El documental The Stringer deja muy poco margen a las dudas: durante medio siglo la autoría de una de las fotos más conocidas de la historia ha sido un engaño. Nick Ut no disparó la famosa foto de Kim Phuc abrasada por el napalm con el que Estados Unidos bombardeaba Vietnam.

Una foto que fue clave para cambiar la opinión de la sociedad estadounidense sobre aquella guerra pero que, al parecer, no fue hecha por quien ha pasado a la historia como su autor. Y es que cada detalle de la investigación realizada alrededor de la autoría de esa foto hace saltar por los aires la versión oficial conocida hasta ahora y deja poco margen a las dudas. 

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El análisis de las fotos y vídeos del momento realizado por forenses expertos en imagen, testimonios de quienes estaban allí o incluso el relato de quien en la agencia AP asignó la autoría a quien no era. Y, claro, otro pequeño detalle: lo que cuenta el verdadero autor de la foto al que por primera vez, medio siglo después, se le ha dado voz: Nguyễn Thành Nghệ

Solo el propio Ut y la agencia AP mantienen la versión oficial que, la verdad, cuesta mucho de sostener ante la avalancha de evidencias que apuntan en otra direccion. Tanto que, por primera vez en su historia, World Press Photo tras una investigación propia retiró la autoría de una foto elegida como la mejor del año en 1972, aunque sin mencionar a quien, según todos los indicios es el verdadero autor.

Entre las muchas pistas aportadas por el documental, hay una que nos ha llamado la atención. Nick Ut trabajaba con una Leica y siempre había dicho que disparó con una M2 y Kodak Tri-X. Pero en realidad el análisis de la foto determinaba que estaba hecha con una Pentax, la cámara que -sorpresa- usaba Nguyễn Thành Nghệ. ¿Hasta qué punto la mítica de Leica como herramienta del reportero de guerra ha servido para reforzar el mito alrededor de esta foto y su autoría? De hecho, por lo visto Ut nunca confirmó este detalle y se defiende diciendo que encima solía llevar también una Nikon y una Pentax.

Stringer_Netflix

Pero más allá de esta curiosidad marquistas, la historia va mucho más allá. Y las dudas. The Stringer no es sólo la historia de una foto, sino de un sistema de colonialismo fotográfico basado en la necesidad de los fotógrafos locales, a los que les compraban las fotos por unos pocos dólares y se daba por hecho que con ello renunciaban a la autoría. 

Era lo habitual, explican con resignación quienes vivieron aquellos tiempos. A fin de cuentas, se trataba de llegar a fin de mes. La fama, las agencias internacionales o las portadas de los periódicos eran lo de menos para los freelance. Nick Ut era parte del staff de AP, el único que estaba en aquel momento cerca -se ve que no lo suficiente- así que simplemente se hizo lo de siempre, se apunta en el documental.

Napalm_Girl

Algo que pone sobre la mesa la pregunta que toca hacerse más allá de esta foto en concreto y lo escandaloso o injusto que nos pueda parecer: ¿cuántas casos como éste habrá? ¿Cuántas fotos habrán sido firmadas por quien realmente no las hizo y robadas por la agencia o el reportero estrella de turno a algún freelance local que nunca llegó a saber lo que ocurrió con aquella instantánea por la que le pagaron unos dólares.

La instantánea mantiene su vigencia, por supuesto. También como recordatorio del valor y la importancia del documentalismo y su capacidad para, a veces, remover conciencias, marcar la agenda política y puede que hasta cierto punto, para cambiar la historia.

Pero, y ahí duele, nos obliga a asumir que algunos de los mitos fotográfico de intrépidos hombres blancos forjados el último siglo van a ir cayendo. Sin ir más lejos, algunos todavía están -o estamos, ojo- digiriendo que Robert Capa eran dos personas.

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