Pongamos por caso que “Song Sung Blue” tuviera una versión española en un universo paralelo en el que hubieran existido, por ejemplo, unos imitadores de Raphael o de Camela o de Andy & Lucas. En “Superstar” Nacho Vigalondo nos ha enseñado, con su atrevida meditación sobre la vida de Yurena/Tamara, que la distancia irónica no siempre es la mejor manera de abordar un icono kistch, y lo mismo serviría para homenajear a todos esos artistas de covers de club de carretera o de fiestas verbeneras que han paseado sus delirios de grandeza por plazas difíciles de torear.

Es, en definitiva, lo que hace Craig Brewer (“Las vidas de Sing Sing”) cuando retrata, cómo no, el auge y la caída y la resurrección de Lightning and Thunder, los ‘copycats’ de Neil Diamond que llegaron a ser teloneros de Pearl Jam, y que, en concierto, por obra y gracia de la entrega y el entusiasmo de Hugh Jackman y Kate Hudson, casi cantan mejor que el original.

No hay ni un ápice de superioridad moral en su acercamiento a esta pareja de soñadores, típicos representantes de la ‘white trash’ más recalcitrante, aunque el arco dramático de sus vidas, que Brewer saca de un documental del 2008, parezca diseñado, con escuadra y cartabón, para manipular al gran público y democratizar sus lágrimas. En ese sentido, cuando se trata de puntualizar la carrera hacia el éxito de este par de perdedores enamorados con la irrupción de la tragedia, la película no puede ser más tópica y sensiblera.

Lo mejor:

Jackman y Hudson dándolo todo y más sobre los escenarios menos glamourosos.

Lo peor:

Su estructura dramática es previsible y melodramática, en el sentido peyorativo de la palabra.