* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

Comencé a participar en Las Fotos de los Lectores de La Vanguardia compartiendo una fotografía que hice el día de Navidad del año 2019. No sabía entonces que no había límite en la cantidad de fotografías que se comparten, por lo que solamente fue una instantánea con la que decidí entrar en la sección. Tampoco sabía que mencionada fotografía sería publicada y pensé que sería descartada.

Sin embargo, el 15 de enero del año 2020 fue publicada en la edición digital del periódico, y yo, como primerizo o principiante de la sección me llevé una gran sorpresa y enorme ilusión al ver que una fotografía mía aparecía en esta sección de fotos de los lectores.

Han transcurrido 6 años desde entonces, seis años que llevo participando, no tan intensamente como veo que hacen otros lectores, ya que el tiempo del que dispongo no me lo permite, pero lo sigo haciendo de buen gusto.

Desde entonces hasta ahora yo he evolucionado, e imagino que todos los demás participantes también. He ido adquiriendo más experiencia y soltura en el manejo de la cámara, siempre de forma autodidacta pues nunca nadie me ha enseñado nada, hasta el punto en el que el pasado mes de febrero (2025) una de mis fotografías fue elegida como una de las tres mejores del mes. La Vanguardia me ha publicado fotografías en 65 ocasiones, y si lo vuelve a hacer ahora será la número 66.

Quisiera celebrar mi sexto aniversario como partícipe compartiendo esta otra serie de instantáneas. Como antes he mencionado, a duras penas dispongo de tiempo para participar, y la falta de tiempo va siempre asociada a la falta de movilidad. En consecuencia y dado que las fotografías no vienen a uno sino que es uno el que ha de ir a buscarlas, he de adaptarme al entorno próximo que me rodea.

Y cómo no, el lugar más próximo a mi domicilio, con diversidad de fauna, de muy fácil acceso, es el ya conocido pantano de Vallvidrera y de allí son una vez más las fotografías que hoy comparto.

He penetrado en el entorno del pantano. Esperaba ver algún control policial y/o barrera física que impidiera el acceso (salvo a residentes) como consecuencia del brote de peste porcina africana, y no, nada de nada. Solamente estaban las cintas policiales de “prohibido pasar” cortadas y dos carteles advirtiendo uno de zona infectada por peste porcina y el otro de dar aviso a las autoridades si se localiza algún jabalí muerto y no tocarlo. Mucho frío, lluvia a ratos, y dado que es el día de Navidad el lugar estaba prácticamente desierto. He permanecido allí tres horas y en ese tiempo, además de la fauna, solamente he visto pasar dos ciclistas, dos personas paseando perros y una pareja de niños solos jugando (imagino residentes del lugar).

Y la fauna que he retratado es nuevamente el martín pescador común (Alcedo atthis). Es la cuarta vez que lo diviso en el pantano alimentándose obviamente del pez invasor Paramisgurnus dabryanus. Parece ser que mientras disponga de alimento no se irá.

El martín pescador común (Alcedo atthis) es parcialmente migratorio y esto significa que no todos los individuos migran:

  • Poblaciones del sur y oeste de Europa (como España) suelen ser sedentarias o solo hacen movimientos locales.
  • Poblaciones del norte y este de Europa y Asia sí migran, sobre todo en otoño, hacia zonas más templadas.

¿Por qué migra? Principalmente por:

  • Congelación de ríos y lagos en invierno (no puede pescar).
  • Condiciones climáticas extremas.

En inviernos muy duros, incluso los individuos normalmente sedentarios pueden:

  • Bajar a ríos más grandes

En la península ibérica:

  • Es residente todo el año en la mayoría de ríos y humedales.
  • Aumenta su número en invierno por la llegada de individuos del norte.

Resumen rápido:

  • Sí migra, pero solo parte de la población.
  • En España: mayoritariamente sedentario.
  • Migra sobre todo por frío y falta de agua libre.

Un hábito migratorio similar tienen los ánades reales, sin embargo estos se marcharon en lugar de quedarse como en un principio yo pensaba. En 6 años de participación solamente los he visto en el pantano en el pasado mes de febrero y no más. Varias pudieron ser las razones por las que los patos se fueron:

1. Búsqueda de alimento

  •  Los patos se desplazan a zonas donde haya más peces, plantas acuáticas o invertebrados.
  • En invierno, algunos humedales reducen su disponibilidad de alimento, así que se mueven a otros embalses o ríos cercanos.

2. Condiciones del agua

  • Cambios en nivel, temperatura o turbidez del agua pueden hacer que el pantano sea temporalmente menos atractivo.

