Aunque se trata todavía de una declaración de intenciones y depende de que Vladímir Putin acepte un alto el fuego que ponga fin a la … guerra, la propuesta de Pedro Sánchez de que fuerzas armadas españolas se desplieguen sobre el terreno en Ucrania se ha topado ya con el recelo de los socios de investidura, cuando no con su abierto rechazo.

El anuncio que el presidente del Gobierno hizo el día de Reyes tras tomar parte en la reunión de la llamada Coalición de Voluntarios en París –el de sondear a partir de la próxima semana a la «mayoría» de los grupos parlamentarios para recabar la imprescindible autorización del Congreso al envío de soldados españoles– ha provocado manifiesta incomodidad en las fuerzas más a la izquierda del arco político. Otras, como el PP y el PNV, prefieren oficialmente esgrimir cautela a la espera de que el presidente les informe de los «detalles» de la misión, aunque, puertas adentro, barrunten que el plan avanzado por el jefe del Ejecutivo es una «jugada tramposa» que buscaría sobre todo la supervivencia política del Gobierno, más allá de abrir camino a una operación militar que hasta hace escasas fechas ni se contemplaba y que requeriría, en todo caso, el aval de una mayoría absoluta de la Cámara baja. Un requisito dictado por la LeyOrgánica de Defensa Nacional, al tratarse de un despliegue fuera del territorio español, que se antoja complicado.

De momento, lo que queda claro es que los socios del llamado bloque de investidura, hace tiempo agrietado y diluido por los desencuentros, los compromisos incumplidos y los intereses divergentes de los partidos que lo integran, no serán suficientes para dar el espaldarazo definitivo a la misión. Podemos ya despachó ayer con un sonoro portazo el asunto, incluso antes de escuchar las explicaciones del Gobierno, e IU, integrado en Sumar, también mostró dudas pese a que Yolanda Díaz sí aconsejó escuchar a Sánchez en una cuestión «tan importante».

Por lo tanto, el despliegue efectivo de los soldados españoles para ayudar a asentar la paz definitiva en Ucrania dependería en última instancia del PP, al que Moncloa pretende no dejar más opción que sumarse a sus planteamientos ante la «gravedad» del contexto internacional. «La paz de Ucrania va a marcar el futuro esquema de seguridad de los europeos y de la Unión Europea», argumentó ayer el ministro de Exteriores, José Manuel Albares. En Moncloa cunde la esperanza de que esta negociación no sea tan complicada de abordar como otras anteriores, precisamente por la carga de profundidad ideológica que supone colaborar en la reconstrucción del país presidido por Volodímir Zelenski y asediado por Putin.

«De la mano» de la UE

En todo caso, el PP esperará a conocer las «condiciones» de la misión para fijar posición y pretende «ir de la mano» de lo que decida la UE si se logra poner fin al conflicto. «Nosotros siempre hemos estado a favor de Ucrania. Que nos digan cuáles son los acuerdos de paz y las condiciones de la misión y entonces nos podremos pronunciar», avanzó el dirigente popular Juan Bravo. Sin embargo, otras voces dentro del partido dejaron entrever que no se fían de Sánchez ni de sus intenciones. El más claro fue el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que opinó que Sánchez no busca ayudar a Ucrania, sino a sí mismo, y «ver cómo puede, una semana más, seguir salvando a un Gobierno que ya no puede seguir salvándose de ninguna manera».

En el PNV también cunde la sospecha de que el anuncio de París es el enésimo conejo en la chistera de Sánchez para apuntalarse, en este caso con su liderazgo en política exterior como bandera, frente a los numerosos frentes judiciales e internos que le asedian. Sobre todo, apuntan, porque si finalmente hay un acuerdo de paz en Ucrania el posible despliegue de tropas de la OTAN se incluirá en ese plan y no dependerá en última instancia de Sánchez. Oficialmente, sin embargo, fuentes del grupo jeltzale en el Congreso apuntan a que Moncloa no se ha puesto aún en contacto con ellos y que esperarán a conocer «los detalles» para pronunciarse, tanto en la ronda anunciada como en la comparecencia que Albares tiene pendiente en el Congreso.

Tampoco Bildu, reacia a operaciones militares de este tipo pero fiel aliada del Gobierno, quiso destapar sus cartas. La mesa política de la coalición soberanista tratará el próximo lunes el despliegue de tropas y el convulso «contexto internacional». «Escucharemos y después hablaremos. Lo importante es que acabe la guerra», apuntaban ayer en el grupo parlamentario. La prudencia de Bildu contrastó con la beligerancia de la líder de Podemos, Ione Belarra, y de la eurodiputada morada Irene Montero, que aconsejaron a Sánchez llamar a la «derecha amiga de Trump» y rechazaron una misión en la que España haría de «empresa de seguridad» de EE UU para el «robo neocolonial de tierras raras» y cerraría en falso un conflicto «por dinero».