La residente más famosa de Saint-Tropez ya no está entre nosotros. Brigitte Bardot falleció a los 91 años, como anunció el domingo 28 de diciembre de 2025 la fundación que lleva su nombre. La actriz reconvertida en activista pasó buena parte de su vida, desde 1958, en La Madrague, una encantadora casa a pie de playa. El nacimiento de su hijo, el abandono de su carrera cinematográfica, su transformación en defensora de los derechos de los animales… La Madrague fue, en definitiva, el escenario de los momentos más importantes de la vida de Brigitte Bardot.
De hecho, llegó a transformar su alegría de vivir en canción, un auténtico clásico, precisamente en esta casa. Así comienza, con estos versos atemporales: “Sur la plage abandonnée/ Coquillages et crustacés/ Qui l’eût cru! Déplorent la perte de l’été/ Qui depuis s’en est allé” («En la playa abandonada/ Conchas y crustáceos/ ¡Quién lo hubiera imaginado! Lamentan la pérdida del verano/ Que ya se ha ido»). La suave melodía de Gérard Bourgeois, la letra festiva (obra de Jean-Max Rivière) y la voz de Bardot la convirtieron en un éxito incontestable desde su lanzamiento, allá por 1963.
Después de rodar Los joyeros del claro de luna (1958), ambientada en la España rural, Bardot decidió comprar esta casa en la ciudad donde dos años antes había rodado Y Dios creó a la mujer, dirigida por Roger Vadim, para escapar de la presión de los medios de comunicación. Era también el lugar donde pasaba los veranos en La Saravia, la residencia de vacaciones de sus padres. Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Jean-Louis Trintignant, Sacha Distel… todos ellos se han alojado en esta casa de pescadores sobre la que el fotógrafo Gunter Sachs dejó caer cientos de rosas desde un helicóptero con la idea de conquistarla.
«Me encantan las casas rústicas, me encantan las casas que son cómodas, pero no lujosas. No me gusta el lujo, el derroche de lujo», explicó en 1980 a Allain Bougrain-Dubourg cuando la entrevistó en su programa Mi fugue mi raison, citado en los archivos del INA. «Mi gran alegría es que no haya nadie en Saint-Tropez», proseguía, lamentando que La Madrague se haya convertido en «el Arco del Triunfo de Saint-Tropez», atrayendo a curiosos de todo el mundo. «No es una cuestión de dinero o de medios, es una cuestión de humanidad y de respeto a la vida humana y a la vida de cada individuo… La humanidad se comporta muy mal y tiene muy malos modales…», afirmó. En cuanto a los que se atrevían a llamar a la puerta con la esperanza de descubrir el interior de tan mítico hogar, les advirtió: «Prefiero decirles que no soy nada simpática. Soy muy, pero que muy desagradable«.