque al argumento y subrayando los momentos álgidos de la narración.
Es de ley también señalar la manera en la que la película logra involucrar al espectador en las vidas de dos personas que le son ajenas en principio. Su historia de resiliencia, de amor y de esfuerzo constante se apoya en una serie de giros argumentales que hacen que sea imposible apartar la mirada de la pantalla, con momentos de gran impacto emocional.
No se detienen ahí las virtudes de una cinta que huye de los estereotipos y habla de personas normales, enfrentadas a situaciones excepcionales con las que es tremendamente fácil empatizar y sentirse identificado. La película rezuma humanidad y no se anda con contemplaciones cuando tiene que retratar las debilidades de los personajes, lo que hace que los aprecies más aún.
En su brutal honestidad, Brewer no juzga sus decisiones, los representa de una manera poliédrica y comprensiva y canaliza un buen puñado de mensajes preciosos de los que perduran en la memoria.
Song Sung Blue supone una grata sorpresa. Es una de esas películas que te dan mucho más de lo que puedes llegar a esperar y en las que merece la pena invertir el tiempo. Son 131 minutos que fluyen gracias a la riqueza de un libreto repleto de ideas bien ejecutado.
Valoración
Nota 78
Los protagonistas están soberbios, el guión te mantiene con el alma en vilo y los valores por los que apuesta la película son muy positivos: resiliencia, aceptación, trabajo constante, lealtad…
Lo mejor
Jackman y Hudson en perfecta comunión. La ternura (que no sensiblería) de la propuesta y que deje tan buenas enseñanzas.
Lo peor
Te tiene con el corazón en un puño durante el tercio final de la película: mantiene muy bien la tensión, pero te deja extenuado. Preparad los clínex.