El mundo del baloncesto está de luto. Ha fallecido a los 73 años Uliana Semenova, la gigante letona que por su espectacular altura, con 2,13 metros, llegó a dominar el baloncesto femenino europeo, tanto con el Daugawa Riga como con la URSS, cuando los países bálticos pertenecían a la federación soviética, y marcó un antes y un después en este deporte en España. La noticia de su fallecimiento ha conmocionado a la comunidad deportiva internacional, que reconoce en ella a una de las pioneras más importantes de la historia del baloncesto.

Nacida el 9 de marzo de 1952 en Medumi, Letonia, Semenova comenzó a destacar desde muy joven por su extraordinaria estatura, fruto de una condición médica conocida como acromegalia. Esta peculiaridad física, que en muchos aspectos condicionó su vida, se convirtió paradójicamente en su mayor virtud deportiva. Su presencia en la cancha transformó literalmente el juego, obligando a entrenadores y equipos rivales a replantear sus estrategias defensivas y ofensivas ante una jugadora de dimensiones hasta entonces inéditas en el baloncesto femenino europeo.

La carrera profesional de Semenova está repleta de logros que difícilmente podrán ser igualados. Semenova ganó la Euroliga femenina en 11 ocasiones, todas con el equipo de Riga, así como una Copa Ronchetti y 15 ligas soviéticas. Estos números reflejan una dominación absoluta del baloncesto de clubes durante más de una década, estableciendo un récord que permanece imbatido en la actualidad. Su hegemonía con el Daugawa Riga se extendió desde finales de la década de 1960 hasta mediados de los años 80, periodo en el que el equipo letón se convirtió en una auténtica potencia del baloncesto continental.

Además, con la URSS conquistó dos oros olímpicos, en Montreal 1976 y en Moscú 1980, tres oros Mundiales conseguidos en los campeonatos de 1971, 1975 y 1983, y 10 oros europeos, llegando a ganar desde 1968 hasta 1985 todos los títulos continentales con la selección. Esta racha de 17 años consecutivos ganando el Eurobasket representa uno de los récords más impresionantes del deporte mundial, en cualquier disciplina y categoría. Durante ese periodo, la selección soviética femenina apenas conoció la derrota en competiciones oficiales, estableciendo una era de dominación que transformó el panorama del baloncesto europeo.

En el plano estadístico, los números de Semenova resultan apabullantes. A lo largo de su carrera internacional con la URSS, disputó más de 200 partidos oficiales, manteniendo promedios superiores a los 20 puntos y 15 rebotes por encuentro. Su efectividad en tiros de campo superaba habitualmente el 70%, cifras que hoy en día siguen siendo extraordinarias incluso en el baloncesto masculino profesional.

Su llegada a España

La letona también cambió el baloncesto femenino español de manera definitiva. En la temporada 1987-1988, a punto de retirarse y cuando ya contaba con 35 años de edad, llegó al Tintoretto Getafe por una cantidad aproximada de 1.100.000 pesetas al mes, de las cuales solo podía quedarse con 52.000 mensuales debido a las restricciones impuestas por las autoridades soviéticas de la época. Este fichaje representó un hito sin precedentes para el baloncesto femenino español, que hasta entonces no había contado con una estrella de dimensión internacional de semejante calibre.

La llegada de Semenova a Getafe supuso una auténtica revolución mediática y deportiva. Los pabellones se llenaban para verla jugar, los medios de comunicación dedicaban espacios inéditos al baloncesto femenino y el impacto económico y de visibilidad que generó su presencia elevó el perfil de toda la competición nacional. El Tintoretto Getafe, un club modesto hasta ese momento, se convirtió de la noche a la mañana en uno de los equipos más mediáticos del panorama deportivo español.

Semenova dejó una profunda huella en el baloncesto español, a pesar de que a sus 35 años no podía casi caminar por los dolores que sufría en su pie a causa de la acromegalia que padecía, un descontrol de sus hormonas de crecimiento que le había provocado su extraordinaria estatura. Las crónicas de la época relatan cómo necesitaba asistencia para desplazarse fuera de la cancha y cómo los entrenamientos debían adaptarse constantemente a sus limitaciones físicas.

Sin embargo, su amabilidad fuera de la pista, su sencillez y su profesionalidad le hicieron convertirse en todo un icono para aficionados, compañeras y rivales. Las jugadoras españolas que compartieron vestuario con ella recuerdan su generosidad a la hora de compartir conocimientos tácticos y su paciencia infinita con las jóvenes promesas del baloncesto nacional. A pesar de la barrera idiomática, Semenova conectó emocionalmente con el público español de una manera que trascendió lo meramente deportivo.