El Ayuntamiento de Madrid ha lanzado un concurso de ideas para renovar, otra vez, Plaza de Castilla. Madrid Nuevo Norte se acerca y el Consistorio tiene que hacer algo con una de las glorietas más feas de España. Pero en urbanismo, como en la vida, añadir cosas rara vez soluciona el problema si no tienes las narices de quitar lo que te sobra

Plaza de Castilla es una genealogía del error. Si uno se queda parado el tiempo suficiente cerca del depósito del Canal de Isabel II, puede sentir el peso de todas las cosas que fue y no debería haber sido: un cementerio de asfalto diseñado para los coches, que después acogió dos inmensos edificios de oficinas y un intercambiador, y finalmente una columna de oro que se suponía que debía moverse, pero que se quedó quieta. Como un recordatorio de que en esta ciudad todo se atasca.

Para resolver este despropósito urbanístico que tantos años lleva dándole dolores de cabeza, el Ayuntamiento de Madrid lanzó recientemente un concurso de ideas. Entonces aparecieron Sofía y Natalia. Dos estudiantes arquitectas que vinieron de Granada, donde la gente sabe sentarse a contemplar las cosas que merecen la pena. Propusieron que los que bajan del autobús no parezcan ratas corriendo por un túnel, sino personas caminando entre senderos ajardinados. Propusieron también que el Obelisco de Calatrava, esa cosa dorada y solitaria que los madrileños solo ven desde la distancia y que nadie puede tocar a no ser que quiera morir atropellado por un Uber, sea el centro de algo que se parezca realmente a una plaza con más acera y menos calzada. El caso es que ganaron un premio. Se llama «Sueña Madrid». Aunque por lo que les han pagado debería llamarse «Madrid te estafa».

Dos mil euros. Eso es lo que vale, según el Consistorio, la mejor idea para arreglar una de las plazas más feas de España. Lo que no consiguieron reputados arquitectos en los años 30, ni tampoco en los 80 cuando se convocó otro concurso internacional para darle sentido y ordenarla. Dos mil cochinos euros. Un contratista de obras públicas no te da ni los buenos días por esa cifra. Con ese dinero no pagas ni el alquiler de un mes de muchos de los pisos que hay en ese mismo Paseo de la Castellana.

El Ayuntamiento lo presentó como una oportunidad para el «talento joven», pero la Agrupación de Jóvenes Arquitectos ha denunciado que pedir análisis urbanos y propuestas arquitectónicas detalladas por ese dinero es «un insulto». Hablé con Sigfrido Herráez, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), que lleva cuarenta años viendo cómo el tráfico rodado se come esta dichosa rotonda. Le pregunté por el concurso y me contó que le envió una carta a Myriam Peón, directora general de la Oficina del Nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, diciéndole que pagaban poco. Y tiene razón. En total, el Ayuntamiento destinó 6.000 euros para tres premios y a cambio recibió más de 100 proyectos urbanísticos para distintos enclaves con los que no sabe qué hacer, entre los que también se encuentran Aluche, Oporto o el nudo de Canillejas. Madrid es una ciudad que sueña en grande, pero que paga en calderilla. Aunque no a todos, porque el Obelisco costó 14,5 millones de euros. Es la magia de la España más rancia: pagamos fortunas a nombres famosos por nada y tiramos monedas a los que realmente trabajan.

Madrid Nuevo Norte y la cuadratura del círculo

El concurso de “Sueña Madrid” coincide con Madrid Nuevo Norte, lo que no es una casualidad. Plaza de Castilla es el final de un trayecto, el sitio donde la ciudad se da por vencida y comienza la expansión hacia algo supuestamente reluciente y nuevo. Dicen que los políticos e ingenieros se reúnen en despachos y susurran cosas sobre las cuatro líneas de Metro, los túneles ferroviarios y los depósitos de agua que duermen bajo su asfalto. También, que mueven las manos en el aire, dibujando catástrofes de tráfico que hablan de la M-30 y la A-1 colapsadas.

Chorradas. Esos mismos túneles ferroviarios llegan hasta Atocha y cruzan toda la Castellana, y ahí tienen el monstruo logístico subterráneo del Bernabéu.

La única e incontestable verdad en todo lo que a Plaza de Castilla se refiere es que, en urbanismo, como en la vida, añadir cosas rara vez soluciona el problema si no tienes las narices de quitar lo que te sobra. Esta glorieta no fue hecha para ser amada, sino para ser atravesada, y Madrid Nuevo Norte es la última oportunidad para excavar entre los estratos de sus múltiples equivocaciones. Si el Ayuntamiento no es capaz de convertirla en algo medianamente amable ahora, no lo hará hasta dentro de otros 100 años. Y mucho me temo que ninguno de nosotros lo veremos.