Es la del Museo de Bellas Artes una continua historia de demoras, de mil problemas con los que lidiar para ir avanzando y creciendo, … eso sí, con paso firme. No fueron fáciles los inicios de la ampliación, allá por el comienzo de siglo XX, para un museo que abrió sus puertas en 1980 y que necesitaba metros para expandirse y hacerse grande. Y un paseo por las hemerotecas conduce a saber datos tan curiosos como que en 2003 se pensaba que podría abrir sus puertas en 2007 –que fue en realidad el año en que se puso la primera piedra– y que llegada esa fecha se hablaba de 2010 y entonces, del 2011 y hasta la primavera de 2015 no fue que se inauguró la primera fase de la ampliación. Expropiaciones, permutas y mil líos jalonaron la ruta que dieciséis años antes abrió un entusiasta Vicente Álvarez Areces, candidato aún entonces a la Presidencia del Principado, cuando habló de la ‘manzana de oro cultural’ de Oviedo. Era una manzana en sentido puramente urbanístico, que tuvo algo de envenenamiento para ampliar el histórico Palacio de Velarde y unirlo con la Casa Oviedo Portal, para que hubiera paredes múltiples en las que lucir tanto arte. Y eso requirió de compras, permutas y de la expropiación del número 12 de la calle de la Rúa en el año 2006. Aquel parecía entonces el último escollo, pero la terca realidad ha puesto más obstáculos en el camino.
El proyecto del arquitecto navarrro Patxi Mangado, que abrió el museo a la plaza de la Catedral y le dio una segunda piel interna, también tuvo que pasar un informe arqueológico antes de ejecutarse y fue obligado conservar algunos de los restos hallados. Es sobre el Oviedo más fértil en historia en el que se ancla esta apuesta por el arte con mayúsculas con una colección que incluye obras de autores que van de Picasso a Dalí pasando por Miró, Goya o el Greco. Y, de nuevo, en esta última fase de la ampliación, la arqueología ha frenado el avance de las máquinas con la aparición de notables restos que conducen a conocer mejor el Oviedo medieval y moderno.
La investigación arqueológica es, a decir de la Consejería de Cultura –de la que depende el espacio por mucho que la financiación de ampliación corra con cargo a Turismo– la razón única de que la obra esté parada. Por eso este 2026 ha de ser el año definitivo, el crucial, finalizado ya ese trance. Y lo saben en los órganos de gobierno del museo y en la dirección recién estrenada por María López-Fanjul. Ella se incorporó hace algo más de un mes cargada de ideas, de ganas de multiplicar la presencia del museo por todos los ámbitos y geografías de Asturias, pero en un momento sin duda complejo y muy delicado, por cuanto los más de cinco millones de financiación que el Gobierno central aprobó para la ampliación de la pinacoteca regional provienen de los fondos Next Generation de la Unión Europea, a través del llamado Plan de Modernización y Competitividad del sector turístico, para el que se aprobó una inversión de 62 millones para toda España. En el caso de los fondos que ya recibió Asturias están vinculados al Camino de Santiago.
Esa financiación tiene fecha de caducidad. Y esa situación hace que, en los últimos meses, se hayan encendido todas las alarmas. A las denuncias del PP alertando de que ese dinero se tendrá que devolver si no se ejecutan los trabajos en tiempo y forma, se han unido las constantes preguntas en las juntas de gobierno de la institución cultural asturiana por parte de los patronos, para las que no ha habido una respuesta clara por parte del Gobierno asturiano. La última cita fue el 30 de diciembre, en un cierre de año cargadito de dudas y temores. Incluso hay pendiente una visita a esas excavaciones arqueológicas para que los patronos puedan ver los hallazgos.
