Saint-Tropez amaneció ayer bajo un frío cortante, impropio del imaginario soleado que Brigitte Bardot, fallecida el pasado 28 de diciembre a los 91 años, … ayudó a construir. En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el féretro de mimbre de la intérprete marcó el tono de unas exequias deliberadamente sencillas, tal y como quiso. Así comenzó la despedida del mito del cine francés, tan deslumbrante como incómoda para su tiempo.

En el interior del templo se reunieron, entre familiares, amigos y rostros conocidos, unas 400 personas. Estaba su hijo, Nicolas-Jacques Charrier, llegado desde Oslo tras años de relación distante con su madre, y también figuras del cine y de la vida pública francesa. Una ceremonia desnuda de artificio, emotiva sin grandilocuencia, nada protocolaria, fiel a su persona.

A las puertas de la iglesia y en el puerto, un millar de personas siguió la misa a través de una pantalla gigante. Entre ellas, alguien portó una pancarta que daba las gracias a Brigitte Bardot en nombre de los animales. Y es que desde que abandonó el cine en 1973, la actriz volcó su energía –y también su fama– en la defensa de la causa animal, convirtiéndose en una de las voces más influyentes del activismo internacional en ese ámbito.

Afectos y tensiones

Tras la ceremonia religiosa, el coche fúnebre recorrió las calles de la localidad hasta el cementerio. Allí, en un acto estrictamente privado, Bardot fue inhumada frente al Mediterráneo que tantas veces la vio pasear, filmar y refugiarse. Saint-Tropez no fue solo un decorado de su leyenda. También el lugar en el que decidió retirarse y, finalmente, despedirse del mundo.

El funeral también reflejó las tensiones y contradicciones que la acompañaron en sus últimas décadas. Entre los asistentes se encontraba Marine Le Pen, líder de la extrema derecha francesa, a quien la actriz apoyó públicamente y a la que llegó a comparar con una «Juana de Arco moderna». Emmanuel Macron, presidente de la República y blanco habitual de sus críticas, optó por un gesto institucional enviando una gran corona de flores.

Brigitte Bardot murió acompañada por su cuarto marido, Bernard d’Ormale que, en una entrevista reciente, ha revelado que la actriz falleció a causa de un cáncer, tras resistir dos operaciones. Se fue rodeada de los animales que amaba y en sus últimos instantes «extremadamente bella, como en su juventud».