En muchas ocasiones elegimos objetos para decorar nuestra casa por necesidad emocional, aunque no lo sepamos. Una manta en el sofá, una lámpara de luz suave, una madera cálida bajo la mano: pequeñas decisiones que, sumadas, construyen cómo vivimos (y cómo nos tratamos) cada día.
Decorar no es solo “poner bonito”: es crear un ambiente que te sostenga. El interiorismo emocional se basa en el equilibrio y en el uso de materiales naturales y texturas que construyen calma y sofisticación.
De eso va la decoración emocional o el diseño de interiores emocional: de entender la casa como un reflejo íntimo, un escenario que puede activar calma, conexión y bienestar. Para María Anabitarte, diseñadora de interiores y fundadora de Peggy Estudio, el diseño es una herramienta de transformación que busca un equilibrio sofisticado pero acogedor. El enfoque de esta interiorista especializada en decoración emocional se basa en que, más que imponer un estilo, hay que realizar un proceso orgánico e integrador en casa: alinear persona, espacio y diseño para que lo que te rodea hable de ti y de cómo te quieres.