«El Reglamento del MRR y las decisiones de ejecución adoptadas por el Consejo establecen que todos los hitos y objetivos para la aplicación de las reformas e inversiones deben haberse completado a más tardar el 31 de agosto de 2026. En consonancia con dichas disposiciones, las medidas adoptadas después del 31 de agosto de 2026 para cumplir los hitos y objetivos no pueden tenerse en cuenta en la evaluación de las solicitudes de pago. Esto también se aplica a las medidas adoptadas para garantizar el cumplimiento satisfactorio de los hitos y objetivos cubiertos por decisiones de suspensión adoptadas antes del 31 de agosto de 2026», reza una comunicación de la Comisión al Parlamento y el Consejo europeos para advertir a los estados miembros de que la cuenta atrás ha comenzado, que la prisa acucia.
Claro está que la obra del Bellas Artes no estará concluida en esa fecha, porque ni siquiera a día de hoy se sabe cuándo la Comisión del Patrimonio del Principado analizará el informe arqueológico que habrá de determinar qué hacer con los restos hallados. Habrá de ordenar qué conservar en el Museo Arqueológico o mostrar en el nuevo edificio de alguna manera, como sucede en el actual inmueble de la ampliación, que revela bajo cristales en su suelo algunos vestigios del Oviedo medieval.
Desde el Gobierno asturiano se insiste en todo caso en que habrá obra: «Las actuaciones se retomarán próximamente y el presupuesto tiene garantizada su ejecución», aseguran desde la Consejería de Turismo. No se aporta ninguna fecha para el arranque de los esperadísimos trabajos.
Dicho todo lo dicho, y llegados a este punto, conviene recordar que las obras debieron haber comenzado en el año 2022, pero problemas administrativos acabaron por demorar todo el proceso previo. Fue a finales de 2021 cuando se empezaron a desalojar las zonas afectadas, lo que supuso que se movieran treinta toneladas de libros y dos mil obras de arte. Luego, se trasladaron los despachos y el personal. Y el plan, ese siempre ha sido el mismo, es que el museo permanezca siempre abierto, aunque pueda tener que asumir algunos cierres parciales.
Fue en julio de 2024 cuando empezaron a verse movimientos de obra, que en octubre darían como resultado la demolición del edificio de la calle de San Ana –no sin polémica, hubo rechazo por parte de algunos historiadores a ese derribo– que permitirá levantar el nuevo inmueble de 1.838 metros cuadrados construidos, que se distribuirán entre dos sótanos, planta baja y tres alturas. El edificio es una pieza intermedia que da servicio a los otros dos inmuebles actuales, el de la Ampliación y Velarde, lo que facilitará la comunicación de ambos. El espacio se distribuirá entre dos sótanos, planta baja y tres alturas. El edificio albergará un salón de actos en la planta baja, el taller de restauración en la primera, las oficinas y dependencias administrativas en el segundo piso y en la tercera planta, con vistas hacia la Catedral, la tienda y la cafetería. También dispondrá de dos plantas a modo de sótano, -1 y -2, que permitirán conectar este nuevo edificio con el sótano -2 de la fase I y así hacer operativos los almacenes, así como unir el sótano -1 de la fase I, permitiendo acceso a la sala de exposiciones temporales. El presupuesto inicial era de 5,4 millones de euros aunque, finalmente, la obra diseñada por Mangado se adjudicó en 4,4 millones. También se redujo el tiempo de ejecución, pasando de 24 meses a 20.
En aquel ya lejano 2015 en el que se inauguró la primera fase de la ampliación y el museo comenzó a dar su gran salto, empezó a multiplicar sus visitantes. Casi 146.000 recorrieron sus salas en 2024. Y el crecimiento se augura que continuará con el proyecto concluido. Pero el temor está ahí, siempre latente, por las condiciones concretas de esos fondos europeos generados para revitalizar el continente tras la pandemia del covid. Ha habido casos ya en los que se han devuelto fondos de la convocatoria por falta de ejecución. Ha ocurrido, sin ir más lejos, con el Ayuntamiento de Pamplona, que devolvió a finales del pasado año al Gobierno central 312.152 euros de subvenciones destinadas a programas de apoyo al comercio porque algunas de las 59 actuaciones previstas no se ejecutaron o se ejecutaron fuera del plazo previsto.