Para el autor de esta columna escrita para CIPER analiza el impacto global de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, pero cree que sus ojos están puestos en otro objetivo: Irán. Sostiene que “para los EE.UU. de Trump es importante que el mundo se alinee con sus intereses. En el caso de Medio Oriente, esto es que las cadenas de suministros se mantengan y las relaciones con Israel se normalicen. Irán es una piedra en el zapato. Netanyahu lo ha dicho en innumerables ocasiones, su objetivo es la caída del régimen iraní.”

En la madrugada del sábado, Nicolás Maduro fue capturado por cargos de narcotráfico. Para los Estados Unidos, este no fue un acto de guerra, sino la ejecución de una orden de arresto contra un supuesto criminal para llevarlo ante la justicia. Ciertamente es un eufemismo. EE. UU. no hace lo mismo con todos los supuestos criminales: de hecho, en el 2025 el mismo Trump le otorgó un indulto presidencial al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que cumplía 45 años en una cárcel estadounidense por delitos de narcotráfico.

Ciertamente, quedan muchas preguntas dando vueltas, y algunas de ellas no podrán ser respondidas por lo pronto. Pero hay algunas que son importantes de reflexionar desde ya: por ejemplo, ¿qué viene para el mundo ahora? Cuando una gran potencia actúa de forma tan unilateral, resulta evidente que surge la pregunta sobre el futuro de este tipo de acciones.

Puede ser Groenlandia. El presidente Trump ha hecho numerosas declaraciones en las que se ha mostrado dispuesto a considerar la posibilidad de anexionar ese territorio danés. Trump, a su vez, amenazó al presidente colombiano Gustavo Petro por los mismos supuestos vínculos con el narcotráfico de Maduro. También puede ser Cuba, que es claramente el objetivo de Marco Rubio, el secretario de Estado de EE. UU. y descendiente de exiliados cubanos. Todo puede ser.

Pero me parece que la próxima guerra es, en realidad, una que quedó en pausa desde julio pasado y se dará en Irán.

Irán está muy debilitado, con serios problemas económicos y una sequía generalizada que pone al gobierno en alerta. Las protestas de estos últimos días son una clara manifestación de la debilidad del régimen. Ahora bien, cabe señalar que estas protestas se han suscitado por el alto costo de la vida y la mala situación económica del país; no hay que aventurarse a pensar que el pueblo iraní quiere un cambio de régimen. Si fuera así, este habría caído hace rato, porque los efectos de las sanciones no son actuales, se vienen arrastrando desde hace años.

Debemos tener en cuenta que, en Irán, desde la revolución de 1979 —en realidad, desde 1978, cuando comenzaron a estallar las protestas contra el Sha—, los ciclos de protestas son habituales. El último ciclo se dio en 2022, tras la muerte de la joven kurda Mahsa Amini. La clase clerical que gobierna Irán no es ingenua, como lo piensan habitualmente los medios occidentales, y entiende desde hace rato que es importante aliviar parte de la presión interna. Eso explica por qué los derechos y las libertades se han ido ampliando lentamente en un régimen autocrático. Como no pudieron hacer colapsar al régimen, deberán hacerle la guerra.

En junio, cuando se produjo la llamada guerra de los 12 días, en la que Israel y EE.UU. bombardearon ciudades, instalaciones militares y nucleares iraníes, y se sumó el debilitamiento de Hezbolá en el Líbano y de Hamás en Gaza, el régimen iraní quedó en una posición muy precaria. El eje de la resistencia casi desapareció y su colchón defensivo se debilitó. El sabotaje interno quedó en evidencia en los diversos ataques perpetrados por Israel en Irán, por ejemplo, cuando asesinó a Ismail Haniya, alto negociador de Hamás, que estaba en Teherán en julio de 2024, o en los ataques de 2025, en los que las defensas aéreas estaban inoperativas.

En las manifestaciones de estos días, algunos comentaristas internacionales han hecho ver que se escuchó la consigna “Que vuelva el sha”, en referencia al hijo del depuesto autócrata. Es difícil dimensionar cuánta gente enarbola esa consigna, pero me temo que no es mucha. El iraní no necesariamente será un fanático admirador del régimen, pero la gente es mayoritariamente nacionalista; no querrá un cambio de régimen desde el extranjero que traiga de vuelta a una figura que no vive en Irán desde hace décadas. Me parece que, si alguien gritó esa consigna, los medios la han exagerado para hacernos creer que los iraníes piden la entrada de tropas extranjeras.

SI Israel entra en guerra abierta con Irán, será devastador para ese país y, muy probablemente, para la región, pero a río revuelto, ganancia de pescador. El pescador, en este caso, es el propio Israel, que quiere un nuevo estatus quo favorable a sus intereses. ¿Qué intereses son esos? Expandirse sin repercusiones en el Líbano, Cisjordania y Siria.

Con todo esto queda claro que el mundo se divide en esferas de influencia de las grandes potencias: China, Rusia y EE.UU. Estamos ante la vieja política de los grandes poderes; la era de la seguridad colectiva quedó atrás. Naciones Unidas y la comunidad internacional ahora son meras entelequias; el poder de los poderosos es lo relevante. En su National Security Strategy, documento publicado en noviembre pasado, la administración de Trump inscribió un corolario nuevo para la vieja Doctrina Monroe, en el que dejó claro que no acepta la injerencia de otras potencias en América Latina. En este documento se señala que para EE.UU. es fundamental la carrera por los recursos vitales para su economía. Se establece, además, que el liderazgo en el desarrollo de la inteligencia artificial es prioritario. Por otra parte, una Europa libre, segura y orgullosa de su identidad, es otro punto importante del documento.

Con todo esto queda claro que para Donald Trump el mundo es un escenario en disputa, hay áreas de influencia y América Latina es parte del área de influencia de EE.UU., quiere afuera a China. Rusia, por su parte, si eso significa que se quede con el Dombás, está dispuesta a pagar ese precio. En relación con la OTAN, el ya citado documento establece que una prioridad es repartir la carga y transferir responsabilidades; es decir, todos deben pagar más. EE.UU., señala el documento, deberá ser garante de las negociaciones entre Europa y Rusia. La mención a Rusia acá es bastante estrecha: aparece como un legitimo adversario, pero que Europa debe tratar, Estados Unidos es solo un árbitro.

Para los EE.UU. de Trump es importante que el mundo se alinee con sus intereses. En el caso de Medio Oriente, esto es que las cadenas de suministros se mantengan y las relaciones con Israel se normalicen. Irán es una piedra en el zapato. Netanyahu lo ha dicho en innumerables ocasiones, su objetivo es la caída del régimen iraní.