A Uliana Semenova (Medumi, Letonia, antigua Unión Soviética, 1952), la baloncestista más laureada de todos los tiempos fallecida este jueves a los 73 años, la presentaron en un Corte Inglés cuando llegó en diciembre de 1987 a Madrid.
En la España ‘ochentera’ no se hablaba ni se escribía de otra cosa. Una mujer imponente y sonriente de 2,13 metros y cerca de 120 kilos llegaba para que el público español reparara en la existencia del baloncesto femenino. Era la primera vez que la URSS permitía que un icono de uno de sus deportes fetiche jugara en otro lugar. Y Semenova, que ya tenía 35 años y que a duras penas podía caminar por culpa de un pie destrozado ante la dificultad de mover un cuerpo torturado por el descontrol de sus hormonas de crecimiento (sufría acromegalia), vino para jugar cinco meses en el Tintoretto Getafe.

La exjugadora de baloncesto Uliana Semenova. / Archivo
«Fue en España donde realmente me sentí una estrella del baloncesto«, confesaba en un formidable documental de Informe Robinson emitido en 2019, donde le fue imposible contener las lágrimas ante lo vivido.
Y eso que Semenova lo fue todo en un baloncesto en el que apenas conoció el sentimiento de la derrota deportiva. Con la URSS, combinado con el que sólo perdió un partido en 18 años (el último, ante Estados Unidos en 1986), conquistó dos oros olímpicos (Montreal 76 y Moscú 80, que hubieran sido tres de haber participado la Unión Soviética en los JJOO de Los Angeles), tres Mundiales y diez Europeos consecutivos. Y con el club que la captó, el TTT Riga, 15 ligas y 11 Copas de Europa.
Títulos, medallas, pero también mercancía para una URSS que, ya en la recta final de su carrera y después de haber sido convenientemente exprimida, le permitió fichar por un Tintoretto Getafe que pasó de luchar por la salvación a jugar la final de la liga femenina, ya con Semenova destrozada y sin fuerzas para llevar a sus compañeras al título en el tercer y definitivo partido.

La exjugadora de baloncesto Uliana Semenova, en su etapa en Getafe. / X
Antes, Antonio Jareño, el presidente del club getafense, había tenido que negociar la contratación de la jugadora en Moscú con el Ministerio de Deportes Soviético (‘Sovintersport’, la Organización nacional de Comercio Exterior del Comité de Deportes Soviético], que sería el que acabaría dando por buena la transacción. El Tintoretto Getafe pagaría 1.100.000 de las antiguas pesetas por cada mes que Semenova permaneciera en España. La jugadora, sin embargo, sólo podía quedarse con 52.000 pesetas mensuales. Incluso llegó a acusar a las autoridades soviéticas de hacerle pasar hambre durante aquel periplo. Era el Tintoretto Getafe y sus compañeras de equipo quienes la ayudaban con las comidas.
Nacida en Medumi, a apenas cinco kilómetros de la frontera con Lituania, ‘Ula’, nacida en una familia de agricultores sin electricidad en casa, comenzó pronto a destacar entre sus cinco hermanos por su altura, condicionada por una enfermedad rara (la acromegalia, la misma que sufren otros iconos del baloncesto como el rumano Gheorghe Muresan o el ex jugador del Barça Roberto Dueñas), de la que sus padres nada sabían. Ellos, que la mandaban a buscar agua al pozo, simplemente pensaban que era una niña alta. Tanto que, a los 13 años, ya medía 1’93 metros. Las autoridades soviéticas pronto repararon en ella, sacándole de su hogar para que comenzara a ganar partidos para el Riga y la URSS (hizo su debut con el combinado nacional a los 16 años).

La exjugadora de baloncesto Uliana Semenova. / X
Lo del Tintoretto Getafe, claro, fue otra cosa. En su debut frente al Canoe, y pese a los garrotazos que le intentaba dar la estadounidense Van Goor, anotó 22 puntos y capturó 31 rebotes. Después de una carrera dedicada al trabajo y la repetición mecánica, pocos tiros libres fallaba. Ella disfrutaba como nunca, pese a que en algunos pabellones hubiera quien acudiera para burlarse de su físico. A ella poco le importaba. Tampoco su altura. Desde niña había aprendido a vivir sin complejos. Pero su físico era entonces ya tan limitado, con una talla 56 en un pie y una 54 en el otro, que jugar comenzaba a ser para ella un calvario. Aunque Semenova, con el dorsal 5 que le ofrecieron en Getafe, y siempre agradecida, humilde y cariñosa con sus compañeras, sólo viera cosas buenas a una experiencia que colmaba sus ganas de vivir en otro lugar y expandir su ansia de conocimiento.
Después de perder aquella final de la liga femenina ante el Caixa Tarragona en Tortosa, y con importantes dificultades para desplazarse por la pista, dejó Getafe. ‘Ula’ tuvo una última parada en el Valenciennes Orchies, antes de regresar a Riga y trabajar para el Comité Olímpico letón. Aunque sus últimos años de vida no fueron sencillos, con su enfermedad limitándola cada vez más, siendo incapaz de asumir los altos costes económicos que requería su condición, sufriendo la amputación de una pierna y, prácticamente, postrándola en una cama.

La exjugadora de baloncesto Uliana Semenova. / @Latvian_MFA
Aquella niña que no podía sentarse en el pupitre de la escuela y que, una vez retirada, guardaba con mimo sus medallas ante el recuerdo de una vida sin igual, ejerció un dominio total en un baloncesto femenino que ella cambió. Y dignificó.
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