La noche del miércoles al jueves ha sido una pequeña e improvisada acampada junto a los Campos de Sport. Tiendas de campaña, mantas, hamacas, sillas … de playa y hasta balón y portería de fútbol. Había que echar unos tiros para entretenerse y de paso combatir el frío. Eran los primeros impenitentes que hacían cola física (no se fiaban de la virtual) para asegurarse ser los primeros en sacar entrada. O, lo que es lo mismo, poder comprar ese billete adicional al que los abonados tienen derecho para el Racing-Barça de Copa. Su entrada está garantizada hasta que el lunes a las 14.00 horas se cierre el plazo preferente. La adicional, no. Eso sí, al menos hubo vasitos de café. Cortesía del club. Las localidades disponibles duraron hasta pasadas las 20.00 horas. A partir de ahí, ya sólo queda la opción de pescar alguna de las que liberen los abonados.
Estrictamente, los primeros llegaron el miércoles. Porque todavía no se habían cumplido las doce de la noche, aunque poco faltaba para que se apostaran junto a las taquillas de los Campos de Sport. «Nada de frío; hacía muy buena temperatura. Hemos cenado un kebab, jugado al fútbol y hablado de todo», decía uno de los forofos del primer grupo que hacía cola. Era el inicio de la locura por conseguir entradas para el Racing-Barça. Y eso que los abonados tenían la suya reservada. Pero todo el mundo quería ir. Ya según se conoció el miércoles que el Racing iba a recibir a los azulgrana comenzaron a llegar peticiones.
Los abonados se convirtieron en una pieza muy codiciada, con infinidad de familiares y conocidos pidiéndoles que sacaran la entrada adicional a la que tenía derecho. En el club, las peticiones se han desbordado. La consigna es clara: ni se regalan ni se reservan entradas. Son para los abonados, los simpatizantes (quienes hayan conseguido) y los acompañantes.
«Esto no es el Camp Nou; aquí no hay jugadores que cobran tantos millones, pero vamos a luchar. El Villarreal ya ha caído que es un equipo de Champions, así que no se confíen y vengan con cuidado», decía otro de los hicieron noche en el estadio. A las dos de la mañana ya eran unas decenas y cuando comenzó asomar el sol por El Sardinero ya era una larga cola que llegaba prácticamente a circundar el estadio hora y media antes de que a las 11.00 abrieran las taquillas. La física y la virtual, porque lo hacían simultáneamente.
Manolo Higuera sopesó incluso poner unos precios más bajos de los ya baratos entre 30 y 70 euros que cuestan los billetes (con 40% de descuento para abonados). Esos que comenzaron a volar de inmediato. En la cola virtual, abonados que se habían apostado también desde antes de las once de la mañana. Los que entraron más tarde se encontraban con el puesto 9.000, 10.000, 11.000… A poco que la mitad de socios ejercieran su derecho al billete adicional ya tenían claro que se iban a quedar sin él.
Juanjo Santamaría
Salinas VS Lamine
«Tengo ganas de ver cómo se desenvuelve Lamine frente a Salinas que es un chaval con mucho potencial». «Lamine Yamal contra Salinas no tiene nada que hacer». Dos comentarios bastante repetidos. Sin duda, este será uno de los duelos más atractivos que podrá ofrecer el cruce de octavos de final. Aunque también había quien deseaba que cambiasen al ’10’ del Barça de banda y que así «se enfrente a Mantilla y vea lo que es bueno».
El hecho de que los abonados también tuvieran que sacar entrada (aunque son los únicos que la tienen garantizada y además con un 40% de descuento) dejó cortos otros antecedentes de noches a la fresca junto a las taquillas de los Campos de Sport. «He venido a las once porque no pensaba que iba a haber tanta cola, pero me marcho, porque va a ser imposible», se resignaba un aficionado despistado.No era abonado ni simpatizante. Había quien buscaba incluso trucos. «Me hago ahora el carné racinguista y así tengo derechos entrada». No; esa estrategia no servía. El club ya lo había previsto.
«Estoy despierto desde las cuatro de la mañana, preparé el termo de café, las cartas y todo lo necesario para estar casi seis horas esperando a la apertura de las taquillas». Este llegó a las cinco. «Ojalá pasase el Racing pero será complicado y más viendo cómo llega de bien el Barça. Pero que no se confíen que también nos hemos cargado al Villarreal», vaticinaba sobre el partido.
Y todo a pesar de que esos miles de personas pertenecen a un club muy selecto: los poco más de 20.000 que tenían derecho a pasar por taquilla. Al resto, sencillamente, no se les vendía. No había disponibilidad. El Racing cuenta en estos momentos con 18.272 abonados y 2.603 simpatizantes, con lo que solo 20.875 personas podían esperar por una entrada. Esta cantidad, unida a la adicional, ya rebasa la capacidad máxima de los Campos de Sport. Otro dato para argumentar la necesaria ampliación –reforma y restauración al margen– que precisa el estadio.
Ya poco después de mediodía se barruntaba la posibilidad de que el papel adicional (los abonados tienen reserva, solo de su propio asiento, hasta el lunes) se agotara el mismo jueves. Ser socio del Racing ha sido difícil. «Podías haber comprado una entrada en verano, sacando el abono», era una de las frases más repetidas cuando las peticiones se amontonaban.
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