Todo parece indicar que Hugh Carthy está fuera del ciclismo
Entre los nombres que no tienen equipo a día de hoy, ya entrados en enero de 2026, nos llama la atención el Hugh Carthy.
Y es que hubo un tiempo en que el ciclismo se medía por la solidez de los proyectos a largo plazo y la jerarquía de los nombres que habitaban las plazas de honor.
Sin embargo, la lectura del presente nos deja un regusto amargo: la pasmosa facilidad con la que un integrante del podio de una gran vuelta puede pasar al anonimato deportivo en cuestión de meses.
No hablamos de retiradas programadas ni de declives naturales por edad, sino de desapariciones en vida competitiva que cuestionan la consistencia del ciclismo moderno.
El caso de corredores que besaron el cajón en París, Madrid o Milán y que hoy deambulan por el pelotón —o directamente han desaparecido del radar— no es una anomalía, es una tendencia que define nuestra época.
Leemos que el éxito en una grande exige un peaje que no todos los organismos, ni todas las cabezas, están preparados para pagar de forma recurrente.
Subir al podio es, para muchos, un techo de cristal que, una vez roto, da paso a una caída vertical.
La inconsistencia se ha convertido en la norma; ciclistas que alcanzan un estado de gracia puntual, a menudo favorecidos por contextos de carrera muy específicos o bloqueos tácticos de terceros, pero que carecen de la base estructural o la resiliencia mental para sostener esa exigencia año tras año.
En este portal siempre hemos defendido que lo difícil no es llegar, sino mantenerse.
El podio de una gran vuelta debería ser un punto de apoyo para construir una trayectoria, no un sofá donde acomodarse.
Hugh Carthy está con pie y medio fuera del ciclismo y lo está por la puerta de atrás, en un silencio sepulcral que escuece tanto como las rampas del Angliru donde una vez reinó.
Es la crónica de una llama que se extinguió demasiado pronto: del podio de la Vuelta 2020 y la solvencia en el Giro, a la irrelevancia absoluta en un EF Education-EasyPost que ha preferido dejar una ficha libre antes que contar con él.
Sin comunicados ni honores, el espigado británico desaparece del radar tras un 2025 fantasmagórico, superado por el empuje de Carapaz y Healy.
Una salida fría, impropia de un escalador de su clase, que deja más dudas que certezas sobre su adiós definitivo.
No se pone un dorsal desde la Clásica de Andorra, finales de junio.
La crítica aquí es clara y directa al sistema: el ciclismo actual devora figuras a una velocidad pasmosa.
Un mal paso y adiós.
Vemos nombres que parecen fantasmas de lo que fueron, nombres que tras alcanzar la gloria parecen haber perdido el “hambre” o que, simplemente, han sido triturados por una evolución técnica y un relevo generacional implacable que no espera a nadie.
El ciclismo no tiene memoria, y el podio de ayer es el anonimato de hoy si no hay una capacidad de sacrificio renovada.
La desaparición de estos perfiles nos obliga a preguntarnos si el nivel de autoexigencia para entrar en el cajón es tan sumamente alto que, una vez logrado, el juguete se rompe definitivamente.
Imagen: ©PHOTOGOMEZSPORT2020