3. Molestias humanas

  • Paseantes, perros, o trabajos en el entorno pueden provocar que se retiren temporalmente.

4. Movimientos estacionales locales

  • Aunque son residentes, los ánades reales realizan movimientos cortos de dispersión en invierno para optimizar recursos. No es migración larga, pero sí desplazamientos dentro de la región.

5. Presión de depredadores

  • Zorros, aves rapaces u otras amenazas pueden hacer que se concentren en zonas más seguras.

La primera fotografía está realizada desde el muro y muestra el nivel (25-12-2025) de la lámina de agua del pantano de Vallvidrera.

Fotografía realizada desde el muro y muestra el nivel (25-12-2025) de la lámina de agua del pantano de Vallvidrera.

Fotografía realizada desde el muro y muestra el nivel (25-12-2025) de la lámina de agua del pantano de Vallvidrera.

Daniel García

A la izquierda de la fotografía podemos ver la pasarela que hace la función de mirador. Si prolongamos virtualmente esta pasarela (en línea recta, sin curvas) hasta la otra orilla acabaremos situándonos encima de los restos de un árbol muerto en cuyas ramas está el martín pescador.

Con un poco de zoom se divisa claramente este árbol (foto B) y con más zoom (foto C) vemos ya al martín en el extremo de una rama justo por encima de unas platas que emergen del agua.

Imagen del árbol (B).

Imagen del árbol (B).

Daniel García

Avistamiento del martín pescador (C).

Avistamiento del martín pescador (C).

Daniel García

Y con otra perspectiva obtenida desde el camino que bordea el pantano vemos al martín con más detalle (foto D) posado en su atalaya de observación de presas.

Martín con más detalle (foto D).

Martín con más detalle (foto D).

Daniel García

Sin embargo, esta vez no está solo sino acompañado de un organismo que hasta ahora nunca había divisado en el pantano de Vallvidrera (foto E, tercio inferior derecho), pero sí en los humedales de la desembocadura del Llobregat y en algunos ríos de Galicia que he ido a visitar.

Martín pescador y gallineta común (E).

Martín pescador y gallineta común (E).

Daniel García

Se trata de la especie Gallinula chloropus, gallineta común, coloquialmente conocida como polla de agua. La coloración general de su plumaje es gris negruzca, con la cabeza y el cuello más oscuros, salvo la zona bajo la cola que es blanca, y sendas franjas también blancas que atraviesan transversalmente sus flancos. Su pico es rojo, excepto en la punta que es amarillo (foto E). En la fotografía no se aprecia porque esta ave no está fuera del agua, pero sus patas son de color amarillo verdoso, con una mancha roja en las rodillas. Tienen unos dedos muy largos que carecen de membrana interdigital, adaptados para andar sobre la vegetación acuática.

Gallineta común.

Gallineta común.

Daniel García

Es un ave de tamaño medio, como las gallinas, y si a esto añadimos su descripción comprenderemos el porqué del nombre científico: Gallinula en latín es el diminutivo de «gallina», mientras que chloropus procede de la combinación de las palabras griegas: χλωρός (khlōros) «amarillo verdoso» y πούς (pous) «pie».

La gallineta común tiene un modo de andar característico que la hace bastante reconocible:

1. Paso rápido y saltón

  • Camina dando pasos cortos y algo irregulares, casi como saltitos sobre el suelo o vegetación.

2. Movimientos ágiles de cuerpo y cabeza

  • La cabeza se mueve hacia adelante y atrás con cada paso.

3. Uso de dedos largos

  • Sus dedos largos y aplanados le permiten apoyarse sobre vegetación flotante o barro sin hundirse demasiado.

4. No corre como un ave terrestre típica

  • Prefiere avanzar con saltitos o desplazarse sobre el agua entre la vegetación si es posible.

La cola de la gallineta común también tiene un movimiento característico mientras camina.

  • Se levanta y baja ligeramente con cada paso, acompañando los saltitos cortos.
  • Cuando camina rápidamente, la cola puede oscilar o inclinarse hacia un lado u otro, dando la sensación de “balanceo”.

Respecto al martín pescador mencionaré que primeramente lo he fotografiado cuando pesca. La fotografía G nos enseña el vuelo a medio camino en trayecto de regreso a la rama tras haber realizado una captura acaecida en la zona visible de ondulaciones del agua (tercio inferior derecho).

Martín pescador en vuelo (foto G).

Martín pescador en vuelo (foto G).

