La entrada al Puerto de Málaga ha comenzado su transformación con las obras para la instalación de las bases que soportarán a un Neptuno y … una Venus gigantes, los nuevos embajadores del recinto portuario. Solo el dios del mar mide ocho metros de altura y pesa dos toneladas. Una intervención que no pasará inadvertida en la ciudad y que ha generado ya las primeras reacciones en contra. La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo expresa en un comunicado su contundente rechazo a las «desmesuradas» esculturas de bronce del artista Ginés Serrán que, en opinión de los académicos, alterarán la imagen de la ciudad y cuestionan con dureza su «concepto estético».

La Academia lamenta que, tras años de lucha ciudadana por eliminar la verja que cerraba la entrada al Puerto para conectarlo con la ciudad, «ahora pretenda colocarse allí una nueva barrera mucho más densa, que elimina el espacio diáfano existente». A su juicio, el conjunto escultórico -que incluye también dos leones de menor tamaño- ofrecerán «una nueva y muy discutible configuración estética para el Puerto de Málaga, que lo aproximaría más a un parque de atracciones que a un recinto de la trascendencia histórica y cultural» que tiene.

Cree la Academia que estos elementos limitarán los accesos y ocultarán lo que sí es «todo un símbolo de la ciudad y del puerto»: el relieve de San Ciriaco y Santa Paula que quedará justo detrás, una obra anónima de 1673 que señala el comienzo de las obras del Puerto en 1588 en tiempos del rey Felipe II, y su consolidación tras la visita de Felipe IV en 1622.

El artista junto a su hijo, frente a Neptuno.

El artista junto a su hijo, frente a Neptuno.

San Telmo pone el acento en el «extraño currículum» del antropólogo y artista Ginés Serrán y plantea «serias dudas» por la estética de la propuesta. Y en este punto, la Academia es rotunda: califica el proyecto de «pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente, de inequívoco enganche kitsch, más propio del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel que de una sincera recuperación del clasicismo desde la óptica contemporánea».

Los académicos exigen que, antes de una medida de este calado «que puede alterar la imagen urbana», se escuche a la sociedad y a sus instituciones especializadas. «Y no irrumpir inopinadamente en el paisaje de la ciudad, alterándolo, descomponiéndolo sin respeto alguno a su historia y a una tradición de siglos, que queda así hecha añicos por una más que dudosa modernidad», manifiesta.