Las películas de guerra están un poco pasadas de moda, al menos si el enemigo no es un supervillano o una fuerza alienígena. Quizá Salvar al soldado Ryan (1998) puso fin por todo lo alto a este género cinematográfico, y luego sólo han venido revisiones extenuantes de los mismos tópicos y batallas. Yo al menos no salto de alegría cuando estrenan otra película sobre la Segunda Guerra Mundial. Es como una película del Oeste que cuesta más dinero.
Con todo, uno se pone El tanque (PrimeVideo) porque los alemanes también hacen cine, y sólo por ser alemanes merecen una oportunidad. La sobredosis de cine americano es difícil de amortiguar, y cualquier cinematografía europea o asiática puede darnos un ángulo nuevo no sólo sobre la realidad, sino sobre la propia producción de películas.
En las primeras escenas de El tanque, uno nota que la película es alemana porque hay claustrofobia. Esta es otra de esas tonterías que se me ocurren, pero, viendo El tanque, pensé si el cine alemán no es adicto a los lugares cerrados y a los espacios opresivos. De El tanque pasaba uno a Das Boot (1981), el submarino; y de ahí a El hundimiento (2010), con Hitler en su búnker, y de ahí a El experimento (2001), sobre la dinámica social de un grupo de personas encerradas en una prisión y obligadas a ejercer de presos o carceleros.
La película nos presenta a un grupo de soldados o tanquistas que, después de sobrevivir milagrosamente a una refriega en un puente, son enviados a buscar a un coronel en lo más recóndito del campo de batalla para traerlo de vuelta a los puestos de mando. La misión en principio nos recuerda a la de la película de Spielberg, pero luego comprendemos que el modelo es Apocalypse now (1979).
Fotograma de la película ‘El tanque’. (PrimeVideo)
Como Charlie Sheen y Laurence Fishburne en su fragata por Vietnam, los cinco protagonistas de esta cinta marchan en su tanque hacia un destino incierto, y su itinerario estará pautado por todo tipo de peligros y fantasmagorías, pues poco a poco un halo sobrenatural se posa sobre su ajetreada misión, al punto de que llegamos a pensar si no dará un giro la película y aparecerán zombies o criaturas del averno.
Este viaje hacia la locura nos da la pista definitiva sobre su cercanía con Apocalypse now. Como en la cinta de Coppola, hay encuentros violentos, pero también campamentos base donde repostar y asistir al espectáculo de la degradación humana. El tanque, siendo torpón y poco versátil, da un juego muy apreciable para las batallas, mayormente con otros tanques. Hemos visto duelos de aviones, duelos de francotiradores y hasta duelos de barcos (los galeones artillados de las viejas películas de piratas), pero no tantos duelos de tanques. Y es curioso verlos.
Gansel ha tomado una arriesgada decisión junto a su coguionista Teevan para cerrar ‘El tanque’, decisión que obviamente no debemos revelar
A pesar de la evidencia del modelo, El tanque es una película estupenda, con personalidad propia. Se ha reproducido el tanque T-55 con minuciosidad, y cada acción de los tanquistas resulta verosímil y muy sufrida. Las mirillas, los ventanucos, el volante, los procedimientos y la balística: está todo muy documentado, y es grato de observar como es grato siempre observar a alguien trabajar con las manos. En el interior del tanque tienen los soldados colgadas fotos de sus novias; y, el que no tiene novia, fotos de mujeres desnudas. Con gran acierto (aunque siendo algo visto en otras películas), el director opta por no mostrar ni una sola vez la cara de un enemigo.
Cuando va llegando el final, nos preguntamos qué puede superar a que salga en pantalla un Marlon Brando. Después de dos horas en busca de alguien, y de alguien a quien le falta una mano, según nos ha dicho, el mito es muy difícil de sostener con un actor de carne y hueso (por eso llamaron a Marlon Brando para hacer de coronel Kurtz: debía impresionar a los espectadores, poner mito sobre mito, fundir leyenda en leyenda), y la película está en peligro. Curiosamente, el final ha dividido a los críticos. A mí me parece buenísimo.
Dennis Gansel, al que conocimos por La ola (2008), y que parece estar obsesionado con el nazismo, ha tomado una arriesgada decisión junto a su coguionista Colin Teevan para cerrar El tanque, decisión que obviamente no debemos revelar ni sugerir siquiera. Hay un cuento de Ambrose Bierce en el que quizá se han inspirado, pero seguramente ustedes no lo han leído.
«El Reich tiene tantas ganas de matar que no hay balas para todos», escuchamos a mitad de largometraje.
Las películas de guerra están un poco pasadas de moda, al menos si el enemigo no es un supervillano o una fuerza alienígena. Quizá Salvar al soldado Ryan (1998) puso fin por todo lo alto a este género cinematográfico, y luego sólo han venido revisiones extenuantes de los mismos tópicos y batallas. Yo al menos no salto de alegría cuando estrenan otra película sobre la Segunda Guerra Mundial. Es como una película del Oeste que cuesta más dinero.