Daniel García

Ya posado en la rama podemos ver su captura (fotos H, I) consistente en un Paramisgurnus dabryanus de dimensiones considerables, algo más de la mitad de la envergadura del ave. Puedo afirmar que le costó bastante engullirlo y estuvo un rato golpeándolo contra la rama para aturdirlo o matarlo primero.

Martín pescador con su captura.

Martín pescador con su captura (H).

Daniel García

Martín pescador con su captura (I).

Detalle del martín pescador con su captura (I).

Daniel García

Pero lo que yo pretendía realmente retratar es el instante en el que el martín impacta contra el agua, se sumerge para dar caza a su presa y luego emerge con el botín en el pico. Así que me armé de paciencia y estuve largo, largo rato en la pasarela del pantano enfocando a esta pequeña ave postrada en su atalaya de observación mientras vigilaba la aparición de futuras presas.

Tardó media hora en lanzarse. Se me dormían los brazos, se me entumecían las manos (a 7 grados durante media hora, sin moverse y de pie, se nota), pero la espera mereció la pena. La fotografía J muestra uno de los instantes previos al hipotético impacto contra el agua para cazar a su presa.

Uno de los instantes previos al hipotético impacto contra el agua para cazar a su presa (J).

Uno de los instantes previos al hipotético impacto contra el agua para cazar a su presa (J).

Daniel García

Hipotético porque, contrariamente a lo esperado, puede verse en la fotografía K que el martín “frena en seco” abortando su ataque a la presa y se aleja (foto L y M) para realizar un nuevo intento posterior. Yo ya tenía que irme y no me pude quedar a inmortalizarlo.

El martín “frena en seco” abortando su ataque a la presa.

El martín “frena en seco” abortando su ataque a la presa (K).

Daniel García

El l martín se aleja.

El martín se aleja (L).

Daniel García

El fracaso del martín me ha llevado a pensar que no es cierto que sus intentos de captura tengan una efectividad del 100%, pues yo pensaba que así era dado que hasta hoy nunca lo había visto errar. El martín pescador común (Alcedo atthis) puede abortar un intento de caza en pleno lanzamiento y no llegar a penetrar en el agua si “detecta” que la captura va a fracasar.

¿Cómo lo hace y por qué? No es una decisión consciente, claro, sino una respuesta neuromuscular muy rápida basada en la información visual:

  • Detecta cambios bruscos del pez (giro repentino, aceleración).
  • Errores de paralaje y refracción: el pez no está exactamente donde parecía.
  • Pérdida de referencia por reflejos, oleaje o turbidez.
  • Ángulo incorrecto al iniciar el picado.

Cuando esto ocurre, el ave puede:

  • Frenar en seco justo antes de tocar el agua.
  • Abrir ligeramente las alas para recuperar el vuelo.
  • Convertir el picado en una pasada rasante.

Todo esto sucede en fracciones de segundo. ¿Por qué le compensa abortar? Entrar en el agua tiene costes:

  • Riesgo de mojar en exceso el plumaje.
  • Tiempo perdido para volver al posadero.
  • Mayor exposición a depredadores.

Así que, si el cerebro “calcula” que la probabilidad de éxito ha caído mucho, abortar es la mejor opción. Esta es una observación interesante. Este comportamiento se aprecia muy bien:

  • En secuencias fotográficas (muchos fotógrafos de naturaleza han captado el aborto de caza sin darse cuenta al principio, y esto que es lo que me ha pasado a mí, que no me he dado cuenta hasta después).
  • En vídeo a cámara lenta.
  • Cuando el martín baja en picado pero “se queda colgado” justo antes del agua.

Los martines pescadores (como el martín pescador común Alcedo atthis o el pied kingfisher) son cazadores muy eficientes, pero la “tasa de éxito” al cazar varía bastante según la especie, la técnica de pesca, la claridad del agua y el hábitat. En el caso del martín pescador común (Alcedo atthis) es así:

  • Cuando caza desde un posadero y se lanza directo al agua, algunos estudios señalan tasas de éxito relativamente altas, de alrededor de ~70 % en esas condiciones específicas.
  • En estudios de campo, tiene una tasa de captura promedio de aproximadamente 34 – 40 % de intentos exitosos durante un día típico. 
  • Esta tasa puede variar de ~9 % hasta más del 50 % según la claridad del agua y el sitio donde cace. 

Variación según la técnica:

  • Tasa de éxito desde posadero → inmersión tiende a ser mayor (hasta ~70 %). 
  • Técnicas como flotar, o inmersiones tras vuelo estacionario pueden mostrar tasas desde ~30 % hasta más, dependiendo del entorno y la especie.

El l martín se aleja.

El martín en vuelo (foto M)

Daniel García

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