Las oficinas del Coliseum respiran con un optimismo moderado, ese que nace de saber que, aunque la soga sigue apretada, al menos hay margen para maniobrar. Este miércoles, la directiva del Getafe CF mantuvo una reunión de vital importancia con LaLiga para desatascar un nudo gordiano que amenazaba con dinamitar la planificación deportiva del mercado invernal. El resultado: una tregua técnica que permitirá inscripciones, pero que somete al club a una vigilancia económica sin precedentes.
El “espejismo” de los 20 millones: el origen del conflicto
Para entender por qué el Getafe ha llegado a este punto de bloqueo, hay que retroceder al mes de septiembre. En aquel momento, LaLiga permitió al club azulón inscribir a sus últimos refuerzos veraniegos apoyándose en una operación de ingeniería financiera: la salida de Chrisantus Uche. El mediocentro puso rumbo al Crystal Palace en una cesión que incluía una opción de compra obligatoria (bajo ciertos objetivos) cercana a los 20 millones de euros.
Aquella cifra, que computaba como un ingreso futuro casi garantizado, otorgó al Getafe un “oxígeno” contable que le permitió cumplir con el Fair Play Financiero. Sin embargo, el escenario ha dado un vuelco de 180 grados. Las noticias que llegan desde Londres sugieren que el Palace no tiene intención de quedarse con el jugador y que las cláusulas de compra difícilmente se ejecutarán. Ante este panorama, LaLiga ha reaccionado de forma fulminante, retirando ese crédito de 20 millones del balance azulón y dejando al club en una situación de “exceso de límite”, bloqueando cualquier alta nueva.
Dani Rodríguez y el drama del Chimy Ávila
Este frenazo en seco ha dejado a dos futbolistas en una situación de vulnerabilidad absoluta. El caso más avanzado es el de Dani Rodríguez. El veterano centrocampista ha llegado a un acuerdo con el Getafe tras haber rescindido su contrato con el RCD Mallorca. Su llegada como agente libre es, sobre el papel, una operación redonda, pero la falta de espacio salarial ha impedido que su ficha sea tramitada. En la reunión de ayer, LaLiga habría acercado posturas para que el gallego sea el primero en entrar en el sistema, dada su condición de jugador libre y su salario ajustado.
Mucho más espinosa es la situación de Ezequiel ‘Chimy’ Ávila. El delantero del Betis es el deseo de José Bordalás para dotar de colmillo al ataque. Aunque el acuerdo entre clubes y jugador es una realidad, el retraso en la inscripción ha hecho mella en la paciencia del argentino. Al Chimy le ha surgido una vía de escape emocional y deportiva: Boca Juniors. El club xeneize está presionando para convencer al delantero, y si el Getafe no logra garantizar su inscripción en las próximas horas, el riesgo de que el jugador prefiera poner rumbo a La Bombonera es alto, según informan desde Argentina.
La hoja de ruta: salidas obligatorias para seguir fichando
LaLiga ha sido clara en la reunión: el Getafe podrá inscribir algún efectivo ahora bajo un control financiero estricto y tutelado, pero no podrá terminar de apuntalar el equipo si no libera masa salarial de forma real y tangible. La patronal no aceptará más “promesas de venta” y exige hechos.
En este escenario, la dirección deportiva ha puesto el cartel de “transferible” a dos nombres con fichas importantes. Juanmi; el malagueño no ha terminado de encajar en el esquema de alta intensidad de Bordalás y su salida liberaría una cantidad significativa de espacio salarial y Domingos Duarte: El central portugués cuenta con mercado tanto en España como en el extranjero. Su salida es vista como un mal menor para poder equilibrar la balanza y traer las piezas ofensivas que el equipo necesita desesperadamente para alejarse de la zona de descenso.
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La reunión del miércoles ha servido para que Ángel Torres sepa exactamente cuánto dinero debe ahorrar para que el “Chimy” y otros posibles refuerzos puedan vestir de azulón. El Getafe ha salido esperanzado porque ha evitado el bloqueo total, pero el trabajo en los despachos durante las próximas semanas será frenético. El club necesita vender para poder comprar, una máxima del fútbol moderno que en el Coliseum se ha convertido en una cuestión de supervivencia deportiva. Bordalás espera, LaLiga vigila y la afición contiene el aliento mientras se deshoja la margarita de un mercado de invierno que se ha vuelto un auténtico rompecabezas.
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