Será cuestión de días que comience el Open de Australia, el verdadero gran objetivo de Carlos Alcaraz en la presente temporada. Es el único grande que le falta al número uno del mundo para conseguir el Grand Slam que, en caso de lograrlo, le permitiría ser el jugador más joven de toda la historia en obtenerlo. Pero, además, sabe que es el único major que se le atraganta, por lo que sería la manera de enterrar un mal recuerdo. Eso sí, no será sencillo.

Alcaraz afronta la temporada más convulsa y compleja de su carrera profesional. Desde que diera el salto al más alto nivel, allá por 2018, el murciano siempre ha tenido clara cuál era la línea a seguir, pues a sus espaldas tenía a un entrenador, Juan Carlos Ferrero, que ya conocía la dificultad que conllevaba el reto de ser el mejor del mundo. Pero, ahora, el salto al vacío es complicado, donde ha perdido ese guía y en el que cualquier mínimo traspié puede ser achacado a la ruptura.

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El Confidencial

La gran noticia del tenis mundial en los últimos días del pasado año fue la separación de Alcaraz y Ferrero, posiblemente uno de los dúos más exitosos del deporte en los últimos años. Aquel «me hubiera gustado seguir» que el entrenador dejó en su mensaje de despedida confirmaba que no era una separación de mutuo acuerdo, sino que habían existido ciertas desavenencias que habían terminado con una relación prolífica en éxitos y que se ha roto para siempre.

Samu López ya sabe lo que es trabajar con Alcaraz y viceversa, por lo que la transición no es tan traumática ni complicada. Pero no es menos cierto que queda por ver cómo reaccionará el tenista en momentos de tensión, en esos en los que se está jugando el todo o nada. Cuando lleguen las dudas, las preocupaciones o las malas sensaciones, el murciano mirará hacia atrás… y no estará Ferrero. Ahí es donde se verá de qué pasta está hecho el número uno del mundo.

No será hasta momentos de verdadera presión donde se vea cómo asume esa gestión, pero hay voces autorizadas que consideran que Alcaraz lo va a notar, y mucho. Uno de ellos es Greg Rusedski, exnúmero uno del mundo, que cree que lo va a pasar mal: «Esta ruptura causa una turbulencia emocional. Cuando tengas una pequeña duda o no juegues bien, ¿estará esa persona fuerte en tu esquina para decir lo que se necesita? Muy pronto lo descubriremos«, afirmaba.

Alcaraz no solo luchará en Australia por tratar de conseguir el gran éxito deportivo que le falta en el circuito ATP, sino que tendrá que demostrar que la decisión que ha tomado es la correcta. Y, en el caso de que vengan mal dadas, que tiene personalidad suficiente para superarlas, seguir adelante y sobreponerse a las dudas. Pero en el momento en el que algo no fluya o no funcione, todas las miradas irán en la misma dirección. Una presión extra a la que se enfrenta el murciano.

Pero mientras llega el esperado debut en Australia, el español estrenará la temporada contra su máximo enemigo, Jannik Sinner. Será este sábado cuando, en un partido de exhibición en Corea del Sur, el español y el italiano se midan en la pista. Será su primer partido de 2026 en una situación un tanto extraña. Lo es por forzar un nuevo duelo entre las dos mejores raquetas del mundo y, sobre todo, por hacerlo antes del primer gran torneo del curso. Nadie querrá mostrar sus armas.

Será un partido similar a un juego de sombras, esas que con las manos se proyectan en una pared con la ayuda de un foco de luz. Ni Sinner ni Alcaraz darán su mejor versión o pondrán sobre la mesa aquello en lo que han estado trabajando las últimas semanas, con la intención de no desvelar ningún truco que pueda dar pistas a su rival de cara al Open de Australia. Será una pantomima disfrazada del mejor partido del momento, un duelo al sol, pero con balas de fogueo.

Será cuestión de días que comience el Open de Australia, el verdadero gran objetivo de Carlos Alcaraz en la presente temporada. Es el único grande que le falta al número uno del mundo para conseguir el Grand Slam que, en caso de lograrlo, le permitiría ser el jugador más joven de toda la historia en obtenerlo. Pero, además, sabe que es el único major que se le atraganta, por lo que sería la manera de enterrar un mal recuerdo. Eso sí, no será sencillo.