
Del Guggenheim de Bilbao a las Setas de Sevilla. Europa se llenó hace 25 años de geometrías informales y formas imposibles. Hoy son adoradas por el público pero inconcebibles para una arquitectura que persigue la máxima rigidez.
¿Qué fue de los bultos? ¿De las fachadas imposibles de describir, de los edificios con forma de patata, de oruga, de nube, de ballena, de rizoma…? ¿De las geometrías informales, de los pliegues infinitos y de la blolitechture, o sea, la arquitectura moho? Hace 25 años, las ciudades de Europa se llenaron de objetos así: el Kunsthaus de Graz; el estadio del Bayern de Múnich, el Selfridges de Birmingham, las Setas de Sevilla y, por supuesto, el Guggenheim de Bilbao […].
Hubo un libro que se convirtió en el sustento intelectual y en el gran banco de imágenes de esa época: Informal, de Cecil Balmond (2003). La crítica de la revista Arquitectura Viva de aquel libro lo explicaba así: «Balmond tiene unas ideas muy personales sobre el papel de la ingeniería en este nuevo siglo. Frente al tradicional reparto de funciones (arquitecto idealista e ingeniero realista), Balmond propone dejar a un lado la mentalidad racional y lineal de sus colegas, y aplicar a los proyectos un nuevo paradigma que ha bautizado como informal. Este paradigma tiene tres características principales: lo local, lo híbrido y la yuxtaposición. Además, incluye tanto la geometría euclidiana como la post-einsteiniana, y provoca la ambigüedad. Para Balmond, ‘esto significa interpretación y experimento como circunstancias naturales’» […].
La Fundación March tiene publicado un vídeo muy interesante que recoge una conferencia de Luis Fernández-Galiano sobre Frank Gehry en el que se explica que ese lenguaje de la irregularidad nació como una forma de expresionismo. Que Gehry, entre otros, venía del arte de la segunda mitad del siglo XX, de Matta-Clark y del Pop Art más oscuro, y de los libros del filósofo Paul Virilio, y que, como ellos, reflejaba el dolor del mundo a través de formas rotas. En la conferencia de la Fundación March, Fernández-Galiano recordaba el caso de la sede de Vital Kutxa en Vitoria. Un día hubo un atentado de ETA ante su fachada y cuando las fotografías del bombazo empezaron a circular, todos los periódicos interpretaron que ETA había destrozado la fachada. Fue una confusión. El atentado no había tenido éxito y la fachada estaba intacta. Parecía bombardeada porque así fue proyectada y construida…
El Mundo: Qué fue de la arquitectura de bultos: un éxito, muchos fracasos y un legado obsoleto

Foto: Jaime Sánchez Flores