“Jimena tiene un master en desengaños / Jimena es una mina antipersonal / Se acuerda de quererme cada dos años / mientras yo me las apaño / para olvidar”. Es la declaración de amor que Joaquín Sabina (76 años) le hace a su mujer, Jimena Coronado, en la canción Rosa de Lima. El cantautor decidió plasmar en una de sus obras el gran amor que le profesa a su pareja, quien no le ha soltado la mano en los últimos 30 años pese a sus excesos y altibajos personales.
El pasado mes de noviembre, el cantante se despidió definitivamente de los escenarios tras medio siglo de trayectoria. En este adiós, como en las últimas tres décadas de carrera, su mayor apoyo ha sido su esposa, a quien conoció en 1994 en Lima, cuando ella tenía pareja. “Le convencí de que poner cuernos no estaba tan mal”, llegó a bromear el artista.

Joaquín Sabina ha hablado en varias ocasiones de su amor por Jimena.
GTRES
Quién es Jimena Coronado
Jimena es una fotógrafa peruana 20 años menor que Sabina. Es hija del abogado Pedro Coronado Labó, exregidor de Lima y expresidente del Banco Central de Reserva de Perú, y de la artista plástica Eida Merel, que se formó en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París en 1968.
Al igual que su madre, la esposa de Joaquín Sabina recibió una educación elitista. Estudió en el Liceo franco-peruano de Lima, inició la carrera de Letras en la Pontificia Universidad Católica del Perú, pero acabó desplazándose a Nueva York para estudiar fotografía en el International Center of Photography.
Su historia de amor
Joaquín y Jimena se conocieron en la capital de Perú, donde el cantante se encontraba realizando una de las paradas de su gira por América. Ella se encargó de realizarle una sesión de fotos para el diario ‘El Comercio’ y surgió la chispa, aunque la relación no se afianzó hasta un lustro después.

Joaquín Sabina y Jimena Coronado se conocieron en 1994 en Lima, Perú.
GTRES
El acontecimiento que marcó el inicio oficial de su romance fue una carta de Jimena en la que le confesaba su ruptura: “Ya no tengo novio”, le escribió. El cantante no dudó en llamarla al instante para organizar un reencuentro tras el que no volverían a separarse: “Rubia, nos vamos a Venecia”, le dijo al otro lado del teléfono.


Llegaba así a la vida de Joaquín Sabina un amor que, contra todo pronóstico, ha sobrevivido a los envites de la vida y al caos interior del artista. «He encontrado otra felicidad que no había conocido ni disfrutado, que es la del amor verdadero. Nunca imaginé que iba a poder vivir con alguien 30 años y al hablar de ella no ponerle ni el más mínimo pero», confesó el ‘flaco de Úbeda’ en la revista ‘Esquire’.
La boda, broche de oro
Según ha reconocido el propio Sabina en varias ocasiones, su esposa trajo a su vida una calma que nunca creyó que iba a encontrar. “Creo que me salvó la vida, en serio”, aseveró en ‘El Hormiguero’. Pero no solo le alejó de los desfases, sino que también le tendió su mano en cada caída, literal o figurada. Ha estado a su lado en cada uno de sus baches de salud, como el ictus que sufrió en 2001, la depresión posterior o la trombosis en su pierna izquierda en abril de 2018. Tampoco se separó de él tras su aparatosa caída en el WiZink Center a principios de 2020.

Joaquín Sabina y Jimena Coronado se casaron en secreto en 2020.
GTRES
Poco después de aquel impactante incidente en pleno concierto, se enfrentarían juntos a otro importante desafío: la pandemia de coronavirus. Fue precisamente tras el confinamiento cuando la pareja tomó la decisión de casarse en secreto. Era así como el irreverente Sabina, el profeta del vicio, consumaba su mayor acto de amor y agradecimiento. “En todas mis idas y venidas a los hospitales, incluida la última, siempre he pensado que si me pasa algo, quiero que tenga papeles que le den todo tipo de derechos”, dijo en TVE tras la ceremonia civil que puso el broche de oro a una relación de 30 